Una cadena de tres sistemas frontales, reforzada por un río atmosférico de categoría 5 —la más alta de la escala internacional—, mantiene a diez de las dieciséis regiones del país bajo estado de excepción preventivo. El Gobierno y los organismos técnicos coinciden en que se trata de uno de los episodios de lluvia más intensos que ha enfrentado la zona central en varias décadas.

Una alerta que fue escalando durante toda la semana

Desde comienzos de julio, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) y el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) fueron elevando gradualmente sus avisos para la zona centro y sur del país. Primero fue una alerta temprana preventiva en la Región Metropolitana por lluvia y viento en la cordillera; luego una alerta amarilla en La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos; y finalmente la confirmación de que el fenómeno golpearía con fuerza también a la zona central, incluyendo Santiago.

El detonante es una secuencia de tres frentes que cruzan el país entre el 15 y el 19 de julio, potenciados por un río atmosférico: una franja alargada de vapor de agua en la atmósfera que funciona como un “río en el cielo” y alimenta de humedad a los sistemas frontales. Este alcanzaría la categoría 5, la más alta de la escala que mide estos fenómenos según la cantidad de humedad transportada y el tiempo que permanecen sobre un mismo territorio.

El Gobierno decretó estado de excepción preventivo en 10 de las 16 regiones del país mediante el Decreto N° 1212 del Ministerio del Interior. El presidente José Antonio Kast señaló que el país enfrentará un sistema frontal de gran intensidad, con lluvias y vientos importantes en distintas zonas, mientras que el ministro del Interior, Claudio Alvarado, planteó que el evento podría ser comparable a otros que Chile no registraba desde hace varios años.

Qué zonas concentran el mayor riesgo

La cobertura geográfica del temporal es amplia, aunque con distintos niveles de intensidad:

  • Atacama: el límite norte del evento. En Caldera y Copiapó se esperan entre 5 y 15 mm, mientras que en sectores interiores como Huasco y Alto del Carmen las proyecciones suben a entre 80 y 200 mm.
  • Valparaíso: una de las regiones con mayor exposición, con un río atmosférico que alcanzaría ahí su intensidad máxima (categoría 5) y montos que podrían superar los 200 mm. Se proyectan además ráfagas de viento cercanas a 80 km/h en el litoral.
  • Región Metropolitana: más de 100 mm acumulados a lo largo de toda la secuencia de frentes, además de nevadas en la cordillera —entre 40 y 60 centímetros— y vientos de hasta 70 km/h en sectores altos.
  • O’Higgins, Maule y Biobío: parte del tramo donde se concentrarían las precipitaciones más intensas y persistentes, especialmente durante el viernes 17 de julio.
  • La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos: ya bajo alerta amarilla desde inicios de julio, con hasta 200 mm proyectados en algunos sectores.
  • Borde costero, de Atacama a Aysén: alerta por marejadas anormales, con oleaje fuerte y riesgo para la navegación y la infraestructura costera.

A esto se suma un dato relevante para la seguridad: al tratarse de un río atmosférico “frío”, la isoterma cero —la altura donde la temperatura cruza los 0°C— se mantendría más baja de lo habitual en este tipo de eventos, lo que favorece que buena parte del agua caiga como nieve en la cordillera en lugar de lluvia. Según explicó a la prensa Raúl Valenzuela, académico de la Universidad de O’Higgins e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), esa condición reduce —aunque no elimina— el riesgo de crecidas repentinas y aluviones respecto a episodios anteriores donde una isoterma más alta agravó los daños.

¿Desde cuándo no se veía un evento así?

La comparación que más ha circulado en la cobertura periodística sitúa a este temporal como el más potente desde 1997, uno de los episodios de lluvia más intensos que registra la zona central en las últimas décadas. Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que podría tratarse de uno de los eventos de precipitación más intensos “de las últimas décadas para el centro-norte del país”, una lectura que comparten los dos principales modelos meteorológicos globales, el estadounidense (GFS) y el europeo (ECMWF).

Con todo, Valenzuela llamó a matizar la magnitud de la categoría: una clasificación alta en la escala no equivale automáticamente a una catástrofe, ya que el impacto real depende de las condiciones específicas de cada territorio donde cae el agua.

El contexto climático detrás del fenómeno

El episodio se enmarca en una combinación poco frecuente de dos forzantes climáticos globales: el fenómeno de El Niño, que favorece una mayor evaporación del océano Pacífico y, con ello, más humedad disponible en la atmósfera; y la fase 7 de la Oscilación de Madden-Julian (MJO), que ayudó a inyectar humedad tropical directamente hacia la zona central de Chile. Los especialistas son cautos, eso sí, en no atribuir este tipo de eventos directamente al cambio climático: la evidencia científica disponible todavía no permite concluir que los ríos atmosféricos estén ocurriendo con mayor frecuencia o intensidad, aunque el escenario actual sí favorece precipitaciones más abundantes.

Qué esperar en los próximos días

El viernes 17 de julio se perfila como la jornada más compleja del evento, con las precipitaciones más intensas y persistentes concentradas entre Coquimbo y Biobío. Durante el fin de semana se espera una disminución gradual, aunque con acumulación de nieve todavía relevante en la cordillera. Las autoridades —DMC, Senapred y los municipios— han pedido revisar vías de circulación de agua, despejar zonas de riesgo y evitar desplazamientos innecesarios durante los momentos de mayor intensidad de las lluvias. La magnitud final de los daños, tanto en infraestructura como en otros sectores productivos, solo podrá dimensionarse una vez que el sistema termine de pasar por el país.

Por Andrés Rios