En un rincón de Sullivan County, en el norte del estado de Nueva York, el actor Mark Ruffalo vive lejos del ruido de Hollywood. Desde hace más de una década, su residencia principal no es una mansión en Los Ángeles ni un departamento en Manhattan, sino una antigua granja lechera de 50 acres (cerca de 20 hectáreas) en el pueblo de Callicoon, donde comparte la vida rural junto a su esposa, Sunrise Coigney, y sus tres hijos.
De propiedad de descanso a hogar permanente
Ruffalo compró el terreno como un refugio de fin de semana y, tras varios años usándolo como escapada familiar, la familia decidió mudarse de forma permanente. “La idea que guiaba todo esto de vivir en el norte del estado era simplificar”, explicó el actor en una entrevista con la plataforma NOWNESS. La propiedad conserva la estructura de la antigua casa lechera original, con vigas y elementos de la construcción de fines del siglo XIX, y cuenta con un jardín de vegetales, un granero y una casa de huéspedes.
Frutillas silvestres y un tractor de los años 50
Los campos altos del terreno producen frutillas silvestres de forma espontánea, que la familia cosecha directamente para su propio consumo, mientras que los campos bajos son arrendados a agricultores vecinos para la producción de heno. Para moverse por la propiedad, Ruffalo utiliza un tractor John Deere de la década de 1950 que ya venía incluido con la compra del terreno, y ha manifestado su intención de incorporar ovejas para el pastoreo de los campos en el futuro, según consignó la publicación especializada Modern Farmer.
El actor ha descrito la experiencia de aprender sobre agricultura como parte esencial de su vida en el campo, señalando que disfruta trabajar la tierra aunque reconoce que todavía está en proceso de aprendizaje sobre el oficio.
Un ícono más de la tendencia global de volver al campo
El caso de Ruffalo se suma a una lista creciente de figuras públicas que han optado por establecer su vida cotidiana en entornos rurales, dejando atrás la vida urbana en favor de espacios más simples, conectados con la tierra y alejados de la contaminación. Más allá del gesto simbólico, el actor es también un activista reconocido en temas ambientales, particularmente en su oposición pública a la fractura hidráulica (fracking) en su región.
Su historia refleja una tendencia que crece a nivel mundial: la búsqueda de una vida más simple, natural y conectada con la producción de los propios alimentos, cada vez más presente incluso entre quienes tienen los recursos para vivir en cualquier otro lugar del mundo.
por José Rios
