Una publicación en Truth Social del presidente Donald Trump desató en pocas horas una de las reacciones más duras del sector ganadero estadounidense contra su propia administración. El mandatario anunció que permitirá el ingreso de 300.000 toneladas métricas de carne de res libre de aranceles durante 90 días, en un intento por bajar los precios de la carne en los supermercados del país. La respuesta de la industria ganadera fue prácticamente unánime: la medida podría frenar en seco la recuperación del rebaño bovino más pequeño que Estados Unidos ha tenido en 75 años.
Un problema real, con una solución que divide
El contexto detrás del anuncio es concreto: el precio de la carne molida en Estados Unidos alcanzó cifras récord este año, superando los US$6,60 por libra, tras años de sequía, altos costos de insumos y una plaga conocida como el gusano barrenador del ganado, que ha afectado las importaciones desde México. Frente a ese escenario, la administración Trump —representada públicamente por la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins— defiende que su política busca expandir el pastoreo, reducir regulaciones y aumentar la oferta interna a largo plazo, mientras en el corto plazo recurre a mayores importaciones para aliviar los precios al consumidor.
La respuesta de la industria, “esta no es la forma”
La reacción de los gremios ganaderos fue inmediata. Colin Woodall, CEO de la Asociación Nacional de Ganaderos de Carne (NCBA), señaló que “inundar el mercado con carne subsidiada por el gobierno y por debajo del precio de mercado no es la forma de reconstruir el rebaño ganadero estadounidense”, y advirtió que los futuros de los mercados de ganado ya cayeron con fuerza tras el anuncio. Bill Bullard, CEO de R-CALF USA, fue en la misma línea: “las importaciones han sido una de las principales causas de la caída del inventario ganadero de Estados Unidos. Usar más importaciones hoy va a agravar esa caída y va a impedir la expansión del rebaño”.
El presidente de la Federación Estadounidense de la Oficina Agrícola (American Farm Bureau Federation), Zippy Duvall, advirtió además que las importaciones adicionales representarían un aumento cercano al 60% respecto al volumen actual en los próximos 90 días, equivalente a casi 660 millones de libras de carne extra ingresando al mercado estadounidense.
Una crítica que también llegó desde su propio partido
La medida generó, además, un fenómeno políticamente inusual: varios senadores republicanos, normalmente aliados del presidente, salieron públicamente a cuestionar la decisión. El senador Tim Sheehy, de Montana, afirmó en redes sociales que había recomendado a Trump no avanzar con la medida, señalando que “el corazón del presidente está en el lugar correcto al querer precios más bajos para los estadounidenses, pero la realidad es que esta acción hará más difícil que los ganaderos estadounidenses reconstruyan nuestro rebaño”. El senador James Lankford, de Oklahoma, expresó preocupaciones similares.
¿Realmente bajará los precios?
Un punto que varios economistas agrícolas han puesto sobre la mesa es si la medida efectivamente logrará su objetivo declarado. Según registros de comercio citados por medios estadounidenses, países como Argentina —uno de los principales apuntados en versiones anteriores de esta política, discutida desde octubre de 2025— representan apenas un 2% de las importaciones de carne de Estados Unidos, lo que según especialistas hace poco probable que un aumento en ese flujo específico logre mover de forma significativa los precios finales en las góndolas.
Un pulso que recién comienza
Con la reconstrucción de un rebaño ganadero tomando años y una decisión de este tipo pudiendo alterar de un día para otro las señales de precio que guían a miles de productores, la disputa entre la Casa Blanca y la industria ganadera estadounidense promete seguir siendo uno de los frentes internos más tensos de la política agrícola de Trump en lo que resta de su gobierno.
Fuentes: Beef Magazine, Agweek, Roll Call, Fox Business, NBC26, Yahoo News/ABC News, NPR, Barchart, Hoosier Ag Media Today.
por José Rios
