El Programa Mundial de Alimentos (PMA), la agencia humanitaria de las Naciones Unidas especializada en asistencia alimentaria, proyecta que 318 millones de personas enfrentarán en 2026 niveles de hambre catalogados como “crisis” o peores, según la clasificación internacional IPC (Clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria, el sistema que mide la gravedad del hambre en una escala de cinco niveles). La cifra, contenida en el informe 2026 Global Outlook del organismo, más que duplica el número de personas que se encontraba en esa situación en 2019, antes de la pandemia. De ese total, cerca de 41 millones de personas estarían en la fase de “emergencia” o superior, el escalón inmediatamente anterior a la hambruna declarada.

Una actualización de mitad de año del propio PMA sitúa en 266 millones el número de personas que ya enfrentan hambre aguda en los países considerados en crisis alimentaria, una cifra igualmente alta que refleja tanto el deterioro sostenido de la seguridad alimentaria global como el esfuerzo de la agencia por sostener asistencia a más de 45 millones de personas durante el primer semestre, pese a las restricciones presupuestarias.

Conflicto, clima y financiamiento, los tres motores que reconoce el PMA

En sus comunicados oficiales, el PMA atribuye el deterioro a la combinación de conflicto armado, eventos climáticos extremos, inestabilidad económica y una caída pronunciada del financiamiento humanitario disponible. En 2025 se confirmaron hambrunas simultáneas en partes de Gaza y Sudán, la primera vez que el Informe Mundial sobre Crisis Alimentarias registra dos hambrunas activas en el mismo año desde que existe ese reporte. “El mundo enfrenta hambrunas simultáneas en Gaza y en partes de Sudán. Esto es completamente inaceptable en el siglo XXI”, declaró la directora ejecutiva del organismo, Cindy McCain.

La guerra que Estados Unidos e Israel libran contra Irán desde el 28 de febrero de 2026 se ha convertido en uno de los factores más citados por el PMA para explicar el deterioro. El organismo estimó en marzo que, de prolongarse el conflicto y mantenerse el petróleo sobre los 100 dólares el barril, hasta 45 millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria aguda, lo que llevaría el total mundial a un nuevo máximo histórico. El diagnóstico cobra actualidad esta semana, luego de que el alto el fuego entre Washington y Teherán se quebrara y ambas partes retomaran los ataques en torno al Estrecho de Ormuz, ruta por la que transita cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. El Brent, referencia internacional del crudo, subió esta semana hasta cerca de 87 dólares el barril, su nivel más alto en un mes.

Ese mismo shock energético presiona con rezago a los fertilizantes: el Banco Mundial proyectó en abril un alza de 31% en sus precios para 2026, impulsada por un incremento de 60% en la urea, lo que golpea directamente los costos de producción agrícola en las economías más dependientes de insumos importados.

Un financiamiento que no alcanza

El PMA calcula que necesita 13.000 millones de dólares durante 2026 para asistir a 110 millones de las personas más vulnerables, apenas un tercio de quienes lo requieren, pero las proyecciones de financiamiento apuntan a que solo recibirá cerca de la mitad de ese monto. Parte relevante de esa contracción responde a recortes de Estados Unidos a los aportes que sostenía a la agencia y a otros organismos de la ONU, en el marco de la política de reducción de ayuda exterior impulsada por la administración de Donald Trump. Analistas económicos, entre ellos el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el observatorio económico Economics Observatory, han documentado además que los aranceles impuestos por Estados Unidos desde 2025 sobre productos agrícolas, fertilizantes y otros insumos elevan los costos de producción de alimentos a escala global, un factor que se suma, aunque de manera distinta, a la presión que ya ejercen el conflicto en Medio Oriente y el retiro de fondos humanitarios.

El impacto en América Latina

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advirtió que el conflicto en Medio Oriente incidirá en la economía regional durante todo 2026, a través de mayores precios de la energía y los fertilizantes, el enfriamiento del comercio mundial, la presión sobre las cuentas fiscales y tasas de interés más altas por más tiempo. El propio PMA estimó que, bajo el escenario de conflicto prolongado, 2,2 millones de personas adicionales en América Latina y el Caribe podrían caer en inseguridad alimentaria aguda, un alza de 16% respecto de la situación previa a la guerra. Para las economías agroexportadoras de la región, entre ellas Chile, el canal más directo es el encarecimiento de fertilizantes nitrogenados, cuya producción depende en 70% a 90% del gas y el petróleo.

Dónde se concentra la crisis

Según los datos recopilados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el PMA, la crisis de hambre se concentra en un número reducido de países. Nigeria encabeza la lista con 27,2 millones de personas en niveles de crisis o peores, seguida por la República Democrática del Congo (26,7 millones), Sudán (19,1 millones), Yemen (18,1 millones) y Afganistán (13,8 millones). Estas cinco naciones concentran más de 115 millones de personas que no logran alimentarse de manera confiable. Las dos agencias identificaron 16 “puntos críticos de hambre” en el mundo, seis de ellos en el nivel de mayor preocupación, con riesgo inminente de hambruna: Sudán, Gaza, Sudán del Sur, Yemen, Malí y Haití.

El PMA insiste en que la comunidad internacional debe invertir en soluciones ya probadas para revertir la tendencia. “A través del mundo, el hambre se vuelve cada vez más arraigada”, advirtió McCain, al llamar a los donantes a no abandonar a las poblaciones más vulnerables justo cuando las necesidades crecen con mayor rapidez que los recursos disponibles.

por Juan Rios