Frente al creciente rechazo a los agroquímicos sintéticos, cada vez más agricultores orgánicos recurren a una técnica que convierte al propio compost en una especie de fábrica líquida de microorganismos benéficos: el té de compost aeróbico activo, conocido en inglés como AACT (Actively Aerated Compost Tea). El método consiste en preparar un extracto líquido rico en bacterias, hongos y otros microorganismos, e inyectarlo directamente al suelo a través del sistema de riego o aplicarlo como pulverización foliar, buscando suprimir enfermedades y fortalecer la resistencia natural de las plantas.

Cómo se prepara este té de microorganismos

El proceso consiste en diluir una cantidad determinada de compost en agua sin cloro, mientras se inyecta oxígeno de forma continua mediante burbujeo, generando condiciones aeróbicas que favorecen el crecimiento de microorganismos benéficos durante un período de entre 12 y 48 horas, según el protocolo utilizado. A esta mezcla suelen agregarse fuentes de alimento adicionales para los microorganismos, como melaza sin sulfurar, algas o harina de roca fosfórica, aunque investigadores advierten que algunos de estos aditivos, como la melaza, también pueden favorecer el crecimiento de bacterias no deseadas como Salmonella o E. coli si no se manejan correctamente.

El resultado es un líquido denso en biomasa bacteriana y fúngica que, al aplicarse sobre el suelo o el follaje, busca colonizar rápidamente la rizósfera —la zona de raíces— y las superficies de las hojas, compitiendo por espacio y nutrientes con los patógenos, y en algunos casos activando mecanismos de resistencia sistémica en la propia planta.

Qué dice la evidencia científica, con matices importantes

La evidencia sobre la efectividad de esta técnica es real, pero requiere lecturas cuidadosas. Un ensayo reciente que evaluó el té de compost en cinco fincas distintas encontró un aumento estadísticamente significativo del rendimiento en solo una de ellas —un 35,4% más de producción en un cultivo de tomates—, lo que sugiere que su efectividad depende fuertemente de las condiciones específicas de cada suelo y sistema productivo, no de un resultado garantizado y uniforme.

En cuanto a la supresión de enfermedades, distintas revisiones científicas coinciden en que el té de compost ha demostrado eficacia contra varias enfermedades foliares, con especial sensibilidad en patógenos como el oídio (mildiu polvoriento), documentada en cultivos de vid, cucurbitáceas y solanáceas. Sin embargo, la propia literatura especializada advierte que, para algunas enfermedades, el nivel de control logrado sería insuficiente para los estándares de la agricultura convencional, aunque para productores orgánicos con opciones de manejo limitadas, ese control parcial ya representa una mejora relevante frente a no hacer nada.

Un método con costos y detalles técnicos que importan

Pese a su atractivo como alternativa natural, el té de compost no está libre de exigencias prácticas. Los propios estudios de la industria señalan que debe usarse poco después de su preparación, ya que pierde sus propiedades aeróbicas si no se aplica de inmediato, y que su producción implica un costo adicional de tiempo y equipamiento —bombas de aire, contenedores, sistemas de filtrado— que debe considerarse dentro del manejo del predio. Además, cuando se aplica a través de sistemas de riego, suele requerir filtración o dilución para evitar que obstruya boquillas o goteros, un proceso que en algunos casos puede reducir la concentración de microorganismos benéficos que se buscaba aplicar.

Una herramienta más, no una solución mágica

El té de compost aeróbico se suma a una familia creciente de bioinsumos que buscan reducir la dependencia de agroquímicos sintéticos en la agricultura, un movimiento que ya hemos documentado en distintas versiones alrededor del mundo, desde hongos micorrízicos israelíes hasta larvas de mosca soldado negra transformando residuos en fertilizante. Su promesa es real y respaldada por evidencia científica creciente, pero como toda herramienta biológica, su éxito depende de un manejo técnico cuidadoso y de expectativas realistas: no reemplaza automáticamente a un fungicida convencional en todos los escenarios, pero sí ofrece una vía concreta para fortalecer la salud del suelo y reducir, de forma progresiva, la huella química de la producción agrícola.

Fuentes: ScienceDirect (dos estudios independientes), San Francisco Environment Department, University of Connecticut, CT RC&D, Organic Farm Knowledge, USPTO (patentes de sistemas AACT).

por Juan Lagos