La reforestación con drones llegó a los bosques quemados y campos degradados de Argentina, con cápsulas de semillas nativas que se lanzan desde el aire y alcanzan lugares donde casi nadie puede caminar.

La reforestación con drones ya no es una promesa lejana. En Argentina, una empresa de Tucumán lanza desde el aire cápsulas biodegradables con semillas nativas sobre campos degradados y bosques quemados, incluso en lugares donde no se puede llegar caminando. Se llama ReForest Latam y trabaja hoy en tres países.

Una restauración que partió con tres hectáreas

Los fundadores son Damián Rivadeneira y Paula Gianserra. Empezaron restaurando tres hectáreas de bosque en su Tucumán natal. Poco después, un incendio en el norte de Salta arrasó unas 50.000 hectáreas, y ahí decidieron dedicarse de lleno al tema. Hoy la empresa tiene certificación Empresa B, un equipo de unos 12 especialistas y ya recibió inversión: una ronda de más de US$1 millón liderada por el fondo iThink VC y, en 2026, un nuevo aporte de Mercy Corps Ventures.

El problema que enfrentan es enorme. Según el World Resources Institute, unos 300 millones de hectáreas de bosques de América Latina están degradados, y otros 350 millones aparecen como deforestados. Esas cifras son de 2016, pero muestran la escala. Plantar a mano árbol por árbol, con cuadrillas y vehículos, no alcanza.

Cómo funciona la reforestación con drones

La tecnología se basa en unas cápsulas llamadas iSeeds. Son solubles en agua y compostables, y se diseñan para cada especie y cada lugar. Llevan semillas nativas tratadas con microorganismos, fibras orgánicas, nutrientes y extractos botánicos con efecto insecticida. Según la empresa, así germinan mucho mejor que una semilla suelta.

Antes de volar, el equipo analiza el terreno con imágenes de satélite y sensores. Con eso identifica microambientes, como zonas de sol o de sombra, y decide qué cápsula va en cada punto. Luego los drones autónomos las dispersan. Cada aparato puede cargar semillas y volar hasta 27 kilómetros para reabastecerse, y planta miles de árboles por vuelo.

La empresa asegura que el método es hasta 20 veces más rápido que el tradicional y que cuesta una quinta parte. Para comparar, estima el costo medio de restaurar una hectárea en la región en unos US$7.000. También afirma que la efectividad llega a ser hasta 25 veces mayor que la regeneración natural asistida, con resultados validados en Brasil. Son cifras de la propia compañía, sin verificación independiente.

Sus clientes son empresas con pasivos ambientales, como mineras y constructoras de infraestructura, propietarios de tierras que quieren recuperar valor natural y gobiernos que deben cumplir compromisos de descarbonización. La empresa también ganó premios internacionales, entre ellos un primer lugar en los Green Solutions Awards, en Israel, y fue seleccionada en la COP28 como iniciativa clave para bajar emisiones.

Proyectos en el Chaco, la Patagonia y más allá

Hasta ahora, la empresa ha trabajado en más de 400 hectáreas en Argentina y Brasil, según un balance de enero de 2025, y ha probado 51 especies nativas. En 2026 ya reporta 14 proyectos en Argentina, Bolivia y Brasil, y el siguiente paso es Paraguay. En Bolivia, los incendios de 2023 quemaron cerca de 12 millones de hectáreas, lo que vuelve urgente la restauración.

En el Gran Chaco, junto a The Nature Conservancy y con apoyo de la Fundación John Deere, un piloto abarca 13 hectáreas de campos degradados en Tostado (Santa Fe) y Bandera (Santiago del Estero). La meta es sembrar 8.000 árboles nativos por vía aérea, entre ellos algarrobo blanco, palo borracho, guayacán y quebracho colorado. El proyecto mayor apunta a plantar 100.000 árboles. Aún no hay resultados: las parcelas de control se revisan cada 45 días y el establecimiento de las plantas se evaluará unos 120 días después de los vuelos.

En la Patagonia, la meta es restaurar 200 hectáreas de bosque de pehuenes (araucarias) en el Parque Nacional Lanín, afectadas por los incendios que quemaron más de 60.000 hectáreas de bosque nativo el verano pasado. El piloto cubrió 40 hectáreas con piñones locales tratados para mejorar su germinación. Guardaparques llevaron unos 300 kilos de semillas a caballo hasta zonas de difícil acceso. En el proyecto participan la Administración de Parques Nacionales, comunidades mapuche, científicos del CONICET y organizaciones locales.

México y España también siembran desde el aire

La idea no es solo argentina. En México, la Jornada Nacional de Reforestación sumó drones como herramienta complementaria para dispersar semillas en 12 sitios de 11 estados, con zonas mapeadas y seguimiento satelital.

En España, la empresa IDForest, junto con CO2 Revolution, patentó una forma de encapsular semillas forestales con hongos micorrízicos, arcilla que retiene agua de lluvia y un repelente para que los animales no se las coman. Según sus desarrolladores, un dron puede sembrar hasta 100 hectáreas de bosque quemado en un día, con unos dos kilos de semilla por hectárea. En una zona de Pontevedra quemada en 2006, 2016 y 2017, reportaron una eficiencia superior a 50%.

Árboles vivos, no semillas lanzadas

Sembrar desde el aire es rápido, pero lo que cuenta es cuántas plantas siguen en pie después de uno o dos años. Por eso los controles en el Chaco y en Lanín importan tanto. Si los resultados confirman lo que promete la reforestación con drones, los productores y las empresas con pasivos ambientales tendrán una forma más barata de recuperar suelos y bosques que hoy parecen inalcanzables. Si no, seguirá siendo una herramienta útil, pero limitada, entre muchas otras.

La Nación, Forbes Brasil, ImpactAlpha, The Nature Conservancy, El Desconcierto, Noticias NQN, World Resources Institute, N+ y Montevideo Portal

por José Rios