Cada manzana o kiwi que compramos en el supermercado suele llevar una pequeña etiqueta adhesiva, la que indica el precio, el código PLU o la variedad. Durante décadas, esas etiquetas fueron hechas de plástico convencional, contaminando silenciosamente los sistemas de compostaje domésticos e industriales cada vez que alguien tira la cáscara de una fruta junto con su sticker. Ese pequeño pero masivo problema ambiental está empezando a resolverse, con grandes marcas exportadoras migrando hacia etiquetas 100% compostables.

Por qué un sticker tan pequeño genera tanto problema

El desafío de las etiquetas de fruta convencionales no es menor: según explican especialistas en empaques sustentables, estos adhesivos plásticos terminan mezclados con los residuos orgánicos en los sistemas de compostaje, contaminando el proceso, aumentando los costos de procesamiento y dejando fragmentos de plástico directamente en el suelo. El problema se agrava por su escala: se trata de miles de millones de pequeñas etiquetas circulando diariamente por el sistema alimentario mundial, cada una destinada casi siempre a la basura o, peor aún, al compost, sin que la mayoría de los consumidores repare en que no se degradan.

Zespri, el gigante del kiwi que decidió cambiar todas sus etiquetas

Uno de los casos más relevantes es el de Zespri, la comercializadora neozelandesa de kiwis más grande del mundo, que se asoció con la empresa de tecnología de etiquetado Sinclair para lanzar una nueva etiqueta compostable, certificada tanto para compostaje doméstico como industrial por organismos independientes como TÜV Austria, ABA y Din Certco. Según Colin Woodward, CEO de Sinclair, “nos enorgullece presentar la etiqueta de fruta compostable de mejor desempeño, certificada como ‘producto terminado’ por TÜV Austria, ABA y Din Certco”, agregando que la compañía planea migrar toda su producción de fruta hacia este tipo de etiqueta durante el próximo año.

Sinclair no es nueva en este terreno: lanzó su primera etiqueta compostable en 2014, y en 2019 se convirtió en la primera empresa del rubro en obtener la certificación OK Compost para un producto terminado. Hoy, sus etiquetas compostables ya se usan comercialmente en manzanas, kiwis, paltas, peras y naranjas.

Una carrera que ya no es solo voluntaria

El giro hacia etiquetas compostables dejó de ser exclusivamente una decisión de marketing verde para convertirse, en varios mercados, en una exigencia regulatoria. La Unión Europea, a través de su nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases (PPWR), avanza hacia hacer obligatorias las etiquetas compostables en frutas y verduras. Países como Francia, Nueva Zelanda y Australia ya comenzaron a implementar normativas que restringen la importación de productos frescos sin etiquetas de código PLU completamente compostables, lo que obliga a los exportadores de todo el mundo —incluido Chile— a adaptarse si quieren seguir vendiendo en esos mercados.

Otras compañías del sector avanzan en la misma dirección: Coveris, en alianza con la firma israelí TIPA, desarrolló una película compostable capaz de adherirse con firmeza incluso a superficies húmedas o texturizadas como manzanas, cítricos, kiwis y paltas. La china YiTo Pack, por su parte, fabrica etiquetas biodegradables a partir de PLA (ácido poliláctico, un bioplástico compostable), celofán y papel, adaptadas a decenas de frutas distintas, desde manzanas hasta mangos.

El desafío técnico detrás de un sticker que parece simple

Lograr una etiqueta compostable que funcione igual de bien que una convencional no es trivial. Según especialistas en la materia, el adhesivo debe funcionar correctamente sobre superficies tan distintas como la piel lisa de una manzana, la cáscara rugosa de una naranja o la superficie vellosa de un kiwi, manteniéndose adherido durante todo el proceso de empaque, transporte y venta, pero desprendiéndose con facilidad para el consumidor sin dejar residuos de pegamento. Además, la certificación de “compostable” no depende de un solo componente: la etiqueta completa —material base, adhesivo y tintas— debe superar pruebas de laboratorio en conjunto para obtener certificaciones reconocidas como OK Compost Home, bajo el estándar europeo EN 13432.

Un cambio pequeño, con impacto a gran escala

El paso hacia etiquetas de fruta compostables ejemplifica cómo un objeto casi invisible en la vida diaria de un consumidor puede representar un problema ambiental de escala global, y cómo su solución puede llegar tanto de la innovación voluntaria de la industria como de la presión regulatoria de los mercados más exigentes. Para los exportadores de fruta de países como Chile, que dependen fuertemente de mercados como la Unión Europea, adaptarse a este estándar dejará de ser una opción de sustentabilidad y se convertirá, cada vez más, en una condición de acceso al mercado.

Fuentes: The Packer, Sustainable Packaging Coalition, Sustainable Market Farming, The Cool Down, TIPA, Sinclair, YiTo Pack, Naturpac, Dirt Magazine.

por Juan Lagos