Mientras la industria de la construcción sigue dependiendo mayoritariamente del cemento —uno de los materiales más contaminantes del planeta—, una alternativa que suena casi a ciencia ficción avanza con fuerza en distintos países: viviendas hechas de cáñamo cultivado en el campo, levantadas capa por capa por brazos robóticos de impresión 3D.
Qué es exactamente el hempcrete
El hempcrete —una combinación de la parte leñosa de la planta de cáñamo (el cultivo agrícola, no la variedad psicoactiva) mezclada con un aglutinante de cal y agua— no es un material nuevo, pero su combinación con impresión 3D sí lo es. El resultado es un material respirable, con excelente aislación térmica y acústica, resistente al fuego y al moho, y con una propiedad poco común en construcción: es carbono negativo, es decir, absorbe más CO2 del que emite durante su producción, a diferencia del cemento tradicional, altamente intensivo en emisiones.
A esto se suma una ventaja agrícola relevante: mientras un árbol destinado a madera de construcción puede tardar décadas en crecer, hasta un millón de plantas de cáñamo pueden cultivarse en un solo acre de tierra en apenas unos meses, según ha señalado el investigador de Penn State Ali Memari. El Consejo Internacional de Códigos de Construcción, que fija las normativas de construcción en todo Estados Unidos, ya reconoció oficialmente al hempcrete como material aislante.
De la investigación universitaria a la impresión real
El desarrollo más avanzado en esta línea lo lidera la Universidad Texas A&M, que en 2022 recibió una subvención de US$3,74 millones del Departamento de Energía de Estados Unidos, a través del programa HESTIA (“Harnessing Emissions into Structures Taking Inputs from the Atmosphere”), específicamente para desarrollar diseños de viviendas resistentes y de carbono negativo usando hempcrete impreso a gran escala. El equipo, liderado por el investigador Petros Sideris, ya presentó resultados sobre las características mecánicas y de durabilidad de este material impreso en conferencias internacionales de ingeniería.
En la práctica, el proceso funciona con un brazo robótico controlado por computadora, equipado con una manguera y una boquilla, que deposita el material en capas sucesivas, una sobre otra, formando las paredes de la vivienda sin necesidad de moldes tradicionales ni de la mano de obra intensiva que exige la construcción convencional. Es la misma tecnología que ya se usa para imprimir viviendas de concreto en distintas partes del mundo, desde México hasta Hawái, adaptada ahora a un material de origen agrícola.
Los desafíos que todavía existen
Vale la pena ser honestos sobre el estado actual de esta tecnología: el hempcrete impreso en 3D sigue siendo, en gran medida, un desarrollo en fase de investigación y pilotaje, no un producto masivamente disponible en el mercado. Uno de los principales desafíos técnicos es que, a diferencia del cemento, el hempcrete todavía suele requerir una estructura de soporte de madera para cumplir con los estándares estructurales de construcción, algo que distintos equipos de investigación —incluido el de Texas A&M— están trabajando en eliminar. A esto se suman las barreras regulatorias propias de cualquier material de construcción emergente, y la necesidad de cadenas de suministro de cáñamo más consolidadas para sostener una producción a mayor escala.
Un puente real entre el campo y la construcción sustentable
Pese a esos desafíos, el hempcrete impreso en 3D representa un ejemplo concreto de cómo un cultivo agrícola puede convertirse directamente en material de construcción, acortando la cadena entre el campo y la vivienda de una forma que pocos materiales permiten. Para el movimiento de vida simple y autosuficiente que crece en distintas partes del mundo, la promesa es clara: viviendas más saludables, con mejor aislación térmica, menor huella de carbono, y construidas con un material que, literalmente, se puede cultivar antes de construir con él.
Fuentes: Texas A&M University (ARPA-E/HESTIA), ScienceDirect, Fast Company, KHON2, Interesting Engineering, EDI Weekly, ASCE Open.
por Juan Lagos
