El año 2025 fue difícil para las dos principales industrias vitivinícolas de Sudamérica. Chile cerró ese ejercicio con exportaciones de vino embotellado en su peor tendencia de la última década —una caída promedio anual de 3,7% en volumen y 5,6% en valor en los últimos cinco años— y Argentina no lo pasó mejor: sus envíos cerraron con US$ 661 millones, el valor más bajo desde 2009. Dos países que juntos explican una parte significativa del vino que circula en los mercados internacionales, y los dos en retroceso.
Lo que ocurrió en el primer trimestre de 2026, sin embargo, no fue igual para cada uno. Argentina rebotó con fuerza. Chile se estabilizó. Las razones son distintas, los desafíos también, y las perspectivas para lo que queda del año dependen de variables que ninguna bodega controla del todo.
El punto de partida: qué pasó en 2025
Para entender los números de 2026 hay que tener clara la profundidad del golpe previo.
En Argentina, las exportaciones de 2025 llegaron a su nivel más bajo en volumen desde 2004: 1,93 millones de hectolitros. El tipo de cambio desfavorable, la sobrecapacidad instalada, la caída de la demanda global y la competencia reforzada de Chile, España e Italia dejaron a las bodegas mendocinas en una posición muy débil. Muchas postergaron inversiones. Otras ajustaron precios a la baja buscando no perder compradores.
En Chile, el panorama fue distinto pero igualmente complejo. Las exportaciones de vino embotellado cerraron 2025 con 46,1 millones de cajas y US$ 1.262 millones, un retroceso de 1,3% en volumen y 2,9% en valor respecto de 2024. China —que hace pocos años era el primer mercado del vino chileno— cayó al quinto lugar, acumulando una contracción promedio anual de 20% en los últimos cinco años. Estados Unidos tampoco ayudó. El precio promedio por caja bajó a US$ 27,4, un 1,7% menos que el año anterior, en un mercado global donde la IWSR (International Wine and Spirits Record) ya advertía que el vino es la única categoría relevante de alcohol con caída en todos los rangos de precios.
El contexto macro complicó todavía más las cosas: el dólar se depreció frente al euro durante 2025, lo que benefició relativamente a los productores del Nuevo Mundo como Chile y Argentina frente a Europa, pero no lo suficiente como para compensar la retracción del consumo global. La OIV reportó que el consumo mundial de vino se ubicó en su nivel más bajo desde 1961, con una brecha entre producción y consumo de 11,6 millones de hectolitros.
Ese era el piso desde el que ambas industrias partieron en enero de 2026.
Argentina: el rebote que nadie esperaba, pero que tiene explicación
En marzo de 2026, las exportaciones de vino argentino alcanzaron 18.163.900 litros, un alza de 22,8% respecto del mismo mes de 2025. El primer trimestre cerró con 47.465.400 litros totales y un crecimiento acumulado de 15,5% en volumen, generando US$ 176.819.000 en valor FOB, un 5,9% más que en el mismo período del año anterior.
Son números llamativos, pero hay que leerlos con perspectiva. El piso de comparación era excepcionalmente bajo: 2025 fue tan malo que cualquier cifra razonablemente normal iba a parecer un repunte. El verdadero indicador de recuperación es cuánto se acorta la brecha con los niveles de 2023 y 2024, y ahí el avance es moderado, no estructural.
Dicho eso, el salto de marzo no fue aleatorio. Hubo factores concretos que lo explican.
El granel tiró del carro. El vino a granel creció 51,2% en marzo, mientras que los fraccionados subieron 13,1%. Eso revela la naturaleza del rebote: no fue un boom del malbec de alta gama en los restaurantes de Nueva York, sino un aumento del volumen funcional —vino sin botella, a bajo costo, destinado a mezcla o reembotellado local en mercados como Brasil y Paraguay. Es crecimiento real, pero de menor valor agregado.
Compradores que volvieron. Importadores canadienses que en 2025 habían migrado a Chile —atraídos por precios más competitivos en ese momento— retornaron a Argentina en el primer trimestre de 2026. No por una mejora súbita de la calidad argentina, sino porque Chile también ajustó precios al alza y la oferta trasandina quedó nuevamente competitiva.
