España y Argentina definen este domingo 19 de julio, a las 15:00 de Estados Unidos (16:00 en Argentina), quién se queda con la Copa del Mundo 2026 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, en lo que asoma como la última final mundialista de Lionel Messi. Pocos recuerdan que el capitán albiceleste nació en Rosario, la misma ciudad que hoy alberga al Gran Rosario, el complejo que concentra buena parte del poderío agroexportador de su país.

Una final con nombres propios

La Albiceleste, dirigida por Lionel Scaloni, buscará el bicampeonato tras vencer 2-1 a Inglaterra en semifinales, mientras que España, con Luis de la Fuente en el banco, llega tras superar a Francia y buscará su segunda estrella, 16 años después de la conseguida en Sudáfrica 2010. El partido tendrá una ceremonia de clausura previa con Laura Pausini, Robbie Williams, Nicole Scherzinger y Tom Cruise, entre otros invitados, además de un show de entretiempo encabezado por Chris Martin de Coldplay, el primero en la historia de una final mundialista. Para buena parte de la prensa deportiva, este domingo podría marcar la despedida de Lionel Messi de los Mundiales, cerrando un ciclo que comenzó hace casi dos décadas.

Rosario, la ciudad que formó a Messi y alimenta al mundo a través del Gran Rosario

Lo que pocos conectan es que la ciudad natal de Messi, Rosario, en la provincia de Santa Fe, es también el corazón logístico de la agroindustria argentina. El complejo portuario conocido como el “Gran Rosario” —34 terminales distribuidas en 70 kilómetros de costa sobre el río Paraná, entre las localidades de Timbúes y Arroyo Seco— concentró en 2025 el 75% de todos los productos agroindustriales despachados desde puertos argentinos, con 75,7 millones de toneladas embarcadas entre granos, harinas y aceites. Esa cifra ubicó a la región como el segundo nodo agroexportador más grande del mundo, solo por detrás de Nueva Orleans y por delante del puerto de Santos, en Brasil.

Dentro de ese complejo, el Gran Rosario embarcó 40,9 millones de toneladas del complejo soja —poroto, aceite y harina— la segunda mayor cifra a nivel mundial, y 22,8 millones de toneladas de maíz, también en el segundo lugar del ranking global. La harina de soja sigue siendo el principal producto de exportación de la economía argentina, sostenida en gran parte por la infraestructura industrial y portuaria construida a lo largo de la costa rosarina.

Dos selecciones, dos potencias agroalimentarias

Más allá de la anécdota de Rosario, la final de este domingo también enfrenta, de manera simbólica, a dos gigantes de la agroindustria mundial. Argentina fue en la campaña 2024/25 el tercer exportador agrícola global, solo detrás de Brasil y Estados Unidos, apoyada en la soja, el maíz, el trigo y la carne bovina. España, por su parte, lidera las exportaciones mundiales de aceite de oliva y es uno de los grandes productores europeos de vino y jamón. Dos tradiciones agroalimentarias muy distintas —la pampa húmeda sudamericana frente al Mediterráneo europeo— se disputan este domingo algo mucho más simbólico que una copa de fútbol.

El dato para Chile

Para el agro chileno, la coincidencia entre el ícono futbolístico y la geografía agroexportadora de Argentina es, sobre todo, un buen recordatorio de la escala de un competidor con el que Chile comparte fronteras, cordillera y no pocos mercados de destino. Mientras Argentina consolida a Rosario como uno de los grandes puertos graneleros del planeta, Chile sigue apostando a un modelo distinto, basado en la fruta fresca, el vino y el salmón antes que en los commodities de gran volumen, dos estrategias agroexportadoras que —a su manera— también compiten por espacio en los mismos mercados internacionales que este domingo estarán, por unas horas, mirando hacia Nueva Jersey.

por Juan Lagos