Desde que se comercializó el primer cultivo modificado genéticamente en 1996, la biotecnología agrícola pasó de ser una promesa científica a un pilar medible de la producción mundial de alimentos. El análisis más completo y citado sobre su impacto acumulado —elaborado por la consultora británica PG Economics— confirma aumentos de ingresos para los agricultores, reducciones significativas en el uso de pesticidas y una menor huella de carbono, sostenidos durante más de dos décadas.
El respaldo de largo plazo: el informe de PG Economics
El estudio más citado a nivel mundial sobre los efectos socioeconómicos y ambientales de los cultivos biotecnológicos es el elaborado periódicamente por el economista agrario Graham Brookes, de la consultora PG Economics. Su edición más reciente con alcance global, publicada en julio de 2020, analiza el período 1996-2018, es decir, los primeros 23 años de adopción comercial de esta tecnología. Según ese informe, los agricultores que sembraron cultivos genéticamente modificados aumentaron sus ingresos en casi US$19.000 millones solo durante 2018, lo que representa un retorno de US$4,42 por cada dólar adicional invertido en esta tecnología.
En el acumulado de los 23 años analizados, el estudio atribuye a la biotecnología agrícola una producción global adicional de 278 millones de toneladas de soja y 498 millones de toneladas de maíz, cifras que no se habrían alcanzado bajo un sistema de producción exclusivamente convencional con el mismo uso de tierra.
Menos pesticidas, no más
Uno de los hallazgos que más ha circulado del informe —y que suele sorprender frente a la percepción pública sobre estos cultivos— es la reducción neta en el uso de pesticidas. Entre 1996 y 2018, los cultivos modificados genéticamente redujeron la aplicación de productos fitosanitarios en 776 millones de kilogramos, una disminución global del 8,6%, equivalente a más de 1,6 veces el uso anual total de plaguicidas de toda China según ese mismo análisis. Como resultado combinado de ese menor uso de insumos y de prácticas asociadas como la reducción de la labranza, el estudio calcula que el impacto ambiental agregado de la agricultura, medido a través del indicador de impacto ambiental (EIQ), se redujo en un 19% durante ese período.
En materia de rendimiento agronómico, la tecnología Bt —que confiere resistencia a insectos— elevó los rendimientos promedio en 16,5% para el maíz y 13,7% para el algodón entre 1996 y 2018, considerando a todos los usuarios de la tecnología frente a sistemas convencionales equivalentes. En Sudamérica, los productores de soja Bt registraron un aumento promedio de rendimiento de 9,4% desde 2013.
El efecto sobre el clima
El informe también cuantifica un beneficio menos conocido: la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Solo durante 2018, la adopción de cultivos biotecnológicos evitó la emisión de 23.000 millones de kilogramos de dióxido de carbono, una cifra que el propio estudio equipara a retirar 15,3 millones de automóviles de circulación durante un año completo, gracias principalmente a la menor necesidad de labranza del suelo y al menor uso de combustibles fósiles asociado.
Un mercado que sigue expandiéndose
Más allá del análisis histórico de impacto, el mercado de la biotecnología agrícola continúa en expansión. Según estimaciones de mercado citadas por Agronews, el sector fue valorado en US$77.000 millones en 2023 y se proyecta que alcance los US$165.220 millones hacia 2031, con una tasa de crecimiento anual compuesta de 10,94%, impulsado en parte por tecnologías más recientes como la edición genética CRISPR, que permite desarrollar cultivos con mayor resistencia a enfermedades y mejores cualidades nutricionales sin necesariamente introducir material genético externo. En cuanto a superficie cultivada, los cultivos modificados genéticamente alcanzaron 206,26 millones de hectáreas a nivel mundial en 2023, un aumento de 2% respecto al año anterior.
Un dato de contexto importante
Vale la pena precisar que el informe de PG Economics de 2020 —con datos hasta 2018— es el análisis global integral más reciente y verificable disponible sobre el impacto acumulado de la biotecnología agrícola a nivel mundial. Actualizaciones más recientes existen a nivel de países específicos —Brasil, por ejemplo, publicó en 2018 un balance propio de sus primeros 20 años de adopción de esta tecnología— pero un informe global con la misma amplitud metodológica y actualizado a los últimos años no fue posible verificar en esta investigación.
Lo que viene
Con un mercado que sigue creciendo a doble dígito y nuevas herramientas como la edición genética ampliando el rango de aplicaciones más allá de la resistencia a plagas o herbicidas, la biotecnología agrícola parece haber consolidado, con tres décadas de evidencia acumulada, un rol estructural en cómo el mundo produce sus principales cultivos, incluso cuando el debate público sobre su aceptación social sigue, en varios países, lejos de estar cerrado.
por Juan Lagos
