El catastro de daños al agro que dejó el sistema frontal subió de US$150 millones a US$400 millones en menos de una semana, según la consultora Colliers, en una escalada que refleja lo difícil que resulta cuantificar en tiempo real una emergencia que, en algunas zonas, todavía no termina. La Sociedad Nacional de Agricultura maneja, por ahora, una cifra bastante más conservadora: cerca de US$200 millones, con 621 agricultores afectados formalmente registrados hasta el momento.

Una cifra que se mueve rápido y que aún no es definitiva

Los primeros balances, con información recopilada hasta el viernes, situaban las pérdidas totales —agricultura, viviendas e infraestructura pública combinadas— en torno a US$150 millones. Para el domingo, la propia consultora Colliers había elevado esa cifra a US$200 millones, según explicó Rodrigo Gil, gerente del área de Campos Agrícolas de la firma. Con el catastro actualizado al lunes 20 de julio, el monto volvió a duplicarse: US$400 millones en daños combinados a agricultura, viviendas y obras públicas entre las regiones de Atacama y La Araucanía. Gil advirtió que, si el sistema frontal se mantiene con la misma intensidad, la cifra podría seguir subiendo.

La Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), que elabora su propio catastro junto a los gremios regionales desde Atacama hasta Los Lagos, entrega un panorama más acotado: su presidente, Antonio Walker, cifra el daño específicamente agrícola en torno a los US$200 millones, y precisa que, hasta el momento, “no se observan pérdidas generalizadas en la producción agrícola”, aunque sí un fuerte daño en infraestructura rural. La brecha entre ambas cifras no es necesariamente una contradicción: Colliers agrupa agro, vivienda y obras públicas en un solo número, mientras la SNA reporta solo el componente estrictamente agrícola, con datos recogidos directamente de sus gremios de base.

Qué se dañó realmente en el campo, el detalle de los daños al agro

El detalle del catastro de Colliers, con información hasta este lunes, apunta a que los cultivos más golpeados son los paltos y los cítricos, además de las siembras de trigo, avena y cebada afectadas por inundaciones prolongadas entre Atacama y Biobío. En comunas como Huasco, Alto del Carmen, Combarbalá, Monte Patria e Illapel, se registró daño a infraestructura de riego —equipos, casetas, instalación eléctrica, tranques y canales— por crecidas y desbordes de ríos y esteros, y por activación de quebradas. Entre Atacama y Biobío también se reportaron techos de invernaderos y galpones de forraje volados por ráfagas de viento superiores a los 100 km/h.

Desde la SNA, Walker detalló que las principales afectaciones corresponden a caminos y puentes cortados, sistemas de riego e infraestructura hídrica dañada, cortes de energía y dificultades de acceso a predios agrícolas. En regiones como Biobío, Ñuble, Maule y La Araucanía —de acuerdo a otro balance preliminar— las inundaciones y la saturación de los suelos afectaron cultivos, predios ganaderos, bodegas, cercos y maquinaria agrícola.

El termómetro que mejor refleja el impacto: Lo Valledor

Uno de los indicadores más concretos del efecto logístico de la emergencia llegó desde el mercado mayorista Lo Valledor, que recibió un 20% menos de productos que un domingo normal, según datos citados por la propia SNA. El gremio fue claro en aclarar que esa merma responde a cortes de rutas, no a una caída real en la producción de alimentos. Por lo mismo, la organización descartó que el abastecimiento esté en riesgo: aseguró que existen reservas suficientes de papas, cebollas y legumbres, además de disponibilidad de hortalizas provenientes de la zona norte, por lo que no debieran registrarse alzas de precios mientras se mantenga esa oferta.

Una noticia que no es solo mala

En medio del catastro de daños, Colliers rescató un dato positivo: las intensas lluvias permitieron recuperar los niveles de los embalses en la Región de Coquimbo, una de las zonas más golpeadas por la sequía en los últimos años. La presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte, María Inés Figari, fue más allá al describir el rol de esa misma infraestructura durante la emergencia: si los tranques no hubieran retenido los millones de litros de agua que bajaron desde la cordillera, dijo, los poblados aguas abajo “estarían borrados del mapa”. Figari también advirtió que es aún muy temprano para una evaluación detallada de los daños, ya que el sistema frontal seguía activo este lunes, con lluvias que volvieron a caer sobre la zona y caminos que continúan cortados.

Lo que viene

Con el sistema frontal todavía sin dar tregua completa en algunas regiones, tanto Colliers como la SNA coinciden en que las cifras actuales son preliminares y seguirán ajustándose en los próximos días, a medida que los equipos en terreno logren acceder a predios hoy aislados por caminos cortados. El desafío para el agro, una vez que la emergencia climática ceda, será doble: reparar la infraestructura de riego dañada antes de que eso afecte la próxima temporada de siembra, y capitalizar el respiro hídrico que las lluvias sí dejaron en los embalses del norte chico.