Lo que antes era solo un espacio para aprender a montar, hoy se convirtió en un lugar de contención emocional para niños y jóvenes, y el fenómeno ya no es exclusivo de Chile. De Estados Unidos a México, pasando por Irlanda, distintas organizaciones y centros ya integran la equinoterapia como una herramienta concreta de trabajo emocional, más allá del deporte.

Un movimiento con organizaciones globales detrás

La equitación terapéutica cuenta hoy con una infraestructura internacional consolidada. En Estados Unidos, PATH International (Professional Association of Therapeutic Horsemanship) nació en 1969 como la North American Riding for the Handicapped Association, y hoy sus centros y voluntarios atienden a 68.929 personas con distintas discapacidades, de las cuales 6.724 son veteranos de guerra, según cifras de la propia organización. En paralelo, EAGALA (Equine Assisted Growth and Learning Association) certifica a profesionales de salud mental y especialistas ecuestres en decenas de países, con un modelo centrado específicamente en psicoterapia asistida por caballos, y organiza encuentros regionales en distintos continentes —el próximo, en junio de 2026, se realizará en Kilcloon, Irlanda—. Una tercera organización, SpiritHorse International, se dedica a capacitar centros alrededor del mundo para trabajar con personas con necesidades especiales a través del vínculo con el caballo.

El caso mexicano: de un puñado de caballos a una comunidad terapéutica

Un ejemplo concreto de este crecimiento en la región es el centro Amigos de Riendas, en México, fundado en 2010 con un equipo certificado por EAGALA. Según relató uno de sus profesionales a Mexico News Daily, el centro trabaja hoy con nueve caballos y atiende entre 35 y 40 clientes de forma simultánea, abordando desde niños con autismo o parálisis cerebral hasta adultos con estrés postraumático derivado de situaciones laborales de alta exigencia. El país cuenta además con su propia asociación nacional, la Asociación Mexicana de Equitación Terapéutica (AMET), que certifica y estandariza este tipo de programas a nivel local.

De la clase de equitación a la terapia emocional en Chile

En Sandek Stables, ubicada en la comuna de Lo Barnechea, Santiago, esa transformación ya es parte de su propuesta central: junto a las clases de equitación, el centro ofrece lo que describen como “equitación emocional”, orientada al crecimiento emocional de niños y jóvenes, entregando herramientas concretas frente al bullying y el trabajo de la autoestima.

Un enfoque con antecedentes en el país

Sandek Stables no es el único caso de este tipo en Chile. El Club de Equitación Terapéutica de Concepción ha trabajado con equinoterapia orientada al desarrollo físico, cognitivo y social de niños, incluyendo programas específicos para menores con síndrome de Down, en alianza con el Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS). En distintas regiones del país existen además otros centros que ofrecen equinoterapia, hipoterapia y equitación terapéutica orientada tanto a niños con necesidades educativas especiales como a quienes buscan un espacio distinto para trabajar el estrés y la ansiedad.

Por qué el caballo funciona como mediador emocional

Quienes trabajan en estos centros suelen coincidir en un mismo argumento: el caballo no juzga, y responde con calma al estado emocional de quien lo monta, lo que permite a muchos niños experimentar una forma de contención que no siempre encuentran en otros espacios. A eso se suma el componente físico del vínculo: el propio movimiento del animal durante la monta estimula de forma simultánea el desarrollo físico y sensorial de quien lo practica, un efecto ampliamente documentado en la literatura especializada sobre equinoterapia.

Lo que dice la evidencia científica internacional

La equinoterapia —conocida internacionalmente como hippotherapy, del griego hippos (caballo)— cuenta hoy con un cuerpo de investigación creciente, aunque todavía desigual según el tipo de beneficio que se evalúe. Según un resumen de investigación de EBSCO, esta terapia se utiliza como apoyo en procesos de rehabilitación física, ocupacional y psicológica, beneficiando tanto a personas con discapacidades físicas —como parálisis cerebral— como a quienes enfrentan ansiedad, depresión o estrés postraumático, gracias en parte a la capacidad del caballo para percibir el estado emocional de quien lo monta y responder con retroalimentación inmediata.

En el plano físico, la evidencia es más sólida: una revisión sistemática de 2024 encontró mejoras documentadas en función motora gruesa, equilibrio, coordinación y fuerza muscular en niños que participan en programas de equinoterapia, con una probabilidad de 75% de que un niño muestre mejoras en su funcionamiento físico tras el tratamiento. Una revisión académica publicada en el Australian Journal of Psychology, que analizó 13 revisiones sistemáticas y un total de 79 estudios sobre intervenciones asistidas por caballos, respalda ese mismo panorama de evidencia consolidada en el ámbito físico.

En el plano emocional y psicológico, la evidencia es más incipiente. El portal médico Healthline es explícito al respecto: aunque existe abundante evidencia anecdótica sobre los beneficios emocionales de la equinoterapia, la evidencia científica que los respalda de forma rigurosa todavía es limitada, algo que distintos investigadores del área reconocen abiertamente y que no invalida los resultados observados en la práctica, pero sí llama a la cautela antes de presentarlos como una terapia médicamente comprobada para todos los usos que hoy se le atribuyen.

Lo que viene

Con una demanda creciente por espacios que combinen actividad física, contacto con animales y trabajo emocional, la equitación terapéutica se perfila como un sector en expansión dentro del ecosistema de bienestar infantil en Chile, sumándose a otras tendencias de fondo —como el mayor tiempo al aire libre y la desconexión digital— que ya identificamos como parte de un giro más amplio hacia experiencias más simples y menos mediadas por pantallas.

por José Rios