Frente a la escasez hídrica estructural que enfrenta el país, la desalación y el reúso de aguas han comenzado a consolidarse como alternativas reales para el abastecimiento hídrico del agro chileno. Aunque históricamente estas soluciones se asociaron a la minería y al consumo urbano, hoy empresas privadas están impulsando proyectos que abren nuevas oportunidades para la agricultura, especialmente en zonas con alta presión sobre las cuencas.
El avance de estas inversiones refleja un cambio de enfoque: el agua ya no se concibe solo como un insumo crítico, sino como un activo estratégico, donde la seguridad de suministro se vuelve clave para sostener la producción agrícola de mediano y largo plazo.
Empresas que están liderando proyectos de desalación
Uno de los proyectos empresariales más relevantes es el desarrollo de plantas impulsadas por Cox Energy junto a Green Atacama, iniciativa que contempla dos grandes plantas desaladoras en el norte de Chile. Si bien estos proyectos tienen un enfoque multipropósito, incluyen la provisión de agua para actividades productivas, entre ellas el riego agrícola.
Estas inversiones destacan por integrar energías renovables, principalmente solar, reduciendo el costo energético del proceso de desalación y mejorando su viabilidad para usos distintos a la minería.
Modelos mixtos: industria y agricultura compartiendo infraestructura
Un caso concreto de abastecimiento agrícola con agua desalada es el de CAP S.A., a través de su filial AguasCAP, operada junto a Mitsubishi Corporation.
Esta planta, ubicada en la Región de Atacama, fue diseñada inicialmente para la industria minera, pero hoy suministra agua también a agricultores del sector de Mal Paso, convirtiéndose en uno de los pocos ejemplos en Chile donde la desalación beneficia directamente al agro.
Este modelo mixto aparece como una de las fórmulas más viables para el sector agrícola, al permitir compartir costos de inversión y operación entre distintos usuarios.
El rol del sector privado del agua
De acuerdo con la Asociación Chilena de Desalación y Reúso, Chile cuenta con decenas de proyectos de desalación en operación o desarrollo, con inversiones privadas que superan los miles de millones de dólares. Aunque la mayoría está vinculada a minería y agua potable, el interés por el uso agrícola ha ido en aumento, especialmente en regiones con fuerte vocación exportadora.
Empresas de ingeniería y operación del ciclo del agua, como Sacyr Agua, han comenzado a posicionarse en el país, creando un ecosistema empresarial con capacidades técnicas que podrían adaptarse a proyectos de riego a gran escala.
Reúso de aguas: una oportunidad más cercana para el agro
A diferencia de la desalación, el reúso de aguas tratadas ha mostrado una adopción más rápida en el sector agrícola. Empresas agroindustriales y asociaciones de productores han invertido en plantas de tratamiento propias, permitiendo reutilizar aguas residuales en riego tecnificado, especialmente en cultivos forrajeros y frutales.
Este enfoque presenta menores costos operativos y una implementación más directa, lo que lo convierte en una solución atractiva para productores medianos y grandes que buscan reducir su dependencia de fuentes tradicionales.
Costos, barreras y decisiones estratégicas
Pese al avance empresarial, el uso de agua desalada en agricultura sigue enfrentando desafíos. Los costos de inversión, la infraestructura de conducción y la regulación vigente limitan su adopción masiva en pequeños productores. Por ello, los expertos coinciden en que el futuro del agro estará marcado por decisiones estratégicas de largo plazo, donde asegurar agua puede ser tan relevante como elegir el cultivo.
En este contexto, la desalación y el reúso comienzan a verse no solo como soluciones de emergencia, sino como parte de una nueva lógica productiva, especialmente para proyectos agrícolas intensivos y orientados a la exportación.
Un nuevo escenario para el agro chileno
Las inversiones privadas en desalación y reúso de aguas están redefiniendo el debate hídrico en Chile. Aunque el camino aún es incipiente, los modelos empresariales en desarrollo muestran que la seguridad hídrica puede transformarse en una ventaja competitiva para el agro chileno.
A medida que estas soluciones maduren y se integren a esquemas productivos más amplios, el desafío será conectar capital, tecnología y agricultura, asegurando que el acceso al agua no sea una limitante, sino un habilitador del desarrollo agrícola futuro.
