Un periodista automotriz que pasó tres décadas hablando de autos deportivos terminó, casi por accidente, protagonizando el programa más visto en la historia de Amazon Prime Video en el Reino Unido. La historia de Clarkson’s Farm resume, mejor que casi cualquier otro fenómeno televisivo reciente, por qué el mundo quiere volver a mirar hacia el campo.
De Top Gear a “Diddly Squat”, cómo llegó Clarkson a la agricultura
Jeremy Clarkson, periodista, presentador y escritor británico, se hizo mundialmente famoso como conductor de Top Gear y, más tarde, de The Grand Tour, dos de los programas de autos más vistos de la televisión británica. En 2008, mucho antes de convertirse en agricultor, Clarkson compró cerca de 1.000 acres (unas 400 hectáreas) que formaban parte del predio Sarsden, en Oxfordshire, en plena región de los Cotswolds. Sobre su motivación original, el propio Clarkson fue honesto años después: primero sugirió que la compra respondió a razones tributarias, pero luego reconoció ante The Times: “quería tener un coto de caza, fui muy ingenuo”.
Durante más de una década, la tierra siguió siendo trabajada por un contratista local, que cultivaba una rotación de cebada, colza y trigo, hasta que se retiró en 2019. Fue en ese momento cuando Clarkson decidió asumir él mismo el desafío de administrar el campo, rebautizándolo “Diddly Squat” —una expresión coloquial en inglés que significa, literalmente, “nada”— en referencia irónica a la escasa productividad que arrastraba el predio.
El nacimiento del fenómeno televisivo
En 2021, Amazon Prime Video estrenó Clarkson’s Farm, una serie documental que sigue el proceso de Clarkson aprendiendo a manejar su propio campo, guiado por un grupo de agricultores y expertos agrícolas locales. La figura que terminaría robándose buena parte del cariño del público fue Kaleb Cooper, un joven trabajador rural nacido en 1998 en Chipping Norton, que había trabajado en el predio bajo el manejo anterior y que Clarkson contrató como su encargado de campo. La pareja de Clarkson, Lisa Hogan, completa el elenco central administrando la tienda de la granja, que nació en 2020 después de que Clarkson produjera, casi por accidente, 40 toneladas de papas que no sabía cómo vender.
Por qué se transformó en semejante éxito
Los números respaldan la magnitud del fenómeno. La segunda temporada se convirtió, con 4,3 millones de espectadores en su estreno, en el programa más visto en la historia de Amazon Prime Video en el Reino Unido, superando incluso a El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. La tercera temporada volvió a romper ese récord, con 5,1 millones de espectadores en su primer episodio, y la cuarta promedió 4,4 millones, consolidándose como la temporada más vista hasta la fecha, según cifras de la consultora Barb, el organismo oficial de medición de audiencias del Reino Unido. En Estados Unidos, la demanda de audiencia del programa es 7,5 veces superior al promedio de las series de televisión, según Parrot Analytics. Amazon ya confirmó una quinta temporada.
El campo como refugio de lo simple
Más allá del humor y de la torpeza inicial de Clarkson como agricultor, el programa conecta con algo más profundo: expone con crudeza los desafíos reales que enfrenta un agricultor —el clima impredecible, la burocracia, las pérdidas económicas— mientras retrata a la vez la belleza y la simplicidad de la vida rural en los Cotswolds. Clarkson ha usado además la exposición mediática del programa para respaldar activamente al movimiento #BackBritishFarming, participando en protestas de agricultores británicos, como la manifestación de noviembre de 2024 en Whitehall contra cambios al impuesto a la herencia agrícola.
El fenómeno de Clarkson’s Farm no ocurre de manera aislada: se inserta dentro de la misma corriente cultural que ya documentamos en Diario Agrícola al analizar el éxito de creadoras como Hannah Neeleman en Ballerina Farm, y que distintos analistas de tendencias de consumo describen como una búsqueda colectiva de simplicidad, autenticidad y desconexión digital frente al ritmo acelerado de la vida urbana. La diferencia es que, en el caso de Clarkson, ese anhelo llega envuelto en la comedia y la honestidad brutal de un hombre de 60 años que admite, temporada tras temporada, no tener idea de lo que hace, algo que —lejos de restarle atractivo— parece ser precisamente lo que atrapa a millones de espectadores que sueñan, aunque sea desde el sillón de su living, con la vida simple del campo.
Lo que viene
Con una quinta temporada ya confirmada y un negocio que ya se expandió más allá de la propia granja —hoy incluye la cervecería Hawkstone y el pub The Farmer’s Dog— Clarkson’s Farm se consolidó como uno de los ejemplos más comerciales y masivos de cómo el anhelo global por una vida más conectada con la tierra puede convertirse, al mismo tiempo, en fenómeno cultural y en negocio rentable.
