Viverista y consultor especializado en cítricos, paltos y cerezos, Augusto Delgado es además el creador de Agrónomo Chileno, una plataforma digital gratuita que busca acercar el conocimiento técnico agrícola a productores de todo tamaño. En esta conversación con Diario Agrícola repasa sus orígenes en el campo, los años difíciles que marcaron el nacimiento de su vivero y las razones que lo llevaron a apostar por compartir información sin fines comerciales.
¿Cómo llegaste al mundo agrícola y qué te llevó a estudiar Agronomía?
Mi familia siempre estuvo ligada al campo. Mi abuelo tenía vivero y plantaciones frutales, y mi mamá es paisajista, así que en la casa siempre hubo un vivero. Para mí estaba en el ADN, era algo cien por ciento natural. Sin embargo, cuando decidí estudiar Agronomía, nadie en mi familia quería eso, porque los adultos sabían lo duro que era. Me decían: estudia Comercial, estudia Ingeniería, pero Agronomía no. Mi abuelo fue distinto: fue quien más celebró la decisión. Eso sí, me dijo una frase que no se me olvida: “no seas un agrónomo de escritorio“. Lo que más le preocupaba era que terminara encerrado en una oficina en vez de meter las manos en la tierra.
En la universidad lo pasé muy bien. Fui jefe de trabajos de invierno, que fue sin duda la mejor experiencia dentro de la universidad, y además era el DJ de Agronomía, tocaba en varias facultades. Eso me hizo conocer a mucha gente. Desde un principio quería ser asesor de cítricos y paltos, pero la vida me hizo dar la vuelta un poco más larga: al egresar trabajé en las empresas de mi abuelo, donde aprendí mucho de cítricos, paltos y cerezos, hasta que él falleció y luego de unos años decidí independizarme.
¿Cómo nace el Vivero Agromisión y cómo fueron esos primeros años?
Al independizarme armé un vivero de cítricos y una consultora dedicada a la asesoría de cítricos, paltos y cerezos. Quisimos hacer las cosas de una manera distinta, bien disruptiva: fabricar una planta con mayor contenido de raíces, que se establece mejor en el terreno y logra producir fruta en menos tiempo. Además, nos preocupamos de asesorar a los productores para que elijan la mejor especie, variedad y portainjerto para su zona y las condiciones específicas de su campo, aunque eso signifique decirle a alguien que no debería plantar cítricos. Es muy común en el viverismo venderte lo que se tiene en oferta; nosotros quisimos ser también una consultora para el agricultor.
Como en todo emprendimiento, algo pasa que hace que lo planificado se vaya al tacho de la basura. Partimos justo en el año de la crisis logística de la pandemia: se perdió fruta en Estados Unidos y a los agricultores les fue muy mal esa temporada. Al año siguiente, el 30 de mayo, cayó una helada que terminó de desfinanciar a los citricultores. Partí con el pie izquierdo, pero como soy porfiado seguimos adelante, y hoy nos está yendo muy bien. Ahora estamos partiendo también con palto.
¿Por qué crees que el negocio de los cítricos ha sido tan estable, a diferencia de lo que pasó con la cereza, y qué aprendizajes te dejó el caso de la uva de mesa?
Los cítricos no se pueden plantar en cualquier terreno, por el riesgo de heladas y porque en muchas zonas no hay suficientes grados día. Eso limita la superficie plantable y evita que se genere sobreoferta, algo que sí ocurrió con la cereza, que se plantó de punta a punta en Chile. Con el avellano europeo veo un riesgo distinto: ahí hay solo dos compradores, mientras que en la cereza había un país entero con múltiples compradores. Por eso creo que el negocio del avellano es más riesgoso que el de la cereza.
Además, tenemos la responsabilidad de no repetir errores del pasado, como el de la uva de mesa. Fue el recambio varietal lo que se promovió masivamente por gremios y agrónomos como el reemplazo necesario de las variedades antiguas, y después se comprobó que solo un puñado de las nuevas variedades realmente funcionaba. Se desfinanció una industria por una recomendación apresurada. Con la cereza pasó algo parecido con las variedades tempranas, y al final la Santina siguió siendo la reina. Por eso, desde el vivero y la consultora permitimos ensayos de nuevas variedades, pero siempre dejando claro al agricultor que es material no probado. No podemos exprimirlo para que salga perdiendo con nuestros ensayos.
¿Cómo nace Agrónomo Chileno y qué buscas con este proyecto?
Antes de esto, con un amigo desarrollamos una plataforma automática de control de heladas por aspersión, porque teníamos problemas con los cerezos. La probamos en el campo de la familia de Josefa, mi señora y funcionó muy bien, pero quedó en pausa: mi amigo trabajaba en minería y yo estaba recién partiendo con el vivero, los dos con demasiada pega para expandirlo.
Desde la universidad quedé con el bichito emprendedor, con ganas de hacer algo que generara impacto y trascendiera. En esa búsqueda se me ocurrió Agrónomo Chileno, un proyecto para conectar a toda la comunidad agrícola —agricultores, agrónomos, técnicos— en buena onda. La información técnica existe, pero está escrita con tecnicismos que la mayoría de los agricultores no maneja. Si le presentas un paper a alguien, no lo va a leer ni entender. La idea es entregar conocimiento simple, y si se menciona algún concepto técnico, explicarlo de inmediato.
Lo hice gratis porque no nació buscando lucas. Nunca voy a recomendar algo que yo no usaría. ¿Cómo puedo entregar esta información a la gente que no puede pagar una asesoría? Eso me ayudó a definir el propósito: ayudar y aumentar la competitividad del agricultor. Mi misión es potenciar la agricultura chilena y hacer que sea de clase mundial.
La respuesta de la comunidad ha sido una dinámica súper rica, donde la gente opina, hace preguntas y aclaramos dudas entre todos. Nunca había vivido una experiencia de viralidad así: me hablaron cientos de personas, un fin de semana completo con el teléfono sonando sin parar. Fue agotador, pero muy bueno, porque me permitió entender qué necesitaba realmente la gente.
