Tras los incendios más devastadores de la historia reciente de Australia, miles de wallabies sobrevivieron a las llamas solo para quedar varados en acantilados sin una sola planta que comer. La respuesta llegó desde el cielo: primero con helicópteros cargados de zanahorias, después con una flota de drones sembrando el futuro bosque que esos mismos animales necesitarían para sobrevivir a largo plazo.

Entre septiembre de 2019 y marzo de 2020, los incendios conocidos como “Black Summer” quemaron o dañaron cerca de 11 millones de hectáreas en el sudeste de Australia —una superficie equivalente a la mitad del Reino Unido— y mataron o desplazaron, según estimaciones del WWF, a unos 3.000 millones de mamíferos, aves y reptiles. Para los animales que lograron sobrevivir a las llamas, apareció un segundo peligro casi tan letal como el fuego: quedar atrapados en refugios rocosos o boscosos completamente desprovistos de vegetación, sin agua ni alimento natural al alcance.

Operation Rock Wallaby, zanahorias y batatas desde un helicóptero

La especie que más urgentemente necesitaba ayuda era el wallaby de rocas de cola cepillada (Petrogale penicillata), un pequeño marsupial ya considerado en peligro antes de los incendios, capaz de moverse con destreza por acantilados y afloramientos rocosos —precisamente el tipo de terreno donde sobrevivió al fuego, pero donde la vegetación que necesitaba para alimentarse quedó reducida a cenizas.

El Servicio de Parques Nacionales y Vida Silvestre de Nueva Gales del Sur (NSW NPWS) respondió con la “Operation Rock Wallaby”, desplegando helicópteros y aviones cargados con miles de kilogramos de zanahorias y batatas, que dejaron caer sobre colonias ubicadas en los valles de Capertee y Wolgan, el Parque Nacional Yengo, el Valle Kangaroo y los parques Jenolan, Oxley Wild Rivers y Curracubundi. En una sola semana de enero de 2020, la operación distribuyó cerca de 2.000 kilogramos de vegetales frescos, en lo que el propio gobierno describió como el operativo de alimentación más amplio jamás realizado para esta especie. Woolworths y Foodbank financiaron parte del combustible y de los propios vegetales utilizados en los lanzamientos.

El ministro de Energía y Medio Ambiente de NSW, Matt Kean, explicó en su momento que los wallabies solían sobrevivir al fuego en sí, pero quedaban varados con muy poco alimento natural una vez que las llamas arrasaban la vegetación de su hábitat rocoso —una situación agravada porque la sequía prolongada que ya afectaba a la región desde antes de los incendios había dejado a estas poblaciones especialmente débiles y con menos margen para resistir. El gobierno instaló además cámaras en los sitios de alimentación para monitorear qué especies y en qué cantidad estaban aprovechando el alimento entregado.

La otra mitad del rescate, drones sembrando el futuro bosque

Mientras las zanahorias resolvían la emergencia inmediata de wallabies y otras especies, el WWF-Australia lanzó en paralelo un programa de reconstrucción de largo plazo apuntado a otra víctima emblemática de los incendios: el koala. La organización buscó recaudar 300 millones de dólares australianos a lo largo de cinco años para financiar, entre otras iniciativas, el uso de drones de siembra capaces de dispersar semillas de eucalipto —el alimento casi exclusivo del koala— sobre extensiones de bosque calcinado demasiado grandes o inaccesibles para una reforestación manual.

Según explicó Dermot O’Gorman, director ejecutivo de WWF-Australia, algunos de estos drones pueden plantar hasta 40.000 semillas por día, alcanzando zonas mucho más difíciles de recuperar mediante métodos convencionales, y ayudando a reconstruir los corredores de vegetación que permiten a los koalas y otras especies desplazarse por un paisaje fragmentado por el fuego y la deforestación previa. Es, a diferencia de la Operation Rock Wallaby, una intervención pensada no para resolver el hambre inmediata de un animal, sino para restaurar, semilla por semilla, la base alimentaria de la que esa especie dependerá durante años.

Los drones que buscaron sobrevivientes entre las ramas quemadas

La tecnología de drones también jugó un rol directo en la localización de animales heridos o desnutridos escondidos en el dosel forestal. El operador y cineasta estadounidense Douglas Thron probó, con apoyo de WWF-Australia, un dron equipado con cámara infrarroja para rastrear rápidamente bosques calcinados en busca de koalas y otros mamíferos que pudieran necesitar rescate, aprovechando que la firma de calor corporal de un animal vivo se distingue con claridad incluso entre ramas ennegrecidas. Esta misma lógica de detección térmica se consolidó en los años siguientes: estudios académicos recientes, como uno publicado en 2025 por la Universidad de Melbourne, confirmaron que los drones con cámara térmica superan a los métodos tradicionales de monitoreo para detectar fauna arbórea amenazada, habiendo registrado ya más de 4.000 animales en más de cien estudios de campo en bosques estatales de Victoria.

Dos tecnologías, dos objetivos distintos

El caso australiano deja una distinción útil para pensar la próxima generación de este tipo de rescates: el helicóptero resolvió, en cuestión de días, una crisis alimentaria inmediata que no podía esperar. El dron, en cambio, se usó para dos tareas donde su precisión y bajo costo relativo lo vuelven especialmente valioso: sembrar semillas a gran escala sobre terreno inaccesible, y detectar mediante calor corporal a animales ocultos que ningún rescatista a pie o en vehículo podría localizar con la misma velocidad.

Lo que todavía no ocurrió, según toda la evidencia disponible sobre estos episodios, fue la combinación específica de ambas tecnologías en una sola operación: un dron detectando térmicamente a un grupo de animales varados y, acto seguido, dejando caer sobre ellos alimento de emergencia mediante compuertas guiadas por GPS. Es una integración técnicamente plausible —cada una de sus piezas ya existe y ya se probó por separado en el propio contexto australiano—, pero que hasta ahora sigue siendo más una dirección lógica de desarrollo que una operación ya documentada.

Qué significa esto para la conservación de fauna

Para organismos de conservación y manejo de fauna silvestre en otras regiones del mundo con fauna nativa vulnerable a incendios y sequías extremas, el modelo australiano deja una hoja de ruta clara incluso sin necesidad de esperar a la integración completa: los helicópteros siguen siendo, hoy, la herramienta más rápida para una emergencia alimentaria a gran escala, mientras que los drones ya demostraron su valor complementario tanto para la detección térmica de sobrevivientes como para la restauración de hábitat mediante siembra aérea. La billonaria pérdida de fauna del verano australiano de 2019-2020 sigue siendo, hasta hoy, uno de los eventos que más aceleró la adopción de ambas tecnologías en la conservación de vida silvestre a nivel mundial.


Fuentes: WWF-Australia (comunicados oficiales sobre bushfires recovery), Gobierno de Nueva Gales del Sur / NSW NPWS, CBS News, CNN / The Week, Reuters (vía Deccan Herald, drones de siembra de WWF), Universidad de Melbourne (Ecological Applications, 2025, drones térmicos), Interesting Engineering.

por Juan Lagos