Ingeniera agrónoma y creadora de contenido, Sol Carrettoni trabaja junto a sus tres hermanos en el campo familiar de la provincia de Buenos Aires, Argentina. En esta conversación con Diario Agrícola cuenta cómo se involucró en la agricultura, por qué decidió mostrar el campo en redes sociales, y qué la espera este año en una nueva campaña de cosecha en Estados Unidos.

¿Cómo es tu relación con la agricultura, y cómo llegaste a trabajar en el campo familiar?

Nací en el campo, mi familia viene del campo, pero como estamos muy cerca de la ciudad, durante mi infancia y juventud no participaba realmente de las tareas agrícolas que hacía mi papá, que es quien está metido de lleno en esto. Eso sí, en casa siempre se habló de campo, siempre estuvo prendido el Canal Rural. En el penúltimo o último año de la escuela, cuando tenía que decidir qué estudiar, me empezó a interesar en serio: hice una campaña de cosecha y siembra de soja el verano antes de irme a estudiar, y ahí me enganché, sobre todo con las máquinas.

En el campo, al menos en mi caso, se es bastante estructurado con eso: no te dan fácil las máquinas. De hecho, a mí me tocó aprender a manejar una cosechadora en Estados Unidos, no acá. Hoy los cuatro hermanos trabajamos las máquinas, que son nuestras, mientras mi papá hace algunas actividades, pero sigue manejando la cosechadora él mismo, y a veces hasta da cosa pedírsela. Elegí este camino porque quise, más allá de esa estructura; estudié Agronomía, terminé la carrera de forma virtual durante la pandemia, y volví al campo apenas egresé.

¿Desde cuándo se dedica tu familia a esto, y a qué cultivos se dedican hoy?

Mi abuelo empezó siendo muy chico. Con el tiempo los hermanos se dividieron el campo, y como pasa siempre que uno se divide, cada parte va quedando más chica si no la haces crecer. Mi papá arrancó desde temprano, se separó desde temprano también, y tuvo varios hijos: yo soy la más chica, así que mis hermanos mayores ayudaron bastante a criarme, casi tanto como mi papá. Estamos en la provincia de Buenos Aires, y cultivamos maíz, trigo y soja, y a veces cebada, aunque esta última es más compleja de comercializar y almacenar —funciona mucho por contrato—, así que no siempre la sembramos.

¿Cómo nace tu contenido en redes sociales, y por qué crees que es importante comunicar lo que pasa en el campo?

Creo que hoy es una de las formas más importantes de comunicar. Tocamos temas que antes eran casi tabú en el campo: hace poco subí un video sobre cuánto se le paga a un contratista, o sobre el precio del maíz húmedo con y sin merma. Son cosas que antes quedaban rezagadas, que casi se evitaba hablar, y hoy se conversan abiertamente.

En Argentina tuvimos un conflicto muy grande en 2008, con cortes de ruta por el tema de las retenciones. Creo que si las redes sociales hubiesen existido en ese momento, el mensaje habría llegado mucho más lejos y la gente habría entendido mejor al productor, porque en ese entonces solo se veía la máquina, la cosechadora o la camioneta, y no todo el trabajo que había detrás. Hoy la imagen del productor es mucho más real y más justa, y ya no existe ese resentimiento: la gente entiende y valora nuestro trabajo.

Empecé a hacer contenido porque sentí que era una forma de comunicar nueva, que además estaba entretenida y te daba acceso a marcas —siempre me gustó estar cerca de las novedades—. Fui mostrando mi día a día, sin necesariamente mostrar números reales, pero sí promedios representativos, y de a poco empezaron a llamarme las marcas, porque mi público es justamente productores agropecuarios. Hoy tengo contratos con marcas que me encantan. Con el tiempo entendí que tenía que profesionalizar cada vez más ese contenido.

¿Cómo ha sido la respuesta de la gente que te ve, más allá de Argentina?

Me escribe gente de toda Latinoamérica, y también de otros lugares. A mí me pasa lo mismo al revés: me encanta ver cómo se produce en India, por ejemplo, y siento que a la gente le pasa lo mismo con lo que hago yo. Además de la campaña acá, hago campañas de cosecha en Estados Unidos: en unos quince días más viajo a hacer la cosecha en Iowa, el estado del maíz. Es un público bastante específico, no es que me haga viral por eso, pero a la gente le encanta ver cómo se produce en otro lugar del mundo.

¿Cómo ves el futuro, entre las redes sociales y el campo?

Quiero seguir trabajando con mis hermanos; creo que ahí hay mucho futuro. En cuanto a las redes, siempre digo lo mismo: está buenísimo poner el foco ahí, pero no es algo esporádico, consume muchísima energía. El campo también estresa —hay que pagar, hay que producir—, pero las redes exigen estar todo el tiempo en contacto con la gente, cuidando cómo decís las cosas, porque cualquier cosa se puede malinterpretar y te puede costar caro.

Cada año cambia el formato: reel, video más largo, contenido más técnico, lo que sea, siempre hay que ir adaptándose. Y la tecnología avanza muy rápido; si querés prestar un servicio de contenido tenés que estar a la vanguardia, con las cámaras y formatos más nuevos, porque si no te quedás atrás, así como a veces siento que nosotros mismos nos quedamos atrás en tecnología dentro del propio campo. Llevo ya unos tres años yendo a eventos y tomando esto en serio, desde la pandemia para acá.


Desde Diario Agrícola seguiremos mostrando las historias de quienes producen la tierra, desde Chile y Argentina hasta el resto del mundo, en distintas escalas y formas de trabajar.

por Cristián Valenzuela