En zonas áridas y semiáridas de Australia, un número creciente de agricultores está instalando paneles solares bifaciales elevados sobre cultivos y pastizales, en lo que se conoce como agrivoltaica. La técnica, que combina producción de energía con producción de alimentos sobre la misma superficie de tierra, busca responder a dos presiones simultáneas del campo australiano: la escasez de agua y la necesidad de diversificar ingresos frente a un clima cada vez más extremo.

Menos evaporación, mejor microclima

El principio es sencillo: los paneles se montan sobre estructuras elevadas, a una altura suficiente para permitir el paso de maquinaria agrícola y el pastoreo de animales por debajo. La sombra que proyectan reduce la temperatura del suelo y la evaporación del agua de riego, con reducciones documentadas de entre 14% y hasta 50% según las condiciones climáticas de cada zona, un factor especialmente relevante en regiones propensas a sequía.

Esa sombra parcial también genera un microclima más fresco bajo los paneles, lo que en la práctica se traduce en mejor retención de humedad del suelo y, en varios ensayos, en un crecimiento más vigoroso del pasto y de cultivos de cobertura. Investigadores de la Universidad de Melbourne, que operan un sistema agrivoltaico de 20 kW integrado en un viñedo en su campus de Dookie, en Victoria, describen el fenómeno como “aprovechar el sol dos veces”: una vez a través de los paneles fotovoltaicos, y otra a través de las plantas que crecen bajo ellos. Los paneles, además, funcionan de forma más eficiente gracias al efecto refrescante de los propios cultivos.

El modelo del doble ingreso

Más allá del beneficio agronómico, el atractivo central de la agrivoltaica para los productores es económico. Al generar electricidad sobre la misma tierra donde se produce alimento, los agricultores acceden a un segundo flujo de ingresos —la venta de energía— sin sacrificar la superficie productiva agrícola, lo que reduce la competencia histórica entre uso de suelo para energía solar o para agricultura.

Esa energía, en muchos de estos sistemas, se destina directamente a alimentar bombas de riego inteligentes y otras instalaciones dentro del mismo predio, reduciendo la dependencia de la red eléctrica externa y los costos operativos de riego. Investigadores de la Universidad de Australia Occidental, a través de un proyecto conjunto con Sunrise Energy Group, evalúan actualmente cómo estos sistemas pueden mejorar las condiciones de las explotaciones agrícolas del país, junto con modelos que permitan optimizar simultáneamente la producción de alimentos y de energía.

Un desafío de diseño, no solo de tecnología

La instalación de estos sistemas no está exenta de decisiones técnicas complejas. La altura y el espaciamiento de los paneles deben calibrarse con precisión para asegurar suficiente luz para los cultivos y permitir el paso de maquinaria agrícola estándar, que en general requiere entre 2,5 y 5 metros de despeje vertical. El espaciamiento entre filas, además, debe coincidir con el ancho de los implementos agrícolas ya existentes en cada predio, típicamente en intervalos de 6 o 12 metros.

A esto se suma el desafío de identificar qué combinaciones de cultivos y ganado son compatibles con la sombra parcial, y de integrar esta generación distribuida de energía a la infraestructura eléctrica existente, algo que en varios casos requiere actualizaciones de red o soluciones de almacenamiento.

Una tendencia que crece en varios frentes

Aunque los proyectos mejor documentados hasta ahora se concentran en zonas templadas y semiáridas del país —viñedos en Victoria, ensayos de investigación en Australia Occidental, y granjas solares con pastoreo ovino en la frontera entre Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana—, el interés por extender este modelo hacia zonas más áridas del interior australiano crece en paralelo a la urgencia por adaptar la agricultura al cambio climático.

Para un país donde la disponibilidad de agua es un factor crítico de producción, la posibilidad de reducir significativamente la evaporación mientras se genera electricidad plantea un modelo de eficiencia de recursos que otras regiones agrícolas del mundo, expuestas a similares presiones hídricas, seguramente evaluarán replicar.

Fuentes: Energy Matters, WA Agricultural Research Collaboration (WAARC), Corena, Drought Hub, Universidad de Melbourne, PVcase.

por Juan Lagos