Los medicamentos para pérdida de peso conocidos como agonistas del GLP-1 —popularizados bajo marcas como Ozempic o Wegovy— dejaron de ser solo un fenómeno de salud pública para convertirse en una fuerza estructural capaz de reordenar qué cultivos siembra el mundo y en qué cantidad. Según estimaciones del banco de inversión JPMorgan, estos fármacos podrían generar una reducción de ingresos de entre US$30.000 y US$55.000 millones al año para la industria de alimentos y bebidas hacia el período 2030-2034, con los consumidores que los usan reduciendo su ingesta de calorías en un 21% y su gasto en supermercado en un 31%.
Un fenómeno que ya dejó de ser marginal
Según una encuesta de la consultora FTI Consulting realizada en la primavera de este año, cerca del 18% de los adultos estadounidenses ya usa algún medicamento GLP-1, frente a un 14% el año anterior, con la franja etaria de 35 a 54 años liderando la adopción con un 23%. Más de la mitad de los adultos de Estados Unidos —unos 137 millones de personas— califican médicamente para acceder a estos tratamientos, y su uso solo debería seguir creciendo a medida que las versiones orales, más baratas y accesibles, lleguen al mercado estadounidense este año y al europeo en 2027, con caídas de precio de hasta 50%. Algunas proyecciones estiman que hasta 30 millones de estadounidenses podrían estar bajo tratamiento hacia 2030.
Cómo cambia la alimentación de quienes los usan
Los datos de consumo muestran un patrón consistente entre distintos estudios. Según un análisis presentado en la Universidad de California, Davis, quienes usan estos medicamentos consumen 55% más frutas y verduras, 65% menos bebidas azucaradas y 62% menos alcohol. Otro análisis de mercado calcula que la reducción total de ingesta calórica bordea el 30%, impulsada tanto por la supresión del apetito como por una digestión más lenta. Categorías como snacks, repostería dulce, confites y alcohol son, según el banco holandés ING, las más expuestas a esta caída de consumo, mientras el gasto en agua funcional y bebidas con propósito específico crece en paralelo.
El impacto también llega a la industria gastronómica: según datos citados por CNBC, el tráfico de comensales en horario de cena cayó 6% entre usuarios regulares de estos medicamentos, un 45% reporta beber menos alcohol, y cerca de un 70% dice comer menos snacks entre comidas, de acuerdo a una encuesta de la consultora EY-Parthenon.
El impacto que ya llega hasta el campo
El efecto no se queda en las góndolas del supermercado. Según un análisis del Centro de Productos de la Universidad Estatal de Michigan, los cultivos extensivos enfrentarán la mayor caída de demanda proyectada, particularmente maíz, soya, azúcar y papa, materias primas fuertemente asociadas a alimentos ultraprocesados, azucarados y salados. La menor demanda de alimentos, advierte el mismo análisis, terminará traduciéndose en menores precios para los agricultores de estos commodities, lo que hará que las exportaciones cobren aún más relevancia para sostener sus precios.
La demanda de lácteos y de la mayoría de las carnes también debería reducirse, presionando a los productores ganaderos, aunque con matices importantes según especie: la avicultura, y en particular la producción de huevos, aparece como uno de los segmentos menos afectados, gracias a su buena relación de proteína frente a grasa. En el otro extremo, la demanda de frutas y la mayoría de las hortalizas se proyecta al alza, en línea directa con el cambio de hábitos alimenticios que muestran los propios usuarios de estos fármacos.
La industria de alimentos ya está reaccionando
Frente a esta presión, las procesadoras de alimentos ya comenzaron a rediseñar su oferta. Ejecutivos de compañías como Mondelez reconocen que la creciente demanda por proteína ya está beneficiando líneas como las barras Clif y Builders, mientras firmas de consultoría especializadas en la industria recomiendan a productores y marcas rediseñar sus portafolios hacia porciones más pequeñas, alta densidad de proteína y fibra, y propuestas de valor centradas en la saciedad y la calidad nutricional, más que en el volumen. Según FTI Consulting, este ya no es un fenómeno pasajero: se trata, según sus propias palabras, de un “factor estructural de largo plazo” que la industria deberá seguir asumiendo a medida que la penetración de estos medicamentos siga en aumento.
Una oportunidad y un desafío al mismo tiempo para el agro mundial
Para el sector agrícola global, el fenómeno plantea un escenario de dos velocidades muy distintas: presión a la baja sobre los commodities tradicionales asociados a productos ultraprocesados, y una oportunidad concreta de crecimiento para cultivos de mayor densidad nutricional —frutas, hortalizas frescas, proteínas de alta calidad como huevo y pescado— que hoy ya muestran señales de mayor demanda. Para países exportadores de fruta fresca y proteína animal, entender este cambio de fondo en los hábitos de consumo de sus principales mercados de destino podría convertirse, en los próximos años, en una ventaja competitiva tan relevante como el clima o el tipo de cambio.
Fuentes: JPMorgan, FTI Consulting, Food Dive, UC Davis (Innovation Institute for Food and Health), Michigan State University (Product Center), ING (vía Vespertool), CNBC, Terrain Ag, Marriner Marketing.
por José Rios
