Con más de cuatro décadas en el rubro, un paso por el Ministerio de Agricultura y hoy al mando de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker decidió sumar una faceta poco habitual para un dirigente gremial: la de creador de contenido. Su serie de videos “El campo no para” ya suma más de 100.000 seguidores, y se transformó en una de las formas más directas que encontró para explicarle a la ciudad lo que realmente ocurre en el campo.

Del fútbol universitario a la fruticultura, los primeros años de Antonio Walker

Antonio Walker creció junto a nueve hermanos, en una familia que se instaló en Santiago pero que mantuvo un vínculo estrecho con el campo gracias a su abuelo Hernán, quien todos los fines de semana lo llevaba a recorrer los viñedos familiares. Esa cercanía con la tierra convivió durante su juventud con otra pasión: el fútbol, que lo llevó a jugar por Universidad Católica. Más tarde estudió técnico agrícola en Inacap y se especializó en fruticultura en una universidad politécnica estatal de Estados Unidos, gracias a una beca deportiva.

A los 25 años, Walker convenció a su padre —abogado de profesión— de invertir en fruticultura, dando origen a Agropecuaria Wapri. Se instaló solo en la Región del Maule, donde vive hasta hoy, y comenzó comprando 100 hectáreas en la comuna de Teno. Con el tiempo, esa operación creció hasta las 800 hectáreas que administra actualmente. “Mi padre era abogado, yo hice y desarrollé el proyecto”, resume sobre el origen de la empresa familiar.

Un dirigente con rutina de productor

Pese a su rol gremial, Walker sostiene una rutina que combina la gestión política con el trabajo de campo: “de seis a siete de la mañana leo la prensa. De siete a ocho hablo con los administradores de los distintos campos. Trato de dejar uno o dos días para los campos porque me gustan y es lo que he hecho toda mi vida”, relató a la propia SNA. En los últimos tres a cuatro años, reconoce haber dedicado entre 70% y 80% de su tiempo a la conducción del gremio, período en el que también ejerció como ministro de Agricultura. Está casado con una mujer santiaguina que, según cuenta, también ama el campo, y juntos criaron a sus seis hijos hombres.

El origen de “El campo no para”

La serie de videos que lo transformó en una figura reconocible en redes sociales nació tras dejar el Ministerio de Agricultura. Al volver al trabajo en terreno, Walker detectó un desconocimiento generalizado sobre la labor agrícola en la ciudadanía urbana, y decidió comenzar a publicar semanalmente videos mostrando prácticas, tecnología e innovación detrás de cada cultivo. Según relató a BBCL, el contenido más técnico —como las podas— tuvo una recepción muchísimo mayor que las fotografías protocolares junto a autoridades, un dato que él mismo interpreta como evidencia de la brecha real que existe entre el mundo urbano y el rural.

Los desafíos que enfrenta al cierre de su gestión

Este año, Walker termina su período como presidente de la SNA, en medio de un panorama especialmente exigente para el sector: los daños del sistema frontal que calificó como “el peor río atmosférico en cuatro décadas”, la tensión comercial con Estados Unidos por el arancel de 12,5%, y denuncias de organizaciones no gubernamentales sobre condiciones laborales en el agro. Sobre este último punto, ha impulsado activamente la creación de una visa temporal de trabajo por faena, dialogando tanto con el actual gobierno como con la administración anterior, insistiendo en que la informalidad migratoria no es aceptable y que se necesita separar claramente a quienes llegan a delinquir de quienes llegan a aportar al país.

Lo que viene

Con el fin de su gestión gremial ya en el horizonte, Walker ha sido explícito sobre sus planes: “lo único que quiero es volver al Maule. Allá está mi casa, mi señora… y se criaron mis hijos. Ya le he dedicado harto tiempo al tema político”. Mientras tanto, “El campo no para” sigue sumando seguidores, consolidándose como uno de los formatos más directos que un dirigente gremial chileno haya usado para acercar la realidad productiva del país a una audiencia que, según su propia experiencia, sabe mucho menos de agricultura de lo que el sector suele asumir.

por Juan Lagos