España produce cada campaña más de un millón de toneladas de aceite de oliva, y por cada tonelada de ese “oro líquido” quedan varias más de un residuo ácido, viscoso y altamente contaminante que durante décadas fue solo un dolor de cabeza ambiental para las almazaras. Hoy, una cooperativa cordobesa está a punto de convertir ese mismo residuo en el combustible que mueve sus propios tractores.
Extraer aceite de oliva es, en términos de aprovechamiento de materia prima, una operación bastante ineficiente: de toda la aceituna que entra a una almazara, apenas una fracción se convierte en aceite. El resto termina como alperujo y alpechín —una masa húmeda, ácida y rica en polifenoles, con una humedad que puede llegar hasta el 75%— que durante años representó uno de los mayores pasivos ambientales y financieros del sector olivarero español. Verterlo sin tratar consume el oxígeno de suelos y cursos de agua, y secarlo o tratarlo en balsas de evaporación es cada vez más costoso y menos viable a medida que crece el volumen que las almazaras modernas tienen que procesar.
Un problema que crece al mismo ritmo que la producción de aceite
El desafío no es menor ni está desapareciendo. Según el Ministerio de Agricultura, la campaña 2025-2026 proyecta una producción nacional de 1,37 millones de toneladas de aceite de oliva, con Andalucía concentrando cerca del 80% de esa producción. A mayor producción de aceite, mayor volumen de alperujo generado —y el propio Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos 2024-2035 del gobierno español ya identifica a los residuos agroindustriales como un flujo prioritario para valorización energética.
De pasivo ambiental a combustible propio, el proyecto de Oleícola El Tejar
La respuesta más avanzada a este problema está tomando forma en Baena, Córdoba, de la mano de Oleícola El Tejar, una de las cooperativas de segundo grado más grandes del mundo en el tratamiento de subproductos del olivar. En octubre de 2024, la cooperativa presentó formalmente una alianza estratégica con la empresa alemana de biometano VORN Bioenergy y la ingeniería cordobesa GREENAR, con el respaldo científico de la Universidad de Córdoba, para desarrollar hasta ocho proyectos de biometano en distintos puntos de Andalucía.
El primero de esos proyectos, ubicado en el paraje de Amarguilla, en Baena, contempla una inversión de 39 millones de euros para procesar hasta 400.000 toneladas de alperujo y alpechín desgrasado, transportado directamente por tubería desde la propia planta de Oleícola El Tejar para evitar el tráfico de camiones. Según sus promotores, la planta producirá biometano con una pureza superior al 98%, que se inyectará a la red nacional de gas mediante una conexión de aproximadamente un kilómetro al gasoducto operado por Nedgia, la distribuidora de gas del grupo Naturgy. El conjunto de proyectos de la alianza —con una inversión superior a los 300 millones de euros— apunta a producir más de 1 teravatio-hora de biometano al año, el equivalente al consumo de gas de más de 200.000 hogares españoles, mientras reduce en un 75% las emisiones de las propias plantas de Oleícola El Tejar.
Cómo se convierte un residuo ácido en gas de calidad automotriz
El proceso técnico detrás de esta conversión combina varias etapas. Primero, el alperujo se somete a un pretratamiento —térmico o enzimático— que rompe la materia orgánica compleja y neutraliza los compuestos fenólicos que, en su estado natural, inhiben a las bacterias responsables de la digestión. Ya acondicionada, la masa entra a biodigestores herméticos donde bacterias metanogénicas la descomponen en ausencia de oxígeno, generando un biogás rico en metano. Ese biogás bruto pasa después por un proceso de purificación (upgrading) que elimina el CO₂, la humedad y los rastros de azufre, hasta alcanzar una pureza que —según coinciden los distintos proyectos del sector— supera el 95-98% de metano: prácticamente la misma composición química del gas natural comprimido convencional.
Lo que queda dentro del biodigestor una vez extraído el gas no se desecha: es un digestato estabilizado, rico en potasio y materia orgánica, que vuelve a los propios olivos como fertilizante orgánico, cerrando así un ciclo donde el residuo de una cosecha termina nutriendo la siguiente.
El tractor que ya corre con este combustible
La pieza que completa el círculo ya existe y se vende comercialmente: el New Holland T6 Methane Power, presentado como el primer tractor de producción en serie del mundo propulsado 100% por biometano, con una potencia de 180 caballos de fuerza y autonomía para una jornada completa de trabajo. Su motor NEF de 6,7 litros, desarrollado por FPT Industrial —con más de 20 años de experiencia y más de 70.000 motores de gas natural fabricados—, ofrece la misma potencia, par y durabilidad que su equivalente diésel, con una reducción estimada del 30% en los costos operativos y hasta un 80% menos de emisiones contaminantes. New Holland ya avanza además con el T7 Methane Power, una versión de mayor porte con un tanque de 657 litros capaz de sostener hasta ocho horas de trabajo continuo, probado en campo por productores franceses que reportan un rendimiento equivalente al de la versión diésel.
Economía circular, en el sentido más literal posible
El caso que se está armando en Andalucía plantea un circuito cerrado poco frecuente incluso dentro del propio discurso de la economía circular: el mismo agricultor que entrega su aceituna a la almazara podría, en un futuro cercano, recargar su tractor con el combustible producido a partir de los residuos de esa misma cosecha, y luego devolver al olivo el digestato resultante como fertilizante. Organizaciones del sector como Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía ya defienden públicamente esta valorización como una oportunidad estratégica para diversificar los ingresos del olivar, aunque el propio proceso de instalación de estas plantas —como ocurre con cualquier desarrollo industrial de esta escala— enfrenta también objeciones locales, incluyendo alegaciones presentadas por vecinos y colectivos de Baena por su impacto ambiental y arqueológico.
Qué significa esto para el agro
Para el sector olivarero español, y potencialmente para cualquier agroindustria que genere grandes volúmenes de residuo orgánico concentrado en pocas semanas al año —como ocurre con la molienda de la aceituna—, el modelo de Oleícola El Tejar plantea una vía de descarbonización que no depende de tecnología importada ni de subsidios permanentes: el propio residuo financia, en los hechos, el combustible que reemplaza al diésel. La construcción de la primera planta de esta alianza está prevista para fines de 2026, lo que convertiría a Baena, en pocos años, en uno de los primeros lugares del mundo donde el ciclo completo —de la aceituna al biometano, y del biometano de vuelta al tractor que cosechó esa misma aceituna— podría estar funcionando a escala industrial real.
Fuentes: Oleícola El Tejar (comunicados oficiales), Renovables Verdes, Cordópolis (El Diario), Óleo Revista / Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, I Am Carbonzero, Cancionero (Comunicación e Imagen), New Holland Agriculture (España), CNH Industrial (“Powering Tomorrow”, 2025).