El dólar acompañó. Argentina exporta en dólares y produce en pesos. En el primer trimestre de 2026 el tipo de cambio mantuvo niveles que favorecieron la competitividad de las bodegas. Ese factor es volátil —puede revertir en cualquier momento— pero en el período analizado fue un viento de cola.
El malbec sigue siendo insustituible. El 64% de todas las exportaciones de vino argentino corresponde a malbec puro o en blend. Es una concentración de riesgo, pero también una fortaleza: ninguna otra región del mundo ofrece malbec de altura con la misma escala que Mendoza. En 2026 empiezan además a ganar terreno el Cabernet Franc y el Torrontés en mercados externos, y los vinos orgánicos y biodinámicos crecieron 18% interanual según el Instituto Nacional de Vitivinicultura.
En cuanto a destinos, Estados Unidos sigue concentrando el 29% de los envíos, seguido de Reino Unido con 13%, Brasil con 11%, Canadá con 6% y México con 4%. Esos cinco mercados reúnen más del 60% del total exportado.
Chile: estabilidad con tensiones internas
El primer trimestre de 2026 fue para el vino chileno un período de relativa estabilidad, pero con diferencias profundas entre mercados que los promedios no muestran.
Las exportaciones de vino embotellado cerraron enero-marzo con 10 millones de cajas y US$ 276 millones, una leve baja de 0,9% en volumen compensada por un alza de 1,3% en valor. El precio promedio acumulado subió 2,3% hasta US$ 27,4 por caja. En términos netos, la industria chilena se mantuvo, y en ese contexto eso es una señal razonablemente positiva.
Pero la lectura cambia cuando se miran los mercados por separado.
Brasil fue el salvavidas. En marzo de 2026, Brasil registró alzas superiores al 45% en volumen y valor respecto del mismo mes del año anterior. En el acumulado del trimestre ya representa el 16% del valor total exportado en vino embotellado, con un crecimiento de 15% frente al mismo período de 2025. Sin Brasil, el trimestre habría cerrado claramente en negativo.
China y Estados Unidos retrocedieron. Los dos grandes motores del vino chileno en la última década siguen perdiendo peso. China acumula una contracción de 20% promedio anual en cinco años y ya no está entre los primeros destinos. Estados Unidos también mostró bajas relevantes en el trimestre. El informe de Wines of Chile señala que estos mercados fueron compensados por Brasil, Reino Unido, Canadá, México, Corea del Sur e Irlanda.
El segmento premium está bajo presión. En marzo de 2026, los vinos entre US$ 20 y 30 por caja crecieron 6% en volumen y 8% en valor. Pero los vinos sobre US$ 50 por caja retrocedieron entre 9% y 19% en volumen. El consumidor internacional, en un contexto de menor ingreso disponible y mayor oferta, está migrando hacia rangos de precio medios.
El tipo de cambio complicó a los exportadores. Durante el primer trimestre, la relación UF/dólar aumentó 9,2% respecto del cierre de 2025, en un escenario de inflación local y dólar más débil. Eso reduce el margen de competitividad de las bodegas chilenas, que cobran en dólares pero tienen costos en pesos cada vez más altos.
La base empresarial resiste. Un dato relevante: 266 empresas exportaron vinos durante el primer trimestre de 2026, lo que muestra que la industria chilena no es solo cosa de tres o cuatro viñas grandes. Hay una base amplia de actores que mantienen presencia internacional.
La comparación: dos recuperaciones, dos lógicas
| Indicador | Chile Q1 2026 | Argentina Q1 2026 |
|---|---|---|
| Volumen exportado | ~90 millones de litros | 47,5 millones de litros |
| Variación volumen | -0,9% | +15,5% |
| Variación valor | +1,3% | +5,9% |
| Valor FOB total | US$ 276 millones | US$ 176,8 millones |
| Motor de crecimiento | Brasil (+15% acum.) | Granel (+51,2% en marzo) |
| Freno principal | China y EE.UU. | Tipo de cambio volátil |
| Varietal emblema | Sauvignon Blanc, Carmenère | Malbec (64%) |
Nota metodológica: Wines of Chile reporta en cajas de 9 litros; el Observatorio Vitivinícola Argentino reporta en litros. Los datos chilenos fueron convertidos a litros para permitir comparación directa.
