Hace apenas tres décadas, el avellano europeo era un cultivo casi desconocido en Chile. Hoy las avellanas chilenas ubican al país como el segundo productor mundial, sus exportaciones se dispararon 471% en un año, y un ejecutivo de la industria proyecta que el negocio podría llegar a mover US$1.200 millones en la próxima década. Detrás de cada bombón, cada crema para untar y cada barra de chocolate premium que se vende en Europa, hay una posibilidad cada vez mayor de que la avellana sea chilena.
Las avellanas chilenas, de cultivo desconocido a segundo lugar mundial
Según cifras del Consejo Internacional de Frutos Secos (INC), Chile pasó de producir 61.100 toneladas en la temporada 2024/2025 a una proyección de 122.200 toneladas para 2025/2026, prácticamente duplicando su producción en un solo ciclo. El país ya cuenta con 70.000 hectáreas plantadas y proyecta llegar a 85.000 hectáreas hacia 2030, lo que —según estimaciones de la industria— podría llevar la producción nacional a superar las 200 mil toneladas, e incluso alcanzar las 300 mil toneladas de fruta con calidad de exportación hacia 2032. Ese volumen representaría entre 25% y 30% de toda la oferta mundial de avellanas.
Rodrigo Viñambres, presidente del Comité de Avellanos, es categórico respecto al lugar que ocupa el país: Chile se mantendrá como el segundo productor mundial de avellanas, pese a la creciente competencia de Estados Unidos, apoyado en el crecimiento sostenido de su superficie plantada. El liderazgo global, eso sí, sigue siendo de Turquía, que domina ampliamente el mercado con una proyección de 809.940 toneladas para la temporada 2026/27, un salto de 56% respecto al ciclo anterior.
El dato viral: cuatro avellanas por bombón
Casi toda la avellana chilena —un 99%— termina en la industria chocolatera, en productos como chocolates, cremas para untar y helados, a nivel mundial la confitería concentra el 75% del consumo total de avellanas. El dato que mejor ilustra esa demanda es tan simple como memorable: se necesitan cuatro avellanas para producir un solo bombón Ferrero Rocher. Con un mercado mundial que en 2026 alcanzará precios cercanos a US$14 por kilo, cada hectárea de avellanos bien manejada se ha convertido en uno de los activos agrícolas más rentables del sur de Chile.
Un cultivo hecho a la medida del Chile que viene
Más allá de la rentabilidad, el avellano tiene una ventaja que lo distingue de otros frutales de exportación: su bajísimo consumo de agua, de apenas 0,75 litros por segundo por hectárea, muy por debajo de lo que demandan especies como la cereza o la uva de mesa. Con un ciclo vegetativo de entre 190 y 220 días y rendimientos de entre 3.000 y 3.500 kilos por hectárea, el cultivo se perfila como una alternativa especialmente atractiva en un país que enfrenta estrés hídrico creciente en buena parte de su territorio agrícola.
Las regiones que están apostando fuerte
Ñuble se ha posicionado como una de las regiones líderes del país en este cultivo, mientras que en el sur, Los Lagos vive un boom exportador propio: entre enero y mayo de 2026, los envíos regionales de avellana europea crecieron 357,7%, con Italia y Brasil como principales destinos. La empresa osornina Nefuen Trading se transformó en referente nacional del sector gracias a su apuesta por innovación, tecnología y valor agregado. Su gerente, Jorge Mohr, proyecta que el negocio de las avellanas en Chile podría llegar a mover US$1.200 millones, duplicando la facturación actual de la industria durante la próxima década, con nuevas oportunidades en segmentos como los snacks saludables que permitirían llegar directamente a millones de consumidores.
Los números de las exportaciones ya lo confirman
El salto exportador ya es una realidad medible. Según cifras de distintos informes de comercio exterior de 2026, las exportaciones chilenas de avellanas alcanzaron los US$195 millones en el primer cuatrimestre del año, un alza de 84%, mientras que un informe posterior sobre exportaciones agroindustriales registró un salto aún más pronunciado, de 471% en el segmento. Entre enero y mayo, los envíos de avellana europea desde todo el país ya sumaban US$123 millones, con Italia, Francia, Polonia y Alemania como principales mercados de destino, y con India asomando como un mercado emergente de alto potencial para la región.
Lo que viene
Con Turquía todavía dominando ampliamente el mercado mundial y un consumo global que crece más lento que la producción, el desafío que reconoce la propia industria chilena no es solo seguir plantando hectáreas, sino vender mejor: producir con estándares superiores, diversificar compradores más allá de Europa, fortalecer la mecanización y mejorar el material vegetal. La temporada 2026/27 se perfila como clave para medir si Chile logra capturar realmente el peso que sus cifras de producción ya le garantizan en el mapa mundial de la avellana.
