Ingeniero agrónomo de la Universidad Católica y quinta generación de una familia agricultora, Mario Mayol es cofundador de Regenera LS, consultora especializada en ganadería regenerativa que hoy asesora cerca de siete mil hectáreas de praderas productivas en el sur de Chile. En esta conversación con Diario Agrícola cuenta cómo llegó a este modelo de producción, qué resultados han visto en los campos que asesoran, y hacia dónde creen que va este sistema en el país.
¿Cómo llegaste al mundo agrícola y ganadero?
Vengo de una familia agrícola de hace varias generaciones: soy quinta generación de agricultores por el lado de mi padre, y mi tatarabuelo llegó de Francia a Chile siendo agricultor. Mi bisabuelo tuvo una de las lecherías más grandes de Chile en su época, en la zona de Angostura, San Fernando, en la Sexta Región. Con el tiempo, y por temas climáticos y de costo de oportunidad, la ganadería familiar se fue corriendo hacia el sur, donde he hecho la mayor parte de mi carrera. Mi padre, siendo abogado, también fue agricultor, y llegó a ser ministro de Agricultura y presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA).
Soy ingeniero agrónomo especializado en economía agraria, con harta experiencia en frutales, cerezos, viña y producción de vino, avellano europeo y ganadería. Hoy administro también el campo familiar en el sur, dedicado a la crianza y recría de ganado.
¿Cómo nace Regenera LS y qué los llevó a especializarse en ganadería regenerativa?
En la universidad se empezaba a hablar un poco de conservación de suelo y biodiversidad, pero eran conceptos que se mencionaban sin profundizar demasiado. Cuando me hice cargo del campo familiar en el sur, los números no me cuadraban: veía el potencial productivo del campo, pero con todo el insumo externo que le metíamos, nunca iba a ser rentable. Ahí un asesor me comentó sobre ganadería regenerativa, empezamos a investigar y a practicarlo, y funcionó muy bien desde la primera temporada.
De ahí conocí a quien hoy es mi socio en Regenera LS, Francisco Calabi, que tiene un currículum importante en agricultura sustentable —trabajó quince años junto a Douglas Tompkins y fue gerente administrador de la primera marca de carne regenerativa orgánica de ciclo completo a escala comercial en Chile, que también tenía una lechería orgánica y regenerativa—. Juntos empezamos a profesionalizar un sistema que, si bien ya existía y funcionaba, todavía era bastante místico: faltaba ciencia y datos concretos detrás. Llevamos seis años en esto, metiendo número, dato económico y productivo a cada decisión.
¿Qué resultados han visto en los campos que asesoran?
Hoy asesoramos cerca de siete mil hectáreas de praderas productivas y cerca de nueve mil cabezas de ganado, con campos entre Perquenco y Los Muermos, y ahora también partiendo en Melipilla. En todos los casos empezamos a asesorar buscando mejorar producción y rentabilidad; muchos de nuestros clientes valoran también el cuidado de la tierra, pero son empresas grandes, con directorios y decisiones importantes, así que nuestro lema es que la conservación es consecuencia de la producción, no al revés.
Un ejemplo: en un campo de crianza que manejamos en el sector del lago Ranco, la carga animal bajó un 28% —menos vacas por hectárea, menos fertilizante— pero el margen por vaca, descontando fertilizante y costos directos, subió un 57%. En términos generales, eso se tradujo en un 25% más de rentabilidad para el campo completo. Ahí uno se da cuenta de que producir un poco menos, con mucho menos costo, puede ser bastante más rentable.
