El dólar abrió al alza este miércoles, incentivado por las marcadas diferencias de las tasas de interés entre Chile y Estados Unidos, la caída en el precio internacional del cobre y la debilidad de la actividad económica interna reflejada en el Imacec.
La divisa subió $ 6,8 hasta los $ 930 en las primeras transacciones de la jornada, después de haber escalado más de $ 30 en junio, un fortalecimiento que se suma a la caída del cobre y un escenario local que sigue mostrando malas señales económicas, tras la caída de 0,9% del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de mayo.
La fortaleza del dólar llega pese a que la creación de empleo privado en EE. UU. (informe ADP) deceleró en junio de 2026 al sumar solo 98.000 puestos, por debajo de las expectativas del mercado que promediaban los 110.000 a 120.000 empleos, lo que provocó caídas en Wall Street
El consenso del mercado norteamericano anticipa una desaceleración a 115.000 nuevos puestos de trabajo, las que se conocerían en el reporte oficial de nóminas no agrícolas (NFP) de junio se adelantó para este jueves 2 de julio debido al cierre de los mercados estadounidenses el viernes por el festivo del Día de la Independencia.
Esta cifra no bastaría para que el mercado deshaga su apuesta a próximas subidas de tasas de la Reserva Federal. Los operadores están descontando que a más tardar en octubre el banco central ya habrá anunciado un alza de 25 puntos base sobre el tipo oficial.
Esto, combinado con los malos datos económicos de Chile, reactivó las operaciones que se benefician de los diferenciales de tasas en el mercado local. Un ejemplo de ello es que los agentes extranjeros compraron US$ 2.300 millones en moneda extranjera a través de instrumentos derivados la semana pasada, según datos del Banco Central.
Impactos en la agricultura
El alza del dólar tiene un impacto dual en la agricultura. Beneficia directamente a los agricultores orientados a la exportación al aumentar sus ingresos en moneda local, pero perjudica la rentabilidad de los productores locales al encarecer significativamente los costos de producción, como fertilizantes, pesticidas y maquinaria importada.
El sector sustituidor de importaciones –donde se complementa la producción nacional con importaciones-, queda prácticamente igual, porque sus insumos están indexados al dólar; y la parte de la agricultura no transable se ve perjudicada.
La mayor parte de los especialistas creen que un dólar con valor alto tiende a ser un beneficio, especialmente si se mantiene en esos índices en periodos de cosecha.
Sin embargo, el sector lechero tiene una depresión fuerte en cuanto al precio que se entrega a los productores, esto les afecta negativamente ya que la mayoría de sus insumos están ligados al valor de la divisa norteamericana, por lo que deben pagar más por ellos, misma situación que ocurre para quienes están en proceso de siembra.
Aunque un tipo de cambio alto -consistente en el tiempo- podría ayuda a netear de cierta manera una mala temporada, como dicen en el sector, esto está lejos de generar una ganancia mayoritaria, existiendo insumos al alza que se importan y, por ende, se pagan justamente en dólares.
Dada la volatilidad que ha tenido la moneda norteamericana el último tiempo es difícil leer cuáles serán los beneficios que esto pueda tener en el mediano plazo.
Fuentes: Banco Central, T13, La Tercera, Emol, Bío Bío.
