En los últimos meses se multiplicaron en redes sociales videos de consumidores estadounidenses mostrando alimentos que “no se ven reales”: chocolate que se dobla como goma, quesos que no derriten, colores artificiales que desaparecen de un día para otro. Lo que parece una ola de paranoia digital es, en realidad, el reflejo visible de un cambio profundo que la industria alimentaria de Estados Unidos viene atravesando desde 2024: la reformulación masiva de productos procesados, empujada por una crisis de insumos y por una presión regulatoria y política sin precedentes.

El caso del chocolate, la punta del iceberg

El ejemplo más viral fue el del “chocolate falso“: barras de marcas como Hershey’s que aparecían gomosas o “plásticas” en TikTok. La causa no fue ningún engaño puntual, sino la crisis del cacao: su precio en la bolsa de Londres más que se duplicó entre 2024 y 2026, llegando a superar las 9.000 libras por tonelada en su punto más alto, por la caída productiva en Costa de Marfil, arrastrada por sequías, un virus que ataca los cultivos y plantaciones envejecidas. Para sostener costos, fabricantes reemplazaron parte del chocolate real por “compound coating” —una cobertura que no cumple los requisitos legales para llamarse chocolate— y por el emulsificante PGPR, que en ciertas condiciones genera esa textura gomosa que disparó la indignación. Un 22% de los fabricantes de chocolate en EE.UU. reformuló al menos una línea desde 2024, y un 41% de los consumidores encuestados notó cambios de sabor o textura en sus productos habituales.

El escándalo que le puso nombre y apellido al problema

El caso de Hershey’s escaló en febrero de 2026, cuando Brad Reese, nieto de H.B. Reese, el creador de los Reese’s Peanut Butter Cups, publicó una carta abierta en LinkedIn dirigida a un ejecutivo de la compañía. En ella acusó a Hershey’s de “reemplazar en silencio” el chocolate con leche por compound coatings y la mantequilla de maní real por una crema con sabor a maní en varios productos de la marca, incluyendo un producto de San Valentín que calificó como “no comestible”. “¿Cómo puede The Hershey Company seguir posicionando a Reese’s como su marca insignia, símbolo de confianza y calidad, mientras reemplaza en silencio los mismos ingredientes que construyeron esa confianza?”, escribió. Hershey’s reconoció “ajustes de receta” pero los justificó como respuesta a la demanda de innovación de los consumidores, además de citar la escalada de precios del cacao. Tras la polémica, en abril de 2026 la compañía anunció que a partir de 2027 volverá a las recetas clásicas con chocolate real en la totalidad de su línea Reese’s, aunque Reese calificó el anuncio como “una jugada de relaciones públicas” y aseguró que no lo considera una victoria.

Un fenómeno mucho más grande que el chocolate

El caso del cacao es solo el ejemplo más fotogénico de una tendencia mayor: el rechazo creciente de los consumidores estadounidenses a los alimentos ultraprocesados. Según la encuesta 2025 Food & Health Survey del International Food Information Council, el 80% de los estadounidenses hoy considera si un alimento fue procesado antes de comprarlo —contra 76% en 2023—, y un 72% dice estar tratando activamente de reducir su consumo de ultraprocesados. La conciencia sobre el término también creció con fuerza: un 44% de los encuestados dijo estar familiarizado con “alimento ultraprocesado” en 2025, doce puntos más que el año anterior.

Ese cambio de humor se cruzó con un giro político: el movimiento “Make America Healthy Again” (MAHA), impulsado por el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., presionó a la industria para sacar colorantes y aditivos sintéticos de los alimentos. Kraft Heinz y General Mills se comprometieron a eliminar colorantes artificiales de sus productos en EE.UU. antes de 2027, Nestlé adelantó ese plazo a mediados de 2026, y Conagra hará lo mismo en sus congelados antes de fin de año. A nivel estatal, en 2025 se presentaron cerca de 75 proyectos de ley sobre colorantes alimentarios en 37 estados, y West Virginia ya prohibió siete tintes en toda su cadena alimentaria, la primera legislación de este tipo en el país.

Las nuevas guías alimentarias también marcan el rumbo

Las guías dietéticas 2025-2030 de EE.UU. evitaron deliberadamente el término “ultraprocesado” —por falta de una definición consensuada—, pero desalentaron con fuerza los alimentos altamente procesados, los azúcares añadidos y los aditivos artificiales, priorizando alimentos “reales” y mínimamente procesados por sobre las recomendaciones bajas en grasa de años anteriores. La nutricionista Marion Nestle, de la Universidad de Nueva York, calificó esa recomendación como “la gran fortaleza” del documento, aunque criticó otros aspectos de la guía.

Lo que viene

Con el precio del cacao normalizándose durante 2026, Hershey’s y otras marcas ya empezaron a volver a sus fórmulas originales con más chocolate real, en parte por la presión regulatoria y de imagen, y en parte porque, a los precios actuales, producir chocolate real puede salir más barato que fabricar sustitutos. El caso resume el momento que vive la industria alimentaria estadounidense: consumidores más atentos a lo que comen, un gobierno empujando por menos aditivos, marcas bajo escrutinio público hasta de sus propios fundadores, y compañías que —entre la presión de costos y la presión de imagen— están reformulando buena parte de lo que llega a las góndolas. Para el sector agrícola, la señal es clara: la demanda por ingredientes reales y trazables viene en alza, y no es solo una moda de redes sociales.

por Juan Lagos