La entrada en vigencia de la jornada laboral de 42 horas continúa generando debate entre los distintos sectores productivos. En ese contexto, el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, planteó la necesidad de incorporar mayores herramientas de flexibilidad para responder a las particularidades del trabajo agrícola.

“Las principales dificultades se dan en labores que deben realizarse en momentos muy específicos, como cosechas, riego, ordeña, packing o manejo sanitario. Esto genera desafíos operativos relevantes, especialmente para pequeñas y medianas empresas que no siempre tienen margen para contratar más personas o reorganizar turnos sin afectar sus costos y productividad”, aseguró Walker en entrevista con Emol.

La denominada Ley de 40 Horas estableció una reducción gradual de la jornada ordinaria desde las 45 horas semanales. En abril de este año comenzó a regir la segunda etapa de la implementación, disminuyendo el límite a 42 horas, mientras que el objetivo es alcanzar las 40 horas en 2028.

Según explicó Walker, la SNA, junto con la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y sus ramas, ha propuesto al Gobierno perfeccionar la aplicación de la ley mediante herramientas que permitan distribuir la jornada de manera más eficiente.

Entre las alternativas planteadas figuran las bolsas de horas y los sistemas de promedio de jornada, mecanismos que permitirían trabajar más horas durante las temporadas de mayor actividad y compensarlas posteriormente con períodos de menor carga laboral, manteniendo las remuneraciones y las cotizaciones previsionales.

“La falta de flexibilidad puede generar efectos no deseados, como mayores costos, menor contratación formal, presión sobre las pymes agrícolas y más incentivos a reemplazar mano de obra por mecanización”, agregó el presidente de la SNA.

Walker recalcó que el planteamiento del gremio “no busca revertir la reducción de la jornada laboral, sino adecuar su implementación a las características del trabajo agrícola”.

A su juicio, avanzar en fórmulas de adaptabilidad permitiría compatibilizar el bienestar de los trabajadores con la productividad, la competitividad y la capacidad del sector para responder a las exigencias de los mercados nacionales e internacionales.

El debate sobre la adaptabilidad de la jornada laboral no es nuevo para el sector agrícola. Desde la aprobación de la Ley de 40 Horas, los gremios han sostenido que actividades estacionales, como las cosechas, las vendimias y las siembras, requieren una distribución distinta del tiempo de trabajo.

Por ello, han planteado la necesidad de contar con mecanismos que permitan concentrar más horas durante los períodos de mayor actividad y compensarlas en las etapas de menor demanda, sin modificar la reducción gradual de la jornada semanal.

Fuentes:  Emol, Ley 21.561, Dirección del Trabajo, SNA.