El Producto Interno Bruto de China se expandió un 4,3% interanual en el segundo trimestre de 2026, la tasa más baja desde fines de 2022, según informó esta semana la Oficina Nacional de Estadística del país. El dato, más débil de lo previsto por los analistas, llega en medio de una demanda interna frágil, una crisis inmobiliaria persistente y el encarecimiento global de la energía por el conflicto en Medio Oriente.
Un crecimiento que se frena de forma sostenida
Según la Oficina Nacional de Estadística (ONE) de China, el PIB del país avanzó un 4,3% interanual entre abril y junio, siete décimas por debajo del 5% registrado en el primer trimestre y por debajo del 4,5% que proyectaban los analistas consultados por el mercado. En términos intertrimestrales, ajustados estacionalmente, la economía china creció apenas un 0,9%, una desaceleración de 0,4 puntos frente al 1,3% del trimestre anterior y la lectura intertrimestral más débil desde el segundo trimestre de 2024.
En el acumulado del primer semestre de 2026, la economía china creció un 4,7%, alcanzando un tamaño de 69,57 billones de yuanes (unos US$10,28 billones), con expansiones del 3,7% en el sector primario, 3,9% en el secundario y 5,2% en el sector servicios. La cifra semestral se mantiene dentro del rango que se fijó el propio gobierno chino como meta oficial para el año —entre 4,5% y 5%— aunque el resultado trimestral aislado enciende alertas sobre si ese objetivo, ya el más bajo desde 1991, podrá sostenerse en la segunda mitad del año.
Las razones detrás de la desaceleración
Los analistas atribuyen el freno a una combinación de factores: una demanda interna débil, la persistencia de la crisis del sector inmobiliario chino y una menor confianza del sector privado. A eso se sumó, durante el trimestre, el encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Medio Oriente, que ha presionado los costos para buena parte de la economía global, incluida China como gran importador de petróleo y gas.
Julian Evans-Pritchard, analista de la consultora británica Capital Economics, señaló que —dejando fuera los confinamientos por Covid-19— se trata del peor conjunto de cifras de crecimiento trimestral del que se tiene registro en el país. Sin embargo, matizó que el resultado no refleja necesariamente un “deterioro repentino” de la economía, sino más bien una mayor disposición de las autoridades chinas a reconocer debilidades preexistentes y a corregir la sobreestimación de datos que históricamente aportaban los gobiernos regionales. Tras conocerse el dato, Capital Economics rebajó su proyección de crecimiento oficial para China en 2026 a 4,6%, aunque en su medición alternativa la consultora sitúa el avance real más cerca del 3,4%.
La respuesta oficial
Pese al resultado más débil de lo esperado, la propia Oficina Nacional de Estadística de China sostuvo que “la economía nacional operó dentro de un rango adecuado frente a la presión”, destacando la estabilidad del empleo, un leve incremento de los precios y una “buena dinámica” en el comercio exterior. El organismo agregó que “los nuevos motores de crecimiento experimentaron un rápido desarrollo” y que “la economía nacional continuó demostrando una gran resiliencia”, en un discurso que combina el reconocimiento de las dificultades con un tono de cautela optimista de cara al segundo semestre.
Por qué le importa al mundo
China sigue siendo la segunda economía más grande del planeta y uno de los motores centrales del crecimiento global, por lo que cualquier señal de desaceleración sostenida tiende a repercutir en el comercio internacional, los precios de las materias primas y la confianza de los inversionistas a nivel mundial, especialmente en un momento en que la economía global ya enfrenta presiones adicionales por la escalada del conflicto en Medio Oriente y sus efectos sobre los precios de la energía.
El ángulo agro para Chile
Para el agro chileno, la salud de la economía china no es un dato abstracto: China es, por lejos, el principal socio comercial de Chile y el destino número uno de exportaciones clave como la cereza, el salmón, el vino y la fruta fresca en general. Una demanda interna china más débil de lo esperado —justo el factor que explica buena parte de esta desaceleración— es la misma variable que en 2025 ya presionó a la baja el precio de la cereza chilena por sobreoferta en el mercado chino. Un crecimiento chino más lento en la segunda mitad de 2026 no garantiza una repetición de ese escenario, pero sí es una señal que la industria exportadora chilena debiera monitorear de cerca de cara a la próxima temporada, en momentos en que el país ya negocia una porción cada vez más importante de su liderazgo agroexportador regional frente a Perú.
