por Constanza Téllez Román
La megarreforma del gobierno de José Antonio Kast completó esta semana su tramitación en lo esencial, tras el respaldo de la Cámara de Diputados. Queda un artículo en comisión mixta y un requerimiento de la oposición ante el Tribunal Constitucional, pero el grueso de la Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social ya es, en la práctica, la nueva cancha en la que jugará la economía chilena. Para el mundo agrícola, esa cancha importa más de lo que suele reconocerse en el debate de la capital.
El proyecto reduce en forma gradual el impuesto de primera categoría del 27% al 23%, acercando a Chile al promedio de la OCDE. Incorpora, además, un régimen de invariabilidad tributaria de hasta 25 años para inversiones sobre US$50 millones —con una sobretasa de 1,5%— que incluye explícitamente proyectos forestales entre los sectores elegibles, junto a minería, energía e infraestructura. Y elimina las contribuciones para los mayores de 65 años en su primera vivienda. Son las tres piezas centrales; el resto es letra fina que se discutirá en el reglamento.
Aquí es donde la discusión suele quedarse corta. La invariabilidad tributaria no es un beneficio abstracto para la gran minería: es, potencialmente, la primera señal de certeza jurídica de largo plazo para la inversión forestal y agroindustrial en años. Un proyecto de riego a gran escala, una planta desaladora, una inversión en procesamiento de fruta o en infraestructura de exportación, hoy compiten por capital con otros países que ya ofrecen ese tipo de garantías. Que Chile lo incorpore —aunque sea con una prima de 1,5%— cambia la conversación con el inversionista extranjero que mira al agro chileno con potencial, pero también con cautela.
Y esa cautela tiene motivos concretos, que el sector conoce mejor que nadie: el último seminario de la Sociedad Nacional de Agricultura sobre la temporada 2026-2027 dejó un diagnóstico gremial sin adornos —alza de costos laborales, energéticos y de insumos, y una desaceleración económica que obliga a “enfrentar con realismo” los desafíos productivos. La lechería lleva tres años de crecimiento sostenido, el sector ganadero vive un ciclo favorable de precios, pero la masa ganadera nacional cayó 35% en dos décadas y los gremios piden trazabilidad obligatoria a la carne importada de Brasil y Paraguay para competir en igualdad de condiciones. A eso se suma el frente climático: el reciente sistema frontal dejó pérdidas agrícolas por unos US$400 millones en la zona centro-sur, con daños en cítricos, paltos e infraestructura de riego.
Ese es el contexto real en que aterriza la reforma para el campo: una baja de impuesto corporativo y una ventana de certeza tributaria de largo plazo son bienvenidas, pero no sustituyen la urgencia de resolver el agua, el clima y el costo de producción, que siguen pesando más que la carga tributaria a la hora de decidir si se invierte o no en un predio, un packing o un tranque.
La reforma es, sin duda, el triunfo legislativo más relevante del gobierno de Kast hasta ahora. Pero conviene no perder de vista dos matices. Primero, el propio Ejecutivo corrigió a la baja su proyección de crecimiento, de 4% a 3,5% anual hacia 2030: es un impulso, no un despegue. Segundo, la impugnación ante el Tribunal Constitucional de la invariabilidad tributaria por parte de la oposición —justamente la norma que más interesa a quien evalúa una inversión agroindustrial de largo aliento—. Si el TC la objeta, la certeza jurídica que el sector esperaba podría quedar, otra vez, en suspenso.
La megarreforma ordena la variable tributaria y abre una puerta de estabilidad para quien quiera invertir en el agro a gran escala. Es una buena noticia pero el sector agrícola chileno no necesita solo menos impuestos: necesita agua, infraestructura de riego, previsibilidad climática y reglas claras frente a la competencia importada. Ninguna reforma tributaria, por ambiciosa que sea, resuelve eso por sí sola. La pregunta que le queda al campo no es si esta reforma ayuda —probablemente sí—, sino si el resto de la agenda pública estará a la altura de lo que el sector realmente necesita para crecer.
