Hace unas semanas se supo que Chile invertirá US$39,2 millones en una alianza público-privada para masificar la agricultura y ganadería regenerativa, liderada por el Ministerio de Agricultura junto a la FAO y el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF). Lo que ese anuncio no dejó tan claro es que ese proyecto chileno no está solo: forma parte de un programa mucho más grande y ambicioso que opera al mismo tiempo en otros 31 países del mundo.
Qué es el Food Systems Integrated Program
Se trata del Food Systems Integrated Program (FSIP), lanzado oficialmente el 5 de diciembre de 2024 en Riad, Arabia Saudita, durante la Conferencia de las Partes número 16 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP16 de la UNCCD). El programa está codirigido por la FAO y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), con financiamiento del GEF, y es —según la propia FAO— el segundo programa más grande aprobado dentro del ciclo de financiamiento GEF-8 (2022-2026).
Su objetivo declarado es transformar los sistemas alimentarios “de la chacra a la mesa” para que sean sostenibles, regenerativos, positivos para la naturaleza, resilientes, inclusivos y libres de contaminación. El programa se construye sobre casi una década de inversiones previas del GEF en sistemas alimentarios, y busca ayudar a los países participantes a cumplir compromisos internacionales como el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, el Acuerdo de París sobre cambio climático, y las metas de neutralidad en la degradación de suelos.
Los números detrás del programa
El FSIP canaliza US$282 millones en financiamiento directo del GEF, sumado a un cofinanciamiento adicional que las distintas fuentes oficiales sitúan entre US$1.800 y US$2.000 millones aportados por gobiernos, agencias del GEF y otros socios. Ese financiamiento se organiza en torno a cuatro sectores agroalimentarios: cultivos (maíz, arroz y trigo), commodities (cacao, aceite de palma y soya), ganadería, y acuicultura. Entre sus objetivos concretos están reducir las emisiones de metano en los sectores ganadero y arrocero, frenar la deforestación asociada a la ganadería y al aceite de palma, y promover la acuicultura como fuente alternativa de proteína e ingresos.
Los 32 países, y por qué Chile es uno de ellos
El programa opera a través de 32 proyectos país distribuidos en África, Asia, Europa, Latinoamérica y el Caribe, y Oceanía. La lista incluye, entre otros, a Angola, Argentina, Benín, Bután, Chad, Chile, China, Costa Rica, Ecuador, Ghana, India, Indonesia, Kenia, México, Pakistán, Perú, Filipinas, Sudáfrica, Sri Lanka, Turquía y Uganda, según el listado oficial publicado por la propia FAO.
A nivel de cada país, el FSIP persigue objetivos que se adaptan al contexto local, entre ellos crear condiciones habilitantes para avanzar hacia sistemas de producción de alimentos sostenibles y regenerativos. Esa definición calza de forma llamativa con el proyecto que el Ministerio de Agricultura de Chile presentó en julio: una iniciativa para escalar prácticas regenerativas en la recuperación de suelos, biodiversidad y servicios ecosistémicos del sector agropecuario chileno, ejecutada a través de ODEPA e INDAP, con asistencia técnica de la FAO y financiamiento del GEF.
Todo apunta a que es la misma pieza del mismo rompecabezas
La coincidencia es difícil de pasar por alto: el mismo financista (GEF), la misma agencia implementadora (FAO), el mismo país y, sobre todo, el mismo objetivo temático —sistemas de producción regenerativos— que persigue el FSIP a nivel país. Todo indica que la inversión regenerativa que Chile ya viene ejecutando es, en la práctica, la manifestación local de este programa global de US$282 millones, aunque no se encontró un comunicado oficial que haga esa vinculación de forma explícita bajo ese nombre.
Lo que sí queda claro es el contexto más amplio: Chile no está haciendo un esfuerzo aislado en agricultura regenerativa, sino que se enmarca dentro de una estrategia internacional coordinada, en la que decenas de países —desde potencias agrícolas como India o China, hasta economías vecinas como Argentina, Perú y Ecuador— están recibiendo, al mismo tiempo, apoyo técnico y financiero para transitar hacia el mismo tipo de modelo productivo.
Fuentes: FAO (Food Systems Integrated Program), Global Environment Facility (GEF), International Fund for Agricultural Development (IFAD), ReliefWeb, Diario de la Carne, Portal Agro Chile.
por José Rios
