El uso eficiente del agua vuelve a posicionarse como un tema central para el desarrollo del agro chileno. En un escenario marcado por el cambio climático y la presión sobre la producción de alimentos, el sector agrícola insiste en la necesidad de avanzar hacia una gestión hídrica más estratégica y de largo plazo.
Recientes declaraciones difundidas por la Sociedad Agrícola del Bío Bío (SOCABÍO) reactivaron la discusión sobre cómo Chile utiliza sus recursos hídricos y territoriales. Desde el mundo gremial advierten que el país aún no aprovecha todo su potencial productivo.
El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, señaló que solo un 2,4 % del territorio nacional se destina a cultivos. A su juicio, el principal desafío no es únicamente la escasez de agua, sino su gestión e infraestructura, considerando que una parte relevante del recurso termina llegando al mar sin uso productivo.
Según plantean desde el sector, inversiones en embalses, recarga de acuíferos y tecnificación del riego permitirían ampliar la superficie regada y fortalecer la seguridad alimentaria. Estas medidas resultan clave frente al aumento de eventos climáticos extremos.
Gestión hídrica y eficiencia productiva
La agricultura concentra cerca del 70 % del consumo de agua en Chile, lo que refuerza la urgencia de mejorar la eficiencia. Tecnologías como el riego por goteo, la agricultura de precisión y los sensores de humedad han demostrado reducir pérdidas y aumentar la productividad por hectárea.
Especialistas coinciden en que el desafío no se limita a incorporar tecnología. También requiere mejor planificación, coordinación público-privada y un marco regulatorio adaptado a la nueva realidad climática.
Cambio climático y nuevos territorios productivos
El cambio climático ya está modificando la geografía agrícola del país. Diversos cultivos han comenzado a desplazarse hacia zonas más australes, lo que abre oportunidades productivas, pero también exige infraestructura adecuada y una planificación territorial acorde.
Desde los gremios agrícolas sostienen que el desarrollo del sector debe abordarse como un desafío país. La meta es clara: producir más alimentos, con mayor eficiencia y sostenibilidad, en un contexto de creciente presión sobre los recursos naturales.
