Lo que hace pocos años era una novedad tecnológica reservada a proyectos piloto se transformó en una herramienta cada vez más común en los predios chilenos: los drones agrícolas ya se usan para fumigar, fertilizar, sembrar y monitorear cultivos en frutales, hortalizas y plantaciones forestales a lo largo del país, con reducciones de agua y agroquímicos que superan el 30% frente a los métodos tradicionales.

De la curiosidad a la agricultura de precisión

La agricultura chilena atraviesa un proceso de transformación acelerado por la digitalización y la necesidad de producir más con menos recursos, y los drones se convirtieron en una de las herramientas centrales de ese cambio. A diferencia de la maquinaria terrestre tradicional, los drones permiten aplicaciones aéreas de alta precisión, con menor compactación del suelo, acceso a zonas de difícil llegada como laderas o terrenos irregulares, y una reducción significativa en el consumo de agua y agroquímicos.

Según cifras que manejan las empresas del rubro que operan en Chile, el uso de drones fumigadores puede reducir hasta en 90% el consumo de agua respecto a la fumigación convencional, y hasta en 30% el uso de agroquímicos, gracias a la precisión con la que se dosifica cada aplicación.

Qué se puede hacer hoy con un dron agrícola, el catálogo de usos

Los usos ya no se limitan a la fumigación. Los equipos disponibles en el mercado chileno —principalmente de las marcas DJI (modelos T50 y T100) y XAG (P100 y XPlanet)— permiten aplicar fungicidas, fertilizantes granulados y semillas, además de dispersar agentes biológicos utilizados en el control de plagas mediante enemigos naturales de frutales y otros cultivos. Los drones de mayor capacidad, con estanques de hasta 100 litros, generan además un flujo de aire más potente que mejora la penetración de la aplicación hacia el interior de la copa de los árboles, con buenos resultados reportados en paltos y frutales de hoja caduca.

En paralelo, los drones equipados con cámaras y sensores se utilizan para monitorear la salud de los cultivos, detectar focos de plagas o enfermedades antes de que se extiendan, y levantar información sobre las dimensiones y condiciones del terreno, lo que permite ajustar el riego de forma más precisa y ahorrar agua adicional en esa etapa del proceso productivo.

Ventajas más allá de la eficiencia

Uno de los argumentos que más peso ha ganado entre los productores es la seguridad laboral: al operar los equipos de forma remota, se reduce de manera significativa el contacto directo de los trabajadores con los agroquímicos durante la aplicación. A eso se suma la posibilidad de programar rutas de vuelo autónomas en horarios específicos —incluso con poca luz, gracias a dispositivos infrarrojos— lo que permite trabajar de forma más flexible frente a las ventanas climáticas favorables para cada tipo de aplicación.

Un marco regulatorio que ya existe

En Chile, los servicios de fumigación y aplicación agrícola con drones operan bajo la regulación de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), que exige a las empresas del rubro cumplir con protocolos específicos de operación para garantizar la seguridad del espacio aéreo utilizado. La existencia de un marco regulatorio ya consolidado ha sido, según actores del sector, uno de los factores que facilitó la proliferación de empresas especializadas en fumigación y agricultura de precisión con drones a lo largo del país durante los últimos años.

Un mercado que sigue creciendo

La oferta de servicios de drones agrícolas se ha diversificado con fuerza en Chile, con empresas especializadas operando desde la Región Metropolitana hasta zonas australes, muchas de ellas enfocadas en fruticultura de exportación —paltos, cerezos, vides— además de cultivos tradicionales, hortalizas y plantaciones forestales. La llegada de equipos de mayor capacidad, capaces de cargar entre 40 y 100 litros o kilos de insumo, ha permitido escalar el uso de esta tecnología hacia predios de mayor tamaño, algo que hace pocos años todavía era una limitante frente a la maquinaria terrestre convencional.

Lo que viene

Con una industria agroexportadora que enfrenta presiones crecientes en el uso eficiente del agua —un recurso cada vez más escaso en buena parte del territorio agrícola chileno— y una necesidad constante de reducir costos operativos, todo indica que la adopción de drones seguirá expandiéndose en los próximos años, tanto en fumigación y fertilización como en monitoreo satelital y de precisión, dos frentes donde la tecnología todavía tiene margen para seguir integrándose a la forma en que Chile produce sus alimentos.