Felipe Luengo conoce el avellano europeo en Chile desde adentro. Con veinte años de trayectoria en el rubro de los frutos secos, este agrónomo de la Universidad de Concepción pasó por el cultivo del nogal en la Cuarta Región, trabajó en una planta procesadora de nueces en Turquía y se desempeñó durante ocho años como agrónomo zonal en Agrichile, filial local de la chocolatera internacional Ferrero, en las zonas de Ñuble, Biobío y Araucanía Sur. El año pasado dio un paso hacia la independencia y fundó, junto a su socio y amigo Juan Pablo Díaz, su propia consultora técnico-comercial, con la que hoy acompaña proyectos de avellano europeo entre Ñuble y Los Lagos, región a la que recientemente se trasladó a vivir junto a su familia.
En esta conversación con Diario Agrícola, Luengo repasa su camino profesional, explica el proyecto La Avellana Sustentable que desarrolla junto a su nueva líder de investigación y desarrollo, Melania Puig, y entrega su visión sobre por qué Chile se ha convertido en un actor único en la producción mundial de avellanas.
¿Cómo llegaste al mundo de las avellanas?
Mi nombre es Felipe Luengo, tengo 42 años y soy agrónomo de profesión, egresado de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción, sede Chillán. Soy oriundo de esa ciudad y mi familia es de allá. Llevo aproximadamente veinte años en la industria de los frutos secos.
Comencé este recorrido en la Cuarta Región, donde viví cerca de siete años y tuve mi primer acercamiento a los frutos secos a través del cultivo del nogal. Ahí me desempeñé como transferencista, haciendo investigación de forma solapada a través de herramientas de difusión como un PDT. Ahí nació el Felipe investigador, el curioso, como digo yo entre risas. Después fui investigador de frutos secos para un centro experimental en la provincia del Choapa.
Por el año 2017 volví a Chillán y, poco después, se me presentó una oportunidad de viajar a Turquía. Me invitaron a participar en un proyecto para levantar una línea de proceso de descascarado de nueces, donde estuve a cargo de la recepción de embarques y del diseño del layout de la planta, además de coordinar el envío de contenedores a Italia y España.
Al volver a Chile, monté un emprendimiento junto a unos amigos enfocado en el estudio del continuo suelo-planta-atmósfera. Instalábamos estaciones meteorológicas y sensores de suelo y de planta, y a través de una huerta experimental empezamos a explorar un tema muy interesante: la conciencia vegetal, es decir, entender si las plantas tienen algún tipo de sensibilidad o capacidad de respuesta frente a su entorno. De ahí nació la base de lo que hoy es el foco principal de mi trabajo, el bienestar vegetal, que busca dar un trato digno y respetuoso a las plantas dentro de los biosistemas productivos.
Ese emprendimiento no prosperó comercialmente, pero fue una gran escuela que después pude aplicar en la etapa siguiente, mi paso por Agrichile, filial local de la chocolatera internacional Ferrero, donde estuve aproximadamente ocho años. Me desempeñé como agrónomo zonal, primero en Ñuble y Biobío, zona que recibí con 75 campos y cerca de tres mil toneladas de fruta, y que entregué con más de 300 campos y más de quince mil toneladas. Hace dos años asumí como agrónomo zonal de Araucanía Sur, zona donde vi más de 120 campos y con la que completé mi acceso a más de 500 campos a lo largo de mi carrera, pudiendo conocer de cerca toda la realidad productiva del país, desde productores de media hectárea hasta otros con más de 200 hectáreas.
El año pasado, tras varias conversaciones y negociaciones, decidí dar el paso a la independencia y fundar, junto a mi socio y amigo Juan Pablo Díaz, mi propia consultora, que hoy acompaña proyectos principalmente entre Ñuble y Araucanía, con miras a expandirse hacia Los Ríos y Los Lagos. Justamente me acabo de mudar a Osorno, ciudad donde vivía mi señora antes de conocernos, aunque ella es originaria de Santiago, así que estamos conociendo en terreno esa zona antes de comenzar a acompañar proyectos ahí.
¿Qué distingue a tu consultora de otras asesorías que hoy existen en el mercado?
Buscamos desmarcarnos del concepto tradicional de asesor, porque creemos que es muy arriesgado, incluso soberbio, que una sola persona pretenda dominar todas las áreas de manejo de un fruto seco como la avellana. Lo que estamos formando es una consultoría técnico-comercial que acompaña de forma integral a los proyectos que confían en nosotros.
Estamos armando una mesa técnica con especialistas en fertilidad de suelo, nutrición vegetal, cosecha y poscosecha, y en el secado de la avellana, que es prácticamente una cocina en sí misma. Preferimos apoyarnos en especialistas con la misma experiencia que nosotros, pero enfocados específicamente en esas labores, antes que intentar abarcarlo todo.
