En apenas seis días, el diagnóstico del presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, pasó de la calma a la alarma. De asegurar el 17 de julio que no había daños relevantes en la producción agrícola, el dirigente terminó reconociendo esta semana que las estimaciones iniciales de pérdidas “se quedan muy cortas” y que la reconstrucción de la infraestructura rural será el gran desafío de los próximos meses. En paralelo, el propio gremio ya organiza un webinar para el 4 de agosto sobre un fenómeno que podría mantener al agro en alerta durante toda la segunda mitad del año: El Niño “Godzilla”.

La evolución del diagnóstico de Antonio Walker, día a día

El 17 de julio, con el sistema frontal recién comenzando, Walker transmitía relativa tranquilidad: “cayó mucha agua, hubo viento, pero aparte de los árboles caídos y algunos problemas en las salidas de agua o en cruces de caminos vecinales, no vemos mayor afectación”, señaló entonces, aunque ya advertía que la situación podía empeorar durante el fin de semana. El 19 de julio, en una declaración pública firmada por el propio dirigente, la SNA lamentó la pérdida de vidas humanas y reconoció daños importantes en caminos, puentes, redes eléctricas y conectividad rural entre Atacama y Los Lagos, aunque insistió en que “no hay afectaciones significativas en la producción agrícola” y que el abastecimiento de alimentos seguía asegurado.

El tono comenzó a cambiar el 20 de julio, cuando Walker describió el fenómeno como “el río atmosférico más grande que yo haya visto en 40 años, desde que estoy en la agricultura”, y la SNA elevó su estimación de daños al sector hasta US$200 millones, con la pequeña agricultura de Atacama y Coquimbo como la más golpeada. Al día siguiente, el dirigente prefirió la cautela: “no nos atrevemos a entregar una cifra para cuantificar los daños. Es prematuro y no tenemos los elementos de juicio para hacerlo”, señaló, explicando que las pérdidas se concentran principalmente en infraestructura vial, hídrica y vivienda. Esta semana, sin embargo, Walker fue categórico: “los US$400 millones de daños estimados al inicio se quedan muy cortos”, advirtiendo que el costo económico real del sistema frontal en las regiones de Atacama y Coquimbo será muy superior a las primeras proyecciones, y que el mayor desafío que enfrenta el sector será reconstruir la infraestructura dañada.

Los cultivos más expuestos y el problema logístico

Según el propio Walker, los cultivos que enfrentan mayor riesgo son las llamadas “frutas de invierno”, mientras el resto de la producción agrícola no muestra, por ahora, afectaciones generalizadas. El problema más inmediato ha sido logístico, según explicó Antonio Walker: el mercado mayorista Lo Valledor llegó a recibir 20% menos de productos que un domingo normal, una caída que la SNA atribuye a los cortes de rutas y no a una menor producción real, por lo que descartó que se vaya a producir un alza de precios en los alimentos mientras se mantenga la oferta desde otras zonas del país.

El lado del vaso medio lleno: la reserva hídrica

En medio del balance de daños, Walker también ha insistido en destacar un efecto positivo del sistema frontal: “si vemos el lado medio lleno del vaso, esto va a ser más bueno que malo para la agricultura”, sostuvo, en referencia a la recuperación de las reservas de agua tras lo que la propia SNA describió como “la sequía más prolongada de los últimos mil años” y un déficit de nieve que, apenas días antes del temporal, alcanzaba el 92%. Solo en la Región de Coquimbo, los embalses La Paloma, Cogotí y Puclaro recibieron en conjunto más de 100 millones de metros cúbicos de agua, un aporte que —según Walker— fortalecerá la disponibilidad hídrica para consumo humano y actividades productivas durante los próximos tres a cinco años.

¿Seguirán ocurriendo estos frentes en las próximas semanas?

La pregunta de fondo es si este tipo de eventos extremos seguirá repitiéndose, y la respuesta que maneja el propio gremio agrícola apunta a que sí. La propia SNA ya programó para el 4 de agosto un webinar junto a la corredora de seguros Marsh, titulado “Niño Godzilla: ¿El agro bajo amenaza?”, pensado explícitamente para preparar al sector frente a lo que se viene. El nombre no es casual: distintos modelos climáticos, incluidos los de la NOAA y el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), proyectan una probabilidad importante de que El Niño alcance categoría fuerte a muy fuerte durante la segunda mitad de 2026, un nivel comparable a los grandes eventos históricos de 1983, 1997 y 2016. Según estimaciones citadas por especialistas del sector, existiría entre 80% y 90% de probabilidad de que el fenómeno evolucione de “fuerte” a “extraordinario” y se extienda incluso hasta el verano 2026-2027.

En términos prácticos, esto significa que el sistema frontal de julio probablemente no fue un episodio aislado, sino el primero de una serie de eventos climáticos extremos que podrían repetirse durante el invierno y la primavera, con mayor probabilidad de nuevas lluvias intensas, inundaciones y aluviones en las zonas ya debilitadas por esta primera emergencia. Para el agro, el desafío ya no es solo reconstruir lo dañado, sino hacerlo con la velocidad suficiente como para que la infraestructura de riego y conectividad rural esté en condiciones de resistir el próximo evento, que —según todo indica— no debería tardar demasiado en llegar.