El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, ya frágil desde que Trump lo declaró terminado hace aproximadamente una semana, sumó este viernes 17 de julio su episodio más grave: Irán lanzó sus mayores represalias desde la ruptura, lo que llevó al precio del petróleo a máximos de más de un mes y reactivó las alertas sobre el comercio mundial de fertilizantes, justo cuando el hemisferio norte atraviesa su temporada de siembra. La FAO y la OMC ya advierten sobre un posible choque agroalimentario sistémico en los próximos seis a doce meses si la crisis se prolonga.
De un alto el fuego frágil a una nueva ronda de ataques
El conflicto en el Golfo Pérsico, que se extiende desde febrero de 2026, había logrado un alto el fuego en junio gracias a la mediación de Pakistán y Qatar. Sin embargo, ataques iraníes contra buques que transitaban el estrecho de Ormuz —incluido el portacontenedores GFS Galaxy, con daños graves y un tripulante desaparecido— llevaron al presidente Donald Trump, desde la cumbre de la OTAN en Ankara, a declarar hace algunos días que el memorando de entendimiento “ha terminado”. Desde entonces y hasta esta jornada del viernes, Estados Unidos ha bombardeado Irán en repetidas ocasiones, mientras Teherán respondió el mismo día de hoy con lo que medios internacionales describieron como sus mayores represalias desde que el alto el fuego se desmoronó, atacando instalaciones y aliados de Estados Unidos en todo Medio Oriente, incluyendo objetivos en Kuwait, Baréin y Qatar.
Analistas como Helima Croft, de RBC, resumieron el momento como el fin definitivo del alto el fuego, con buques bajo intenso fuego iraní y sin perspectivas de normalización del tráfico en Ormuz mientras persistan las amenazas de minas, misiles y drones.
El primer canal de contagio: la energía y el estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz es la vía por la que transita cerca del 27% de las exportaciones mundiales de petróleo y el 20% del gas natural licuado (GNL) que se comercia globalmente. La escalada de hoy llevó al petróleo Brent a superar los US$86 por barril esta jornada de viernes —el barril de referencia para Chile— acercándose a la barrera de los US$90, mientras el WTI cerró el jueves en su nivel más alto desde mediados de junio y seguía al alza esta mañana. Ambos contratos acumulan un alza superior al 11% solo en esta semana, camino a su mejor desempeño semanal desde fines de abril. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, calificó la interrupción del tránsito por Ormuz como “la mayor amenaza de la historia” para el mercado energético.
El segundo canal: fertilizantes bajo presión
Menos visible que el petróleo, pero igual de crítico para la agricultura, es el impacto sobre los fertilizantes. Entre el 20% y el 30% de las exportaciones mundiales de fertilizantes —urea, amoníaco, fosfatos y azufre— pasa por el estrecho de Ormuz, según cifras citadas por el Instituto Español de Estudios Estratégicos. La Organización Mundial de Comercio (OMC) confirmó que, desde el inicio del conflicto en febrero, los envíos de fertilizantes por esa ruta prácticamente se detuvieron. La FAO proyecta que los precios de los fertilizantes podrían subir hasta un 20% durante 2026 si las tensiones persisten, con los precios de la urea de Oriente Medio ya registrando alzas cercanas al 37%. Una encuesta de la Federación Americana de la Agencia Agrícola encontró que el 70% de los agricultores estadounidenses no podrán comprar todo el fertilizante que necesitarán para la temporada.
El problema, advierten los especialistas, no es inmediato pero sí inevitable: existe un desfase de entre seis y nueve meses entre el uso de fertilizantes y la llegada del producto agrícola al mercado, lo que implica que el impacto más severo de esta crisis podría materializarse recién hacia fines de 2026.
El tercer canal: alimentos y el mercado de granos
La cadena de contagio, según la propia FAO, avanza en etapas sucesivas: primero la energía, luego los fertilizantes y semillas, después los rendimientos agrícolas, más tarde las materias primas y finalmente la inflación de alimentos. Naciones Unidas informó en mayo que el precio mundial de los alimentos ya llevaba tres meses consecutivos al alza en ese momento, advirtiendo que lo más grave todavía no había llegado, una proyección que la escalada de esta semana solo refuerza. La propia OMC estimó que, si el conflicto se prolonga y los precios de petróleo y gas se mantienen altos, el crecimiento del comercio mundial de mercancías podría reducirse hasta en 0,5 puntos porcentuales durante 2026.
En los mercados de granos, el efecto ya es visible: los precios internacionales del trigo, el maíz y la soja repuntaron con fuerza esta semana tras el salto del petróleo, lo que —según análisis de mercado citados por medios especializados en agro latinoamericano— podría representar una oportunidad de precios más altos para los exportadores de la región, aunque a costa de mayores costos de producción y transporte.
Qué significa para el agro chileno
Para Chile, economía importadora neta de energía, el canal de transmisión es directo: el alza del petróleo eleva los costos de combustibles, transporte y fletes, mientras el encarecimiento de fertilizantes —insumo esencial para la temporada de siembra— presiona los costos de producción agrícola en un momento en que la industria ya lidiaba con los efectos del reciente sistema frontal. Según un análisis de la Biblioteca del Congreso Nacional, la alteración de rutas estratégicas y el encarecimiento de fertilizantes, gas natural y azufre elevan los costos de sectores productivos que dependen de estos insumos, con un efecto que además es heterogéneo según la estructura productiva de cada región del país.
Qué viene
Fuentes diplomáticas citadas por CNN a comienzos de julio ya señalaban que Estados Unidos alterna ataques con pausas deliberadas para evitar una escalada mayor y dar espacio a la diplomacia, mientras Pakistán y Qatar continúan trabajando para reencauzar las negociaciones. La FAO recomienda a los países más expuestos diversificar rutas de transporte de fertilizantes, entre ellas corredores alternativos por el este de la península arábiga y el mar Rojo, mientras el mercado energético y agrícola global permanece a la espera de si el conflicto se estabiliza o entra en lo que un experto del International Crisis Group calificó como el riesgo de una “guerra eterna” entre Estados Unidos e Irán.
