La Gran Muralla Verde en África, la rehabilitación de la Meseta de Loess en China y el rewilding de los Esteros del Iberá en Argentina son tres proyectos con años de datos publicados. Sus resultados muestran avances concretos, y también los límites de cada enfoque.
Restaurar ecosistemas a gran escala dejó de ser solo una promesa. Hay proyectos con décadas de seguimiento, financiamiento y cifras públicas que permiten medir qué funciona y qué no. Tres de ellos, en regiones y ecosistemas muy distintos, resumen las principales formas de restaurar la tierra.
1. La Gran Muralla Verde, restaurar el Sahel
Lanzada por la Unión Africana en 2007, la Gran Muralla Verde partió como una franja de 8.000 kilómetros entre Senegal y Yibuti, y hoy involucra a 22 países, con una estrategia 2024-2034. Para 2030 apunta a restaurar 100 millones de hectáreas, crear 10 millones de empleos verdes y capturar 250 millones de toneladas de carbono.
Los datos más recientes muestran avance, pero lejos de la meta. Al 31 de diciembre de 2025, su Observatorio reportó 1,66 millones de hectáreas en restauración, 4,6 millones de empleos creados y más de 46 millones de personas beneficiadas por los proyectos informados. La iniciativa estima que está cerca de un 15% de avance. Además, de los 389 proyectos registrados, menos de 90 entregan datos compatibles con el sistema de reporte, lo que limita la medición real.
El proyecto cambió de enfoque. Dejó de ser solo plantar árboles para incluir agroforestería, restauración de suelos, manejo del agua y regeneración de vegetación nativa. Su gran desafío es el financiamiento. Se han movilizado más de US$19.000 millones, pero la brecha equivale a cerca de la mitad de lo comprometido. En 2027 se realizará el primer foro de inversión de la Gran Muralla Verde, y en junio de 2026 se aprobó un acelerador para el sur de África con US$3,98 millones.
2. La Meseta de Loess, terrazas y pastoreo controlado
La Meseta de Loess, de unos 640.000 kilómetros cuadrados en la cuenca del río Amarillo, fue una de las zonas más erosionadas del planeta. Entre 1994 y 2002, un proyecto del Banco Mundial con US$150 millones de crédito actuó sobre 15.600 kilómetros cuadrados (1,56 millones de hectáreas).
Según el informe de cierre, se construyeron 90.446 hectáreas de terrazas, se establecieron unas 290.000 hectáreas de árboles, arbustos y frutales y se levantaron cientos de represas para retener sedimentos. Más de un millón de agricultores se beneficiaron: la producción anual de granos subió de 427.000 a 698.600 toneladas, la de fruta de 80.000 a 345.000 toneladas y el ingreso por persona de 360 a 1.263 yuanes. Se estimó que el sistema reduce en 57 millones de toneladas al año el sedimento que llega al río Amarillo.
La medida clave fue prohibir el pastoreo libre, compensado con la crianza de animales estabulados. Donde se aplicó, la vegetación natural volvió en dos a cuatro años. Las terrazas se pusieron a prueba en las sequías de 1999 a 2001, cuando los terrenos tratados mantuvieron sus cosechas y los no tratados sufrieron pérdida total.
Con el programa nacional “Grano por Verde”, iniciado en 1999, la cobertura vegetal de la meseta aumentó un 25% hasta 2015. Pero los estudios posteriores muestran un costo: un trabajo en Nature Climate Change advirtió que la demanda de agua de la vegetación se acercaba a límites sostenibles, y un estudio de 2026 concluyó que el reverdecimiento intenso debilitó la resistencia de la escorrentía y del agua del suelo frente a las sequías.
3. Los Esteros del Iberá, el regreso de las especies
En Corrientes, Argentina, la caza, el pastoreo vacuno y las plantaciones de monocultivo extinguieron a varias especies de los Esteros del Iberá. Desde 2007, la Fundación Rewilding Argentina, que continúa el legado de Tompkins Conservation, trabaja en devolverlas. El primer paso fue el oso hormiguero gigante, y en 2012 se creó el Centro de Reintroducción del Yaguareté.
En enero de 2021 se liberaron los primeros yaguaretés, tras unos 70 años sin la especie en la región. Hoy hay 50 ejemplares libres en Corrientes, casi un 20% de los jaguares del país, que se estimaban en 200 a 250 en 2018. Un estudio del CONICET identificó unas 650.000 hectáreas del Iberá con presas abundantes y poco contacto con personas o ganado.
Según la fundación, en 2026 Iberá recuperó poblaciones saludables de oso hormiguero gigante, venado de las pampas, pecarí de collar y guacamayo rojo. En 2025 se liberaron además las primeras familias de nutria gigante, la primera reintroducción de un mamífero extinto en Argentina.
Qué enseñan en común
Los tres proyectos muestran que restaurar es un proceso largo: en el Iberá pasaron once años entre el inicio y la liberación de los primeros jaguares, y la Gran Muralla Verde lleva casi veinte años con una fracción de su meta. También coinciden en que los resultados duran cuando los proyectos generan ingresos para quienes viven en el territorio, como lo concluye el informe del Banco Mundial sobre el Loess, y cuando hay datos para medirlos.
Fuentes: UNCCD, The Dirt, African Climate Wire, Banco Mundial, Nature Climate Change, ScienceDirect, Fundación Rewilding Argentina, PNUMA, Noticias Ambientales, Infobae.
por José Rios
