Los fertilizantes nitrogenados, y en particular la urea, representan cerca del 2% de las emisiones globales de carbono, principalmente porque su producción depende del gas natural para sintetizar amoníaco. Frente a ese problema, un número creciente de compañías mineras y energéticas está uniendo fuerzas con gigantes de los fertilizantes para reemplazar el gas natural por hidrógeno verde, producido con energía 100% renovable, en lo que ya se perfila como uno de los cambios tecnológicos más relevantes para la agricultura de las próximas décadas.

La alianza entre una minera de hierro y el mayor productor de fosfatos del mundo

El caso más concreto de esta tendencia es la sociedad conjunta anunciada entre Fortescue, la gigante minera australiana de hierro, y OCP Group, la compañía marroquí líder mundial en fertilizantes fosfatados. La alianza, en partes iguales, busca desarrollar capacidad de producción a gran escala de hidrógeno verde, amoníaco y fertilizantes en Marruecos, con destino tanto al mercado local como a Europa y otros mercados internacionales. Entre los proyectos anunciados figura una planta integrada de amoníaco y fertilizante verde a gran escala, que combinará energías renovables, generación eléctrica, electrólisis y síntesis de amoníaco en un mismo complejo.

Según Mostafa Terrab, presidente ejecutivo de OCP Group, la alianza busca “asegurar simultáneamente la seguridad alimentaria mundial y combatir el cambio climático”. Por su parte, Andrew Forrest, fundador y presidente ejecutivo de Fortescue, planteó que Marruecos —con acceso a algunos de los recursos eólicos y solares más prometedores del mundo, dos costas extensas y cercanía tanto a Europa como al continente americano— se convertirá en un actor clave de esta transición energética global.

Otros gigantes del gas y los fertilizantes también se suman

La tendencia no se limita a esta alianza. Air Products, una de las mayores compañías de gases industriales del mundo, y Yara, la fertilizante noruega más grande del planeta, avanzan en negociaciones para desarrollar proyectos de amoníaco de bajas emisiones en Luisiana, Estados Unidos, y en el proyecto NEOM Green Hydrogen, en Arabia Saudita, hoy con más de 90% de avance en su construcción. Bajo el acuerdo proyectado, Air Products suministraría a Yara cerca de 2,8 millones de toneladas anuales de amoníaco bajo en carbono, a través de un contrato de suministro a 25 años.

En India, el proyecto AMGA-K1, impulsado por la compañía AM Green, convierte un complejo existente de amoníaco y urea a base de gas en una planta basada en electrólisis, con contratos de suministro ya firmados a diez años con productores locales de fertilizantes, y una reducción estimada de 2 millones de toneladas de CO2 al año una vez en plena operación.

La ciencia detrás del ahorro de emisiones

Un estudio publicado este año evaluó específicamente cuánto se puede reducir la huella de carbono de la urea combinando hidrógeno verde con distintas fuentes de dióxido de carbono. Según sus resultados, la urea producida integrando electrólisis del agua con combustión de biomasa generaría hasta 23% menos emisiones que la producción convencional a partir de gas natural, cifra que sube a 41% si la electricidad utilizada proviene completamente de fuentes renovables. Otro proyecto, desarrollado por la Universidad de Minnesota junto a RTI International y la firma de ingeniería Casale, plantea combinar amoníaco verde con el CO2 capturado de plantas de etanol para producir urea localmente, aprovechando que ese estado concentra buena parte de la energía eólica y del mineral de hierro de Estados Unidos.

Una carrera todavía en construcción

Pese al avance de estos anuncios, la mayoría de estos proyectos se encuentra en fases de diseño de ingeniería, construcción o negociación final, y todavía no producen a la escala necesaria para reemplazar de forma significativa la producción convencional de urea a nivel mundial. Aun así, la combinación de mineras con capital y experiencia en proyectos energéticos de gran escala, junto a compañías fertilizantes con la distribución y el conocimiento del mercado agrícola, plantea un camino concreto para descarbonizar uno de los insumos más utilizados —y más contaminantes en su producción— de la agricultura mundial.

Fuentes: Mining Weekly, World Fertilizer, Hydrogen Insight, Ammonia Energy Association, Air Products, University of Minnesota, UreaKnowHow.com.

por Juan Lagos