ChileBio afirmó que el país tiene condiciones para liderar el desarrollo y validación de semillas editadas genéticamente. La oportunidad se apoya en investigación local, regulación vigente, capital humano y condiciones geográficas únicas para probar cultivos frente a sequía, heladas y enfermedades.
Una nueva industria comienza a tomar forma
Chile podría convertirse en un actor clave en el desarrollo de semillas editadas genéticamente.
Así lo planteó ChileBio, organización que agrupa a empresas de biotecnología agrícola, al destacar que el país reúne condiciones técnicas, regulatorias y productivas para avanzar en esta nueva industria. El foco está en el desarrollo de variedades vegetales con mejor rendimiento, mayor calidad nutricional y más resistencia a enfermedades o eventos climáticos extremos.
El tema no es menor. La agricultura enfrenta más sequías, heladas, nuevas plagas y mayores exigencias de productividad. En ese contexto, la edición genética aparece como una herramienta para acelerar el mejoramiento de cultivos y responder mejor a los desafíos del cambio climático.
Qué son las semillas editadas
Las semillas editadas genéticamente no son lo mismo que los organismos genéticamente modificados, conocidos como OGM o transgénicos.
La edición genética permite hacer cambios precisos en el ADN de una planta. En muchos casos, estos cambios imitan modificaciones que podrían ocurrir de forma natural, pero con mayor rapidez y control. ChileBio explica que la diferencia clave está en que las plantas editadas no incorporan ADN de otros organismos, a diferencia de los OGM.
Esta distinción es importante para la regulación, la inversión y la aceptación pública. También puede abrir una ruta más rápida para desarrollar nuevas variedades agrícolas.
Por qué Chile tiene ventaja
Chile cuenta con varias condiciones que lo hacen atractivo para este desarrollo.
Una de ellas es su diversidad geográfica. El país permite probar cultivos en ambientes muy distintos, desde zonas áridas hasta áreas con riesgo de heladas. Esa variedad resulta valiosa para evaluar tolerancia a sequía, frío, enfermedades y otros factores que afectan la producción.
Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, afirmó a Diario Financiero que Chile tiene potencial para convertirse en un “hub biotecnológico de semillas”, gracias a las investigaciones en curso, el marco regulatorio vigente y las condiciones geográficas para realizar pruebas.
El país también tiene experiencia en la industria semillera. Según ChileBio, en las últimas dos décadas Chile exportó más de US$ 2.396 millones en semillas biotecnológicas y ha cumplido un rol relevante en ensayos de I+D y multiplicación de semillas para mercados internacionales.
El rol de la regulación
La regulación aparece como un punto central.
Desde 2017, Chile cuenta con un marco del Servicio Agrícola y Ganadero para variedades vegetales desarrolladas mediante nuevas técnicas de mejoramiento genético, entre ellas la edición genética. Según ChileBio, este enfoque ha ayudado a posicionar al país como promotor de la innovación agrícola en la región.
Expertos del mundo científico, regulatorio y empresarial también han destacado la necesidad de contar con reglas claras y predecibles. En una jornada realizada en SOFOFA Hub, se planteó que la edición génica puede aportar a una agricultura más sostenible, resiliente y competitiva para Chile.
La certeza regulatoria puede marcar la diferencia. Sin reglas claras, la inversión se frena. Con un marco adecuado, las universidades, startups y empresas pueden avanzar con más confianza.
CRISPR acelera los tiempos
Una de las tecnologías más usadas en este campo es CRISPR.
Esta técnica permite editar zonas específicas del ADN de una planta. Según Sánchez, los sistemas CRISPR han permitido desarrollar nuevas variedades en plazos de dos a tres años, mucho menos que los tiempos habituales del mejoramiento tradicional.
Ese menor tiempo puede ser decisivo. La agricultura necesita adaptarse con rapidez a condiciones climáticas que cambian año a año.
Con edición genética, los investigadores pueden buscar plantas con mayor tolerancia a sequía, heladas o enfermedades. También pueden mejorar características como sabor, textura, aporte nutricional o vida poscosecha.
Seguridad alimentaria y cambio climático
La edición genética también se conecta con la seguridad alimentaria.
La producción agrícola global enfrenta pérdidas por clima, plagas, malezas y enfermedades. En la nota de Diario Financiero, Sánchez señaló que cerca del 30% de lo que se intenta producir en el campo termina perdiéndose. Por eso, plantea que se necesitan procesos de adaptación climática más rápidos.
Para Chile, este punto es especialmente relevante. El país produce alimentos para el mercado interno y para exportación. Además, enfrenta estrés hídrico, eventos extremos y presión por producir con menos recursos.
Las semillas editadas podrían apoyar una agricultura más eficiente. Pero su desarrollo debe avanzar con investigación seria, evaluación técnica y comunicación clara hacia los consumidores.
Startups y universidades entran al juego
La nueva industria no depende solo de grandes empresas.
En Chile ya existen universidades, centros de investigación y startups trabajando en nuevas variedades. Diario Financiero menciona que aún no hay productos en el mercado, pero sí hay investigación y desarrollo en curso.
Este punto abre una oportunidad para el ecosistema local. Si Chile logra conectar ciencia, inversión, agricultores, regulación y mercados, puede crear una nueva cadena de valor.
No se trata solo de producir semillas. También se pueden generar servicios de validación, ensayos de campo, propiedad intelectual, transferencia tecnológica y exportación de conocimiento.
Una oportunidad para el agro chileno
Chile ya tiene una base importante.
Su industria semillera posee experiencia, calidad técnica y vínculos con mercados del hemisferio norte. Además, el país tiene agricultores capacitados para trabajar bajo esquemas de alta exigencia y agricultura de contrato.
Ese camino puede ampliarse hacia las semillas editadas.
La oportunidad está en transformar al país en una plataforma de innovación agrícola. Un lugar donde se investigan, prueban y validan variedades para enfrentar los desafíos de la agricultura mundial.
El desafío será comunicar bien
El avance de esta industria también requiere confianza pública.
La biotecnología agrícola suele generar dudas. Por eso, el sector necesita explicar con claridad qué es la edición genética, en qué se diferencia de los transgénicos y qué controles existen.
La conversación debe ser técnica, pero también cercana. Productores, consumidores y autoridades necesitan información simple y basada en evidencia.
Sin esa comunicación, el potencial puede quedar atrapado en la desconfianza.
Chile ante una decisión estratégica
La posibilidad de convertirse en un hub de semillas editadas genéticamente llega en un momento clave.
El mundo necesita producir más alimentos, con menos agua, menos suelo disponible y más presión climática. Al mismo tiempo, los países buscan tecnologías que fortalezcan su seguridad alimentaria.
Chile tiene condiciones para jugar un rol relevante. Cuenta con experiencia semillera, capacidad científica, regulación y diversidad territorial.
Pero el potencial no basta. Para convertir esta oportunidad en una industria real, el país necesita inversión, colaboración público-privada, reglas estables y una estrategia clara de largo plazo.
Si logra avanzar en esa dirección, Chile podría posicionarse como un referente regional en biotecnología agrícola y aportar soluciones concretas para una agricultura más resiliente, productiva y preparada para el futuro.
