A los pies de la cordillera que le da nombre, esta ciudad de la Región de Valparaíso fue durante siglos el último punto de descanso antes de cruzar hacia Argentina. Hoy es, además, uno de los corazones agrícolas del Valle del Aconcagua, con fruta de carozo, uva y manzanas que se benefician de un clima muy particular.

A poco más de una hora de Santiago, y a los pies de la cordillera que le da su nombre, se encuentra Los Andes, una ciudad y comuna de la Región de Valparaíso que durante más de dos siglos ha cumplido el mismo rol geográfico: ser el último punto de descanso y reabastecimiento antes de cruzar hacia Argentina.

Una ciudad pensada para los viajeros de la cordillera

Los Andes fue fundada el 31 de julio de 1791 bajo el nombre de Villa Santa Rosa de Los Andes de las Tres Piedras Paradas, por orden del gobernador del Reino de Chile, el irlandés Ambrosio O’Higgins Ballenary —padre de Bernardo O’Higgins—. El sitio elegido, conocido entonces como “de las Piedras Paradas”, era una zona fértil que cumplía con todas las condiciones necesarias para dar hospedaje y reabastecimiento a los viajeros que cruzaban la Cordillera de los Andes rumbo a Mendoza.

Ese propósito fundacional quedó grabado en el trazado mismo de la ciudad: Los Andes conserva hasta hoy su damero original de 7 por 7 manzanas, circunscrito por alamedas, una imagen urbana característica de las poblaciones fundadas en el siglo XVIII.

Un escenario más de la independencia de Chile

La ciudad volvió a tener un papel histórico relevante durante la Independencia. Tras el Desastre de Rancagua, en 1814, las tropas patriotas en retirada pasaron por Los Andes en su camino hacia el exilio en Mendoza, cruzando la misma cordillera que la ciudad estaba destinada a custodiar. Años más tarde, sería justamente por esos mismos pasos cordilleranos que regresaría el Ejército Libertador de San Martín y O’Higgins para asegurar la independencia definitiva del país.

Su historia posterior estuvo marcada también por la llegada del ferrocarril trasandino, que conectó a Los Andes con Mendoza a través de la cordillera y convirtió a la ciudad en un símbolo de modernización, al facilitar el embarque continuo de productos agrícolas hacia Santiago y el puerto de Valparaíso, y desde ahí hacia mercados nacionales e internacionales. La construcción del puente David García, inaugurado en 1885, terminó de fortalecer esa conexión con las localidades rurales del entorno.

El corazón agrícola del Valle del Aconcagua

Los Andes no es solo un punto de paso: es, junto a San Felipe y Quillota, una de las tres zonas de cultivo principales del Valle del Aconcagua, una de las cuencas agrícolas más importantes de la zona central de Chile. Según el último catastro frutícola disponible, la provincia de Los Andes cuenta con 6.484 hectáreas dedicadas a cultivos frutales, dentro de un valle que en conjunto ha llegado a concentrar cerca del 62% de la superficie nacional de paltos.

Lo que distingue a Los Andes de otras zonas del mismo valle es su clima particular. A diferencia del sector costero de Quillota, más templado y propicio para especies subtropicales como la palta, San Felipe y Los Andes comparten un clima interior con temperaturas nocturnas más bajas, una característica que —según describen especialistas del sector frutícola— le otorga a la región condiciones especialmente favorables para fruta de carozo, uva y variedades de manzana roja de mayor pigmentación, gracias a la mayor amplitud térmica entre el día y la noche.

Todo este sistema productivo depende, además, de un completo entramado de canales de riego que aprovecha las aguas que bajan desde la propia cordillera, permitiendo cultivar de forma intensiva un valle que, de otro modo, enfrentaría condiciones de escasez hídrica mucho más severas.

Un desafío que también llegó a Los Andes: el agua

El propio Valle del Aconcagua atraviesa desde hace años un desafío hídrico persistente. Fruticultores de la zona, en alianza con programas de cooperación internacional como la red “Aconcagua Network”, vienen desarrollando desde 2021 estrategias de ahorro de agua y agricultura regenerativa para enfrentar la sequía, partiendo por el cultivo de la palta y expandiéndose hacia una mirada de sostenibilidad para toda la cadena productiva del valle, desde la producción hasta la demanda internacional.

De paso fronterizo a atractivo cultural y turístico

Más allá de lo agrícola, Los Andes guarda un capítulo literario poco conocido: en el sector de Coquimbito, a la entrada de la ciudad, se conserva la casa donde vivió, entre 1912 y 1918, la poeta Lucila Godoy Alcayaga, más conocida como Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945. Fue durante esos años en Los Andes cuando escribió sus célebres “Sonetos de la Muerte”.

La ciudad conserva también su rol de nexo binacional: a solo 71 kilómetros se encuentra el complejo fronterizo Los Libertadores, principal paso terrestre entre Chile y Argentina por esta zona, y a 3.149 metros sobre el nivel del mar se ubica el Cristo Redentor de los Andes, monumento que simboliza la paz entre ambos países y que une a la ciudad de Los Andes con Mendoza.

Un lugar donde convergen historia, cordillera y producción

Pocas ciudades chilenas condensan tan bien, en un espacio relativamente pequeño, la relación entre geografía, historia y agricultura como Los Andes. Fundada específicamente para servir a quienes cruzaban la cordillera, terminó convirtiéndose con el tiempo en una pieza clave del valle frutícola que hoy exporta fruta de carozo, uva y manzanas a los mercados más exigentes del mundo, sin perder por el camino ni su trazado colonial ni su vínculo, cada vez más desafiante, con el agua que baja de las montañas que le dieron nombre.


Fuentes: Wikipedia (Los Andes, Chile), I. Municipalidad de Los Andes, Memoria Chilena (Biblioteca Nacional de Chile), Vregion.cl, EcuRed, Redagrícola, Seragro, Palta Hass Chile (catastro CIREN), Netherlands and Chile (Embajada de los Países Bajos en Chile).

por Juan Lagos