Hemos visto casos incluso más marcados: comparando manejo convencional versus regenerativo en un mismo campo durante dos temporadas, el costo por kilo producido bajó de cerca de 1.800 a 1.280 pesos, lo que en ese momento —con animales vendiéndose a 2.200 pesos el kilo— más que duplicó el margen por kilo. Ese cliente hoy trabaja con nosotros en volúmenes bastante mayores a los iniciales. En general, en todos los campos que asesoramos hemos visto resultados positivos, tanto económicos como ambientales, aunque cada uno requiere una planificación distinta según su clima y producción de pasto. Como cifras generales entre nuestros clientes, hemos visto bajas de hasta 68% en costos operacionales y 31% en el costo por kilo de ganado producido, junto con alzas de hasta 57% en el margen por vaca.
Como consecuencia de este trabajo, creamos un sello propio —no es una certificación oficial, porque no está avalada por ninguna entidad gubernamental— llamado Regenera Trust, que se otorga a los campos que cumplen ciertas mediciones año a año. Hoy existen cadenas de supermercados y frigoríficos comprando carne con este sello, pagando un pequeño sobreprecio sobre la carne convencional.
Parte de esos resultados están documentados en los testimonios de los propios administradores de los campos que ya cuentan con el sello Regenera Trust: en Fundo Riñinahue, en Lago Ranco, cuentan que dejaron de fertilizar y de hacer conservación de forraje, bajando sus costos cerca de un 80%, con manejos mucho más simples. En Fundo Puelche, en Cunco, destacan la mayor retención de humedad de las praderas y el aumento de biodiversidad, con más aves e insectos. Y en Fundo Trailenco, en Villarrica, el encargado de ganadería cuenta que dejaron de gastar en forraje y maquinaria, porque hoy cuentan literalmente con el forraje disponible en la pradera donde están los animales.
¿Hacia dónde va la ganadería regenerativa en Chile, y cuál es la visión de Regenera LS a futuro?
Creo que el mensaje central es que la ganadería regenerativa en Chile ya no es un mito: es una realidad, un sistema operativo que ha ayudado a muchos campos —incluidos actores grandes e importantes de la industria ganadera— a mejorar sus números de rentabilidad y parámetros productivos, como el porcentaje y peso de destete o la ganancia de peso en recría y engorda. Y eso, en consecuencia, trae mejoras en conservación y sustentabilidad, un tema que hoy también están mirando con mucha atención las grandes empresas a nivel mundial. Según supimos hace poco, el Ministerio de Agricultura anunció una inversión importante vinculada a este tipo de prácticas, y como productor de avellano europeo también he visto que compradores internacionales como Ferrero llevan tiempo impulsando prácticas de agricultura regenerativa entre sus proveedores.
En Chile, en general, tenemos la ganadería seteada para pensar en carga animal o volumen de producción, sin necesariamente mirar cuánto cuesta llegar a esos números. No es casualidad que hoy tengamos un tercio de las cabezas de ganado que había hace veinte años: el negocio, tal como está planteado hoy, muchas veces no da. Creemos que Chile no puede competir en volumen con países como Argentina, Paraguay o Brasil, pero sí puede diferenciarse dándole valor agregado a su producción —aprovechando nuestras praderas del sur, nuestra genética y nuestra condición sanitaria— a través de modelos como el grass fed y la ganadería regenerativa.
En el corto plazo, nuestro objetivo es seguir sumando campos y consolidando resultados productivos y económicos concretos. Y en un plano más amplio, sabemos que esto solo va a crecer de la mano de mejor rentabilidad, no de la filantropía: hoy la demanda de carne producida bajo estos sistemas ya supera a la oferta, así que parte importante de nuestra misión hacia adelante es también educar al consumidor final, que en su gran mayoría todavía no sabe qué es la carne regenerativa cuando la ve en el supermercado.
Desde Diario Agrícola creemos que historias como la de Mario Mayol y Regenera LS muestran cómo la ganadería chilena está buscando nuevas formas de ser rentable sin perder de vista la sustentabilidad. Seguiremos mostrando a los distintos actores —grandes y pequeños, tradicionales e innovadores— que hacen de esta industria algo tan potente para Chile y Latinoamérica.
por Cristián Valenzuela