También incorporamos recientemente a nuestra líder de investigación y desarrollo, Melania Puig, profesional del agro con más de diez años de trayectoria en el área. Junto a ella iniciamos un proyecto que hemos llamado La Avellana Sustentable. No se trata de algo inédito, sino de ordenar y homologar conocimientos que ya existen en el país, pero de forma muy dispersa. Queremos unificar el lenguaje del sector y responder algo fundamental, qué es sustentable y qué no lo es, considerando también las políticas públicas y el comercio internacional.
En una primera etapa nos concentramos en el manejo agronómico. Estamos instalando estaciones experimentales en dos zonas, una que agrupa Maule y Ñuble–Biobío, y otra que reúne Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, además de parcelas satélite que nos permitan tener una fotografía real de distintos suelos, climas, variedades y tipos de proyecto.
Sin descuidar el aspecto económico, también estamos en alianza con una consultora especializada en economía agraria, para valorizar proyectos, hacer análisis de rentabilidad y costos, y entregar reportería de sostenibilidad tipo ESG cuando corresponda. Creemos que hacia el 2030 la industria del avellano europeo enfrentará nuevas regulaciones internacionales que empujarán procesos de certificación de la producción en Chile. Los frutos secos se han mantenido al margen de las certificaciones que ya son comunes en la fruta fresca, y nosotros queremos ir preparando el terreno. Si iniciamos una transición hacia la certificación sustentable antes de que la norma sea exigida, ese camino será mucho más amable para los productores.
¿Cuál es el futuro del avellano europeo en Chile?
Es una pregunta muy interesante y tiene varias aristas. El futuro del avellano europeo en Chile se explica, primero, por el contexto global. Chile tiene condiciones únicas para producir fruta y alimentos. Dentro de un escenario de cambio climático, la corriente de Humboldt nos entrega temperaturas más bajas que el resto del mundo, lo que nos hace más competitivos. A eso se suma la calidad del aire, del agua y de los suelos, además del nivel profesional del productor chileno, que ha logrado manejar de forma intensiva un cultivo que a nivel mundial se trabaja de manera mucho más extensiva.
Eso ha permitido resultados que no se ven en ninguna otra parte del mundo, con rendimientos sobre los cinco mil kilos por hectárea y más del 90% de la fruta en calidad Q1, la más exigida por la industria. Esas condiciones convierten a Chile en un proveedor único de avellanas a nivel mundial, aunque también nos obligan a cuidar tanto la productividad como la calidad, para diferenciarnos en un mercado donde, en general, la calidad de la fruta no es muy buena.
Las producciones de Turquía provienen en su mayoría de huertos silvestres, con rendimientos cercanos a los mil kilos por hectárea. En Italia los huertos son pequeños y se manejan de forma más relajada, con rendimientos de alrededor de dos mil kilos por hectárea. La producción del hemisferio norte se concentra en Estados Unidos y en la cuenca del Mediterráneo, en países como España, Portugal, Francia, Italia, Serbia, Azerbaiyán y Turquía, zona donde la superficie plantada está deprimida por la disponibilidad de agua y el cambio climático.
En el hemisferio sur, Ferrero exploró también países como Australia, Sudáfrica y Argentina, ninguno de los cuales logró alcanzar la escala comercial que sí alcanzó Chile. Australia enfrentó problemas de polinización por olas de calor, Sudáfrica tuvo dificultades de adaptación climática y Argentina, pese a tener una data similar a la chilena, de casi treinta años desde la llegada de los primeros proyectos italianos en los noventa, recién comenzó a exportar contenedores de fruta hace cinco o seis temporadas, sin lograr los volúmenes ni la calidad que hoy tiene Chile.
En ese escenario, Chile corre prácticamente solo en el hemisferio sur. No quedan muchas zonas no tradicionales de cultivo por explorar en el mundo, y el país ya lleva una carrera bien adelantada, con una industria muy bien armada y una trazabilidad de la fruta que hoy es casi completa.
Además, hay que tener presente que la dinámica de exportación de la avellana es distinta a la de la fruta fresca, porque la demanda la establecen directamente las chocolateras. Son pocos pero poderosos compradores, principalmente en Italia, Alemania, Suiza y Bélgica, que necesitan avellanas para sus chocolates. El chocolate en el mundo se hace con avellanas, y marcas como Nestlé, Ferrero, Mondelez y Storck lo tienen muy claro en su hoja de ruta. Por eso le veo muy buen futuro al cultivo en el país, siempre que sigamos trabajando en calidad, que es justamente lo que hoy exige la industria.
Felipe Luengo cerró la conversación reafirmando que su foco, y el de su consultora, está puesto en trabajar la sustentabilidad del cultivo desde la práctica, desarrollando herramientas concretas que permitan a los productores implementarla en el día a día. Según su experiencia de dos décadas en el sector, el avellano europeo en Chile tiene por delante un futuro promisorio si el país logra sostener en el tiempo su ventaja productiva y avanzar, de la mano de la industria, hacia estándares de sustentabilidad reconocidos internacionalmente.
