La escasez de mano de obra rural, agravada por el envejecimiento de la población agrícola, está acelerando en Asia un salto tecnológico que hace pocos años parecía ciencia ficción: de la máquina autónoma aislada a flotillas completas de siembra, monitoreo y cosecha, coordinadas por una plataforma de control central. En China, este modelo ya opera de forma plena en zonas piloto específicas; en Japón, avanza por etapas hacia ese mismo horizonte.

El caso de Heilongjiang

En China, este modelo tiene nombre técnico propio: 无人农场 (“granja no tripulada”), un sistema que se apoya en una plataforma central de control —descrita en la literatura técnica china como el “comandante general” del sistema— que centraliza datos de clima, suelo y cultivo, y decide tiempos de trabajo, asignación de tareas y rutas óptimas, mientras la maquinaria ejecuta esas decisiones de forma autónoma. Como tecnología complementaria, existe también la llamada “coordinación multi-máquina”, que resuelve la sincronización entre distintos equipos que trabajan en simultáneo, como una cosechadora que descarga grano directamente sobre un camión que la sigue de forma automática.

Heilongjiang, la principal provincia productora de grano de China durante 16 años consecutivos, es uno de los territorios donde este modelo está más avanzado. En la Granja Shengli, perteneciente al Grupo Beidahuang, existe una zona núcleo de aproximadamente 1.000 mu (cerca de 67 hectáreas) donde la operación completa —siembra, manejo y cosecha— ya funciona sin intervención humana directa en el terreno, dentro de un área de radiación mucho mayor, de más de 10.000 mu, donde la automatización todavía es parcial. En paralelo, técnicos de DEWO Technology Development, con base en Harbin, desarrollan y actualizan sembradoras de precisión con monitoreo operacional en tiempo real, mientras aviones agrícolas del Grupo Beidahuang realizan labores de protección aérea sobre extensos campos de maíz.

Vale precisar que, según fuentes técnicas y oficiales chinas, este modelo se encuentra todavía en fase de expansión más que de despliegue masivo: persisten barreras de costo y de estandarización entre fabricantes que limitan por ahora una escala mayor, y buena parte de lo documentado corresponde a proyectos piloto respaldados por el Estado, más que a una operación generalizada ya consolidada en todo el territorio agrícola chino.

Esta infraestructura se apoya también en equipos como el Honghu T70, el primer tractor autónomo y eléctrico diseñado y fabricado íntegramente en China. La máquina integra inteligencia artificial, conectividad 5G y el sistema de navegación satelital Beidou, lo que le permite ejecutar labores de siembra y cosecha con una precisión cercana a los 2,5 centímetros. Su chasis, sin cabina ni elementos de conducción, cuenta con dos motores eléctricos independientes: uno para el desplazamiento y otro dedicado exclusivamente a operar los aperos agrícolas, lo que le permite adaptar la potencia según el terreno y la tarea.

El desafío demográfico japonés

En Japón, el impulso hacia la automatización responde a una presión demográfica aún más extrema. Según el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca del país, la cantidad de personas dedicadas principalmente a la agricultura se redujo a la mitad entre 2000 y 2023, y quienes tienen menos de 60 años representan apenas cerca del 20% del total. La edad promedio de los agricultores japoneses supera hoy los 68 años.

Frente a este escenario, compañías como Kubota avanzan hacia niveles crecientes de autonomía. La empresa ya superó la etapa de “conducción automatizada con agricultor a bordo” y alcanzó la de “operación automatizada sin tripulación, bajo supervisión del agricultor”, tras introducir en 2017 un tractor capaz de trabajar sin nadie a bordo. Para llegar a una inteligencia artificial capaz de tomar decisiones al nivel de un agricultor experimentado, Kubota formó una alianza estratégica con la estadounidense Nvidia, además de colaborar con NTT Group y la Universidad de Tokio. La visión declarada por la compañía apunta a un futuro en que múltiples robots coordinen entre sí sus tareas y objetivos de trabajo de forma armónica, el mismo principio que ya opera en las zonas núcleo de Heilongjiang, aunque en Japón todavía bajo supervisión humana y por etapas.

A esta carrera se suman iniciativas más pequeñas pero significativas, como Adam, un robot semiautónomo desarrollado por la startup Kisui Tech e inspirado en tecnología de vehículos lunares, capaz de transportar producción cosechada por terrenos irregulares, cortar pasto y aplicar pesticidas, pensado específicamente para aliviar la carga física de los agricultores de mayor edad.

Un cambio de paradigma para el agro global

La diferencia central de este modelo no es la existencia de un vehículo robotizado individual —algo que fabricantes como John Deere o AGCO ya ofrecen en distintos niveles de autonomía—, sino la coordinación de una flotilla completa bajo una misma plataforma central de inteligencia artificial. Ese salto, de la máquina autónoma aislada al enjambre coordinado, es el que están perfeccionando hoy los países asiáticos con mayor presión demográfica sobre su fuerza laboral rural, aunque todavía a escala de proyectos piloto más que de despliegue masivo. Es una hoja de ruta que otras regiones agrícolas del mundo, incluida América Latina, probablemente deberán observar de cerca en los próximos años.

Fuentes: China Daily, Xinhua, Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China, Revista Jara y Sedal, Suena a Campo, JapanGov, Envisioning, CNN.

por Juan Lagos