Todo comenzó con el regalo de un abuelo: un puñado de semillas de tomate y una enredadera que su propia familia había traído desde Baviera un siglo antes. Ese gesto, aparentemente pequeño, dio origen a Seed Savers Exchange, hoy uno de los mayores bancos de semillas no gubernamentales de Estados Unidos, con más de 20.000 variedades preservadas en una granja de Iowa.
El origen: una enredadera y un tomate rosado
Seed Savers Exchange (SSE) fue fundada en 1975 por Diane Ott Whealy y su entonces esposo Kent Whealy, después de que el abuelo de Diane, a quien la familia llamaba “Grandpa Ott”, les entregara las semillas de dos variedades: una enredadera de campanillas moradas y un tomate conocido como “German Pink”. Esas semillas habían llegado a Iowa desde Baviera, Alemania, de la mano de los propios padres del abuelo, cuando emigraron a Estados Unidos en el siglo XIX. Ese mismo año, la pareja organizó su primer intercambio de semillas entre 30 jardineros, a partir de una lista de apenas seis páginas.
De un intercambio casero a un banco de semillas de referencia nacional
Lo que comenzó como una red informal de jardineros hoy opera desde Heritage Farm, un predio de 890 acres (cerca de 360 hectáreas) en el condado de Winneshiek, cerca de Decorah, Iowa, adonde la organización se trasladó en 1986. Según su propio sitio institucional, SSE resguarda hoy más de 20.000 variedades de semillas de cultivos alimentarios y de jardín, entre ellas cerca de 1.000 variedades de manzano, más de 500 variedades de papa y más de 200 variedades de ajo, todas mantenidas y regeneradas de forma activa para asegurar su viabilidad a largo plazo. En 1985, la organización amplió además su misión más allá de las semillas, incorporando la conservación de una raza bovina considerada rara, el ganado White Park.
Fue el propio Kent Whealy quien, en 1981, popularizó por primera vez el término “heirloom” (herencia o reliquia) para referirse a este tipo de semillas, una palabra que hoy se usa de forma extendida en toda la industria de jardinería y agricultura de pequeña escala. Por su trabajo, Whealy recibió una beca de la Fundación MacArthur y la medalla N. I. Vavílov, otorgada por el Instituto Vavílov de San Petersburgo, uno de los reconocimientos más prestigiosos a nivel mundial en conservación de recursos genéticos vegetales.
Por qué este trabajo importa más allá de la nostalgia
La misión de Seed Savers Exchange responde a un problema documentado a nivel mundial: durante el último siglo, se estima que el planeta perdió cerca del 75% de las variedades comestibles que alguna vez existieron, según cifras citadas por especialistas del sector. Frente a esa pérdida de biodiversidad agrícola, organizaciones como SSE funcionan como una suerte de reserva viva, preservando genética vegetal que, de otro modo, podría desaparecer para siempre junto con las familias y comunidades que históricamente la cultivaron.
Al cumplirse 50 años de historia, Diane Ott Whealy —hoy la única fundadora con vida, tras el fallecimiento de Kent— reflexionó sobre el camino recorrido: “juntos construimos una base sólida con pasión, trabajo duro y, muchas veces, recursos limitados. Estamos listos para ser más fuertes e influyentes durante los próximos 50 años”, señaló, agregando que no basta con resguardar esa belleza genética, sino que también hay que seguir promoviéndola activamente.
Lo que viene
Con un catálogo comercial de semillas que opera desde el año 2000 y una red de socios y donantes que sigue creciendo, Seed Savers Exchange se perfila como uno de los ejemplos más citados a nivel mundial de cómo la conservación de semillas puede sostenerse durante décadas fuera del ámbito estatal, apoyada casi por completo en el trabajo de jardineros y agricultores particulares dispuestos a compartir, generación tras generación, semillas que de otra forma ya habrían desaparecido.
por Juan Lagos
