Molagri, una startup de Toronto, levantó US$5,8 millones para desarrollar biopesticidas de precisión que apunten a plagas específicas y puedan actualizarse cuando estas se vuelven resistentes, aunque la tecnología está en etapa temprana y no tiene datos de campo.

En Toronto, Canadá, una startup fundada en 2026 apuesta por resolver uno de los problemas más persistentes de la protección de cultivos: plagas que se vuelven resistentes a los insecticidas. Se llama Molagri y, según el medio especializado AgFunderNews, que lo informó el 14 de octubre de 2026, reunió US$5,8 millones entre sus rondas preseed y semilla para desarrollar biopesticidas de precisión, diseñados para actuar sobre insectos específicos y adaptarse cuando estos desarrollan resistencia. Para el agro de habla hispana, donde frutales y frutos secos comparten varias de esas plagas, es una señal de hacia dónde se mueve la investigación, aunque ningún producto está cerca de llegar al campo.

Quiénes están detrás y quién la financia

Molagri la fundaron Zaky Hassan, director ejecutivo, y Min Jin, directora científica, dos doctorandos de la Universidad de Toronto que trabajaron juntos seis años estudiando cómo interactúan los virus con las células, según Y Combinator. La startup integró el lote de verano de 2026 de esa aceleradora y, según BetaKit, desarrolló la idea de forma independiente de la universidad. La ronda semilla la lideró Convective Capital, con la participación de Superorganism, Y Combinator, Julian Capital y ángeles inversionistas como Paul Graham, cofundador de Y Combinator. BetaKit había informado antes un preseed de US$1 millón de Julian Capital y Y Combinator, por lo que la cifra de US$5,8 millones agrupa ambas etapas.

Cómo funcionarían los biopesticidas de precisión

La plataforma se basa en partículas similares a virus (VLP, por su sigla en inglés), no infecciosas, que la plaga ingiere. Las proteínas de su superficie están diseñadas para reconocer receptores del intestino del insecto y, una vez dentro de sus células, las partículas entregan ARN mensajero que lleva al propio insecto a producir una toxina que lo mata. Según la empresa, los polinizadores y otros insectos benéficos no tienen ese receptor y no resultarían afectados. Molagri ya usó microscopía crioelectrónica para determinar la estructura de un receptor de abejas y buscar diferencias con el de las plagas, pero Hassan reconoció que aún no demostró esa selectividad en condiciones comerciales de campo. Su meta, dijo, es que la carga sea segura para abejas, benéficos y vertebrados incluso sin la entrega selectiva de las partículas, una afirmación de la empresa. La idea es fabricar las partículas con fermentación en levaduras.

La idea de actualizar un pesticida

Hoy, cuando una plaga se vuelve resistente, suele ser necesario reemplazar el producto. Molagri propone mantener el sistema de entrega y cambiar solo la pieza que apunta a la plaga o la que la mata: si el insecto muta el receptor, se rediseña la proteína que lo reconoce; si resiste a la toxina, se cambia la carga por otra con un mecanismo distinto. Además, quiere monitorear poblaciones de insectos para anticipar mutaciones de resistencia y rotar modos de acción. El modelo depende de los reguladores: si cada versión actualizada debe pasar por un registro completo como pesticida nuevo, gran parte de la ventaja se pierde, y la empresa dice que explora un enfoque de revisión más simple. Y Combinator presenta a Molagri como una empresa de pesticidas libres de resistencia, pero un análisis de Runtime Wire señala que esa etiqueta va más allá de lo que establece su descripción técnica y que la arquitectura modular no hace desaparecer la evolución de las plagas.

Un problema conocido para el agro

La base de datos de resistencia de artrópodos a plaguicidas de la Universidad Estatal de Michigan registra más de 17.000 casos de resistencia en 612 especies, según su investigador David Mota-Sánchez, con datos hasta 2020. Uno de los blancos que Molagri menciona es la polilla de la manzana (Cydia pomonella), plaga seria de manzanos, perales y nogales, según el programa de manejo integrado de plagas de la Universidad de California; una revisión de 2024 en Frontiers in Horticulture señala que tiene una fuerte capacidad de resistencia a insecticidas sintéticos y naturales. En Chile, un estudio de 2010 de investigadores de la Pontificia Universidad Católica analizó su dispersión en huertos de manzanos de la zona central y concluyó que un manejo a escala de zona debía incluir los hospederos no comerciales, y que la presión de selección por resistencia se diluye con la llegada de polillas susceptibles desde sitios sin manejo. El otro blanco inicial es el gusano del ombligo (Amyelois transitella), plaga de almendros y pistachos, que según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria se presenta en América del Norte, Central y del Sur.

Qué falta para llegar al campo

La tecnología está en etapa temprana. Molagri determinó estructuras de receptores de insectos y desarrolla sus primeras partículas para pruebas, consiguió una carta de intención de un productor, amplió su laboratorio en Toronto con instalaciones de biomanufactura y cultivo de tejidos y presentó una patente provisional. Aún no están establecidos el desempeño comercial, los costos de fabricación, la estabilidad de la formulación ni la eficacia en campo. El mercado inicial son los frutales y frutos secos, con foco en California, según BetaKit, y a largo plazo maíz y canola. El modelo de negocio sigue en definición, con el licenciamiento a grandes empresas de protección de cultivos como una de las opciones.

Lo que esto deja para los productores

Para los productores, la noticia no cambia lo que hoy pueden aplicar en el campo: Molagri está lejos de tener un producto y, si algún día lo tuviera, cada país tendría que autorizarlo con sus propios registros, un tema que el artículo no aborda. Lo que sí deja son tres preguntas para seguir de cerca: si los ensayos de campo confirman que los polinizadores quedan a salvo, cómo reaccionan los reguladores ante un producto que se rediseña sobre la marcha y cuánto costaría que llegara a quien produce. Mientras tanto, la resistencia sigue siendo un problema de manejo, y los biopesticidas de precisión de Molagri son, por ahora, una apuesta financiada con capital semilla que tendrá que probarse donde de verdad importa: en el campo.

AgFunderNews, BetaKit, Y Combinator, Runtime Wire, Scientia, Programa de Manejo Integrado de Plagas de la Universidad de California, Frontiers in Horticulture, Environmental Entomology, Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y Bulletin of Insectology.

por Juan Lagos