La salinización afecta a más de mil millones de hectáreas en el mundo, pero sigue siendo el “patito feo” de la agricultura climática: muy estudiada, pero casi invisible en el debate público. Una nueva generación de empresas construye soluciones para cultivar en suelos salinos, y aunque la demanda recién empieza a despegar, el problema de fondo no es el dinero, sino la falta de visibilidad.

Entre los grandes desafíos de la agricultura frente al cambio climático (el calor extremo, la escasez de agua dulce), la salinización del suelo ocupa un lugar curioso: es uno de los problemas más estudiados científicamente y, al mismo tiempo, uno de los que menos aparece en los titulares. Así lo describe un análisis reciente de AgFunderNews, que retrata a la “agricultura salina” como un ecosistema de negocios en construcción que todavía no logra el reconocimiento que su escala debería garantizarle.

Un problema que ya afecta a una décima parte de la tierra del planeta

La escala del problema es enorme. Según la FAO, la salinidad elevada del suelo ya afecta a 1.381 millones de hectáreas en el mundo, equivalente a cerca del 10,7% de toda la superficie terrestre del planeta. Otras cifras citadas por organizaciones del sector, como Salt Farm Foundation, sitúan en 63 millones de hectáreas la superficie de tierra de riego específicamente afectada por sal, con un ritmo de crecimiento estimado de unas 2.000 hectáreas adicionales cada día, y calculan los daños anuales por sal en los cultivos en unos US$27.000 millones.

El fenómeno tiene varias causas que se combinan: sequías severas, intrusión de agua salada en zonas costeras y el riego intensivo, que con el tiempo deposita sales en el suelo. A diferencia de una plaga que arrasa visiblemente un cultivo o una ola de calor que se siente de inmediato, la acumulación de sal es un proceso silencioso y gradual, que muchas veces requiere instrumentos especializados para diagnosticarse, lo que explica en parte por qué recibe tan poca atención mediática frente a otros riesgos climáticos.

Por qué el problema es casi invisible, incluso en los foros especializados

Una de las observaciones más llamativas del reportaje de AgFunderNews es que, incluso en espacios dedicados específicamente a discutir la degradación de la tierra, como la conferencia anual de la ONU sobre desertificación realizada recientemente en Ulán Bator, Mongolia, la salinización no parece ocupar un lugar prominente en las discusiones. Una empresa de biotecnología dedicada a atender múltiples tipos de estrés abiótico en los cultivos llegó a describir la salinidad, dentro de su propia cartera de prioridades, como la de “menor prioridad” entre los problemas que aborda.

Un especialista en tratamiento de semillas citado en la investigación explica bien esta paradoja: “cuando una plaga está matando tu campo, los agricultores lo ven. El calor, lo sienten cuando hace mucho calor y ven que el cultivo necesita agua”. La sal, en cambio, actúa de forma mucho más sigilosa.

Un ecosistema de negocios que todavía busca su propia identidad

El análisis plantea un punto central: la “agricultura salina” dejó de ser solo una serie de prácticas de manejo de cultivo, suelo y agua que un productor puede adoptar, y se convirtió en un verdadero ecosistema de negocios, con empresas construidas específicamente para producir alimentos en tierra afectada por sal. Algunas de ellas cultivan plantas “halófitas” (amantes de la sal), como la salicornia y el saltbush, en ambientes que van desde deltas costeros hasta zonas áridas del interior de los continentes.

Un caso que ilustra bien este enfoque es el de OlsAro, una startup sueca que desarrolla trigo y otros cultivos tolerantes a la salinidad y otros tipos de estrés ambiental. La empresa ya realiza ensayos de campo a gran escala en India y otros mercados, con el objetivo declarado, según su CEO Elén Faxö, de “permitir cultivar en tierra que de otro modo sería infértil”. Su alianza en India con la empresa DCM Shriram ilustra la magnitud del problema en ese país: según su vicepresidente, India tiene cerca de 6,75 millones de hectáreas de suelos afectados por sal, de las cuales 1,71 millones son específicamente salinas, 3,79 millones son alcalinas y 1,25 millones corresponden a suelos salinos costeros.

Demanda que crece, pero más lento de lo esperado

Según el reportaje, la mayoría de los proveedores de soluciones de agricultura salina consultados reconoció que la demanda está aumentando, aunque a un ritmo más lento del que esperaban. Un dato contraintuitivo del análisis es que, a diferencia de lo que suele ocurrir en buena parte del sector agroalimentario, los proveedores de este rubro no identificaron la escasez crónica de financiamiento ni las restricciones de bancabilidad, dos problemas que suelen aquejar a toda la industria agroalimentaria, como el principal obstáculo para su crecimiento. La mayoría describió su capacidad de innovar, experimentar y encontrar colaboradores y recursos valiosos como relativamente sólida.

Una de las fundadoras de una empresa dedicada al cultivo de plantas halófitas, que opera en una antigua salina abandonada, describió su trabajo como una forma de agricultura que cumple varios objetivos a la vez: cultivar de manera sostenible cultivos poco valorados pero ricos en nutrientes y con múltiples usos, mientras restaura un ecosistema y pone en valor tierra que de otra manera no tendría ningún uso productivo.

Una oportunidad que recién empieza a cuantificarse

El potencial de recuperación es considerable: según estimaciones citadas por organizaciones dedicadas a este tema, si los suelos afectados por sal se devolvieran a la producción, podrían sumarse entre 70 y 120 millones de hectáreas de nueva tierra cultivable al sistema alimentario mundial, junto con sus ecosistemas naturales y la biodiversidad asociada a ellos.

Para la agricultura global, el caso de la agricultura salina deja una lección de fondo: no todos los problemas climáticos que afectan a la producción de alimentos reciben la misma atención mediática o inversión, y el tamaño real de un desafío no siempre se refleja en la visibilidad que tiene. Con más de mil millones de hectáreas ya afectadas y una tendencia al alza, la salinización podría estar perdiendo la carrera por la atención pública justo en el momento en que más la necesita.

Fuentes: AgFunderNews (Rich Bellis), Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), The Salt Doctors, Salt Farm Foundation, Saline Agriculture Worldwide.

por José Rios