La diferencia más relevante entre ambas industrias en este primer trimestre no es de volumen, sino de naturaleza. Argentina creció más en porcentaje porque venía de un piso mucho más bajo, y el salto fue impulsado principalmente por volumen de bajo valor. Chile se estabilizó en valor con menor volumen, lo que refleja una industria que está sosteniendo precios pero perdiendo cuota en mercados claves.
Ninguno de los dos está en una tendencia de recuperación consolidada. Están, en el mejor de los casos, dejando de caer.
Qué esperar para el segundo semestre de 2026
Hay factores que pesan sobre ambas industrias y que no dependen de decisiones de las bodegas.
La demanda global sigue débil. El consumo mundial de vino no tiene señales claras de recuperación en el corto plazo. Las nuevas generaciones consumen menos vino que las anteriores en los mercados desarrollados, el auge de bebidas sin alcohol presiona por el bajo, y la incertidumbre económica global frena el gasto en bebidas premium.
Los aranceles estadounidenses son una variable abierta. En 2025, la imposición de aranceles adicionales sobre productos europeos generó un efecto adelanto de compras en el primer semestre de ese año, lo que infló la base de comparación. Ese efecto no se repite en 2026, y además el mercado estadounidense sigue débil para el vino sudamericano. Para Argentina y Chile, cualquier escalada arancelaria adicional en EE.UU. —su principal y segundo mercado, respectivamente— sería un golpe directo.
Brasil es la gran oportunidad, pero tiene límites. El mercado brasileño se ha convertido en el ancla de ambas industrias: primer destino del vino chileno, tercer destino del argentino. Hay razones estructurales —una clase media grande con apetito creciente por el vino, cercanía geográfica y acuerdos comerciales— que hacen de Brasil un mercado de largo plazo. Pero depender tanto de un solo mercado es un riesgo de concentración que los gremios de ambos países ya están mirando con atención.
El tipo de cambio puede cambiar todo. Para Argentina, la competitividad exportadora está muy atada al dólar. Un dólar que se debilite en el segundo semestre puede revertir parte del crecimiento del primero sin que ninguna bodega haya hecho nada distinto. Para Chile, el dólar más bajo encarece los costos locales y reduce márgenes. Ambos países están expuestos a una variable que no controlan.
La sostenibilidad como diferenciador. Un elemento que aparece cada vez con más fuerza en los mercados europeos y anglosajones es la certificación de sostenibilidad ambiental. Chile tiene ventaja comparativa en este punto: la industria lleva años desarrollando protocolos de Código de Sustentabilidad y tiene mayor penetración en mercados como el Reino Unido, donde ese argumento vende. Argentina está avanzando —en 2026 ya hay 26 bodegas con sello de vitivinicultura sostenible— pero parte de más atrás.
Lectura de fondo
Lo que muestran los datos del primer trimestre de 2026 es que Chile y Argentina están en momentos distintos de un mismo ciclo de ajuste. Argentina rebotó más porque cayó más; Chile se estabilizó porque ya venía haciendo ajustes de precio y diversificación de mercados desde antes. Pero las dos industrias comparten el mismo problema de fondo: un mercado global que consume menos vino, en un momento en que la competencia de Europa, Australia y Nueva Zelanda sigue siendo intensa.
Para el segundo semestre, el escenario más probable no es una expansión sostenida, sino una consolidación de lo ganado en el primer trimestre, con variaciones según cómo evolucionen el tipo de cambio, la demanda en Brasil y la situación arancelaria en Estados Unidos. Las bodegas que logren diversificar mercados —Asia emergente, Escandinavia, Corea del Sur— estarán mejor posicionadas que las que dependan de uno o dos destinos principales.
Lo que sí parece claro es que 2026 no va a ser el año del gran regreso del vino sudamericano. Puede ser, en el mejor escenario, el año en que la caída se detiene.
Fuentes consultadas: Wines of Chile (informe Q1 2026), Observatorio Vitivinícola Argentino, Instituto Nacional de Vitivinicultura (Argentina), Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales de Chile (SUBREI), Diario Financiero, WIP.cl, Los Andes, Revista Chacra, OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino).
