El Ministerio de Agricultura lanzó en Rancagua el Catastro Frutícola 2026 para la Región de O’Higgins. El estudio levantará información de más de 8.000 predios agrícolas durante seis meses y permitirá actualizar datos sobre especies, variedades, producción, riego e infraestructura.

Una radiografía para la fruticultura

La Región de O’Higgins inició un nuevo proceso clave para conocer el estado real de su fruticultura.

El Ministerio de Agricultura lanzó en Rancagua el Catastro Frutícola 2026, una herramienta que permitirá actualizar la información productiva de una de las zonas frutícolas más relevantes del país.

El estudio será ejecutado por el Centro de Información de Recursos Naturales, CIREN, con financiamiento de ODEPA. Durante seis meses, el equipo levantará información de más de 8.000 predios agrícolas en 33 comunas de la región.

El objetivo es claro: contar con datos precisos para tomar mejores decisiones públicas y privadas.

Tecnología al servicio del campo

El nuevo catastro no se realizará solo con encuestas tradicionales.

Según informó El Tipógrafo, el proceso incorporará tecnología satelital y drones para apoyar la caracterización de variedades, volúmenes productivos e infraestructura agrícola.

Esto marca un avance relevante para el sector. La información territorial permite mirar los huertos con mayor precisión. También ayuda a identificar cambios en superficie, especies, sistemas de riego y condiciones productivas.

En una agricultura cada vez más exigida por el clima, los mercados y los costos, tener buena información ya no es un lujo. Es una necesidad.

Qué información se levantará

El catastro buscará conocer en detalle la realidad frutícola regional.

Entre los datos considerados están las especies y variedades cultivadas, volúmenes de producción, destino de la fruta, potencial productivo, infraestructura de riego e infraestructura asociada al manejo de los huertos.

El trabajo estará a cargo de 15 encuestadores especializados, todos profesionales del agro. Cada uno contará con identificación y entregará una carta informativa a los productores para explicar los objetivos del estudio.

Este punto es importante. La colaboración de los agricultores será clave para lograr una base de datos confiable.

O’Higgins, una región estratégica

La elección de O’Higgins no es casual.

La región concentra más de 65.000 hectáreas frutícolas y posee una gran diversidad de especies destinadas al mercado nacional e internacional.

Además, ODEPA destacó que O’Higgins representa cerca del 26% de la superficie frutícola nacional y que en 2025 concentró el 35% del valor exportado por la región.

Estos datos explican por qué el catastro tiene un valor estratégico. Lo que ocurra en O’Higgins influye directamente en el desempeño de la fruticultura chilena.

Una herramienta para políticas públicas

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, destacó que el catastro permitirá orientar mejor los instrumentos del ministerio.

Con información actualizada, el Estado puede focalizar apoyos, diseñar programas, evaluar necesidades de riego y priorizar inversiones en los territorios.

También puede anticipar cambios productivos. Por ejemplo, detectar especies que crecen, zonas que pierden superficie o nuevas demandas de infraestructura.

Esto resulta clave en un escenario marcado por sequía, cambios de mercado y mayores exigencias para exportar.

También ayuda a la inversión privada

El catastro no solo sirve al Estado.

Los productores, exportadoras, viveros, asesores, proveedores y empresas de servicios también pueden usar esta información para tomar mejores decisiones.

Con datos más claros, el sector privado puede proyectar demanda, planificar inversiones, definir estrategias comerciales y ajustar servicios técnicos.

En una industria altamente competitiva, conocer la evolución de especies y variedades puede marcar la diferencia.

La fruticultura chilena se mueve

Los datos nacionales muestran que el sector está cambiando.

Según el Catastro Frutícola ODEPA-CIREN, la superficie nacional de frutales llegó a 386.573 hectáreas en 2024. Las principales especies fueron cerezo, nogal, avellano y vid de mesa.

El mismo reporte muestra cambios importantes. El cerezo fue la especie que más creció en superficie durante los últimos tres años, mientras que la uva de mesa registró la mayor caída.

También se observa un desplazamiento de la fruticultura hacia el sur del país, con aumentos de superficie en regiones como Maule, Ñuble, Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos.

Datos para enfrentar nuevos desafíos

El nuevo catastro llega en un momento decisivo.

La fruticultura enfrenta mayores costos, cambios en los mercados, presión logística y eventos climáticos más frecuentes. También debe responder a consumidores más exigentes y a normas internacionales cada vez más estrictas.

Frente a ese escenario, producir bien ya no basta.

El sector necesita datos para planificar, adaptarse y competir. Necesita saber dónde están los huertos, qué especies crecen, qué variedades pierden fuerza y qué infraestructura falta.

Una señal de modernización

El Catastro Frutícola 2026 en O’Higgins muestra una señal clara.

La agricultura chilena avanza hacia una gestión más basada en información, tecnología y análisis territorial.

El uso de satélites y drones puede mejorar la precisión del levantamiento. Pero el verdadero valor estará en cómo se use esa información después.

Si los datos ayudan a orientar políticas, inversiones y decisiones productivas, el catastro puede convertirse en una herramienta clave para proyectar el futuro del agro.

En una región que lidera la fruticultura nacional, contar con una radiografía actualizada no solo es importante. Es urgente.