La Bolsa de Comercio de Rosario elevó su estimación de ingreso de divisas agroindustriales a US$36.111 millones, con soja en 50 Mt y maíz en 68 Mt. La cifra esconde una paradoja: más producción que nunca, pero el flujo de dólares al sistema financiero sería prácticamente igual al de 2025.
La campaña agrícola 2025/26 será recordada como una de las más productivas de la historia argentina. El país cosechará más granos que nunca, exportará volúmenes sin precedente y el campo aportará divisas por encima de cualquier año anterior en términos absolutos. Sin embargo, detrás de esos titulares de celebración hay una paradoja que conviene entender: el récord productivo no se traduce, al menos no proporcionalmente, en un récord de divisas. Esa es la tensión que atraviesa a la agroindustria argentina en este momento, y que la última actualización de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) vuelve a poner sobre la mesa.
La BCR ajustó al alza su estimación de liquidación de divisas del agro para 2026 hasta los US$36.111 millones, unos US$800 millones más que lo previsto en abril, tras revisar sus proyecciones de producción de soja y maíz para la campaña 2025/26. El informe fue elaborado por los economistas Tomás Rodríguez Zurro, Emilce Terré y Julio Calzada, y se basa en el último reporte mensual de la Guía Estratégica para el Agro (GEA-BCR).
Proyección consolidada · Bolsa de Comercio de Rosario (mayo 2026)
Argentina cosechará más granos que nunca y exportará un volumen sin precedentes, pero el ingreso neto de divisas sería prácticamente idéntico al de 2025. Más producción no equivale a más dólares en el sistema financiero.
Producción por cultivo — campaña 2025/26
Aporte fiscal por complejo (DEX 2026)
Por qué más producción no genera más dólares
Evolución de la proyección BCR en 2026
Comparación de ingresos totales del agro (MLC + CCL)
La revisión: qué cambió respecto de abril
El ajuste se sustenta en dos movimientos concretos. La producción de soja se proyecta ahora en 50 millones de toneladas, dos millones por encima de la estimación de abril, mientras que la de maíz fue elevada a 68 millones de toneladas, un millón más que el cálculo previo. Esos ajustes, aunque parecen marginales en términos porcentuales, tienen un efecto en cadena sobre toda la industria de transformación y exportación.
La mayor oferta esperada de granos derivó en una revisión de las estimaciones de industrialización y exportaciones. En el caso de la soja, se ajustó al alza la previsión de molienda en un millón de toneladas, lo que deriva en mayores exportaciones de harina, pellets y aceite. A esto se suma un incremento de 500.000 toneladas en la proyección de exportaciones de maíz. A eso se sumó una mejora en los precios internacionales: prácticamente todos los productos del complejo agroindustrial muestran valores superiores a los registrados hace un mes, lo que mejora el ingreso potencial de divisas.
160 millones de toneladas: el campo argentino en su mejor momento
Para entender la magnitud de lo que se está produciendo, conviene tomar distancia y ver el cuadro completo. La producción total de granos alcanzaría 160 millones de toneladas, consolidando un escenario de fuerte recuperación. La cosecha fina dejó números récord tanto en trigo, con 29,5 Mt, como en cebada, con 5,6 Mt, y las estimaciones de la cosecha gruesa ubican al maíz en su máximo histórico, mientras el girasol tocaría su cosecha más alta del siglo con 6,6 Mt.
En los últimos diez años la producción total de granos en Argentina pasó de cerca de 90 millones de toneladas a este horizonte de 160 millones. El maíz se transformó en el motor del campo, con 67,6 millones de toneladas y un rinde promedio de 71 quintales. El trigo vive una recuperación notable, con rendimientos un 60% por encima del promedio de la última década. El salto productivo del maíz responde en parte a la recuperación tras el impacto de la chicharrita, la plaga que afectó severamente los rendimientos en 2024/25.
La soja: más toneladas, pero menos terreno
La oleaginosa emblema de la agroindustria argentina presenta una dinámica particular. Con 50 millones de toneladas proyectadas, mejora respecto de campañas recientes afectadas por la sequía, pero se mantiene lejos de sus máximos históricos. La razón no es climática sino estructural: la soja pierde terreno no porque haya dejado de ser un buen cultivo, sino porque el esquema impositivo la castiga. En amplias zonas del país, sobre todo lejos de los puertos, la oleaginosa se volvió inviable. La rotación maíz-soja-trigo, virtuosa desde lo agronómico, se sostiene a duras penas porque uno de sus eslabones pierde plata.
En materia de aporte fiscal, el complejo sojero seguirá siendo el mayor contribuyente por derechos de exportación con US$3.420 millones, aunque eso representaría una caída interanual del 6%. El maíz, en cambio, mostraría un crecimiento importante: la recaudación proyectada alcanza US$720 millones, un 30% más que el año pasado. El trigo aportaría US$300 millones con una suba del 21%, y el girasol US$115 millones, con un crecimiento cercano al 60% impulsado por el mayor volumen exportado.
La paradoja: récord de producción, pero los dólares no suben
Aquí está el punto más importante de la noticia, y el que menos titulares ha generado en la prensa generalista. El ingreso total de divisas para 2026 sería prácticamente idéntico al de 2025, contemplando tanto las operaciones en el Mercado Libre de Cambios como las realizadas vía el mercado de Contado con Liquidación. ¿Cómo es posible cosechar más y exportar más, y al mismo tiempo no generar más dólares netos?
La respuesta tiene varias capas. Primero, los precios: la mejora en las cotizaciones promedio de exportación de las oleaginosas y sus derivados industriales tiende a compensar el retroceso observado en los valores internacionales de los cereales. El maíz, que es el gran récord de esta campaña en volumen, opera con precios internacionales más bajos que los de años anteriores. Segundo, la base de comparación está distorsionada: en 2025 el 20% de exportaciones se liquidó al tipo de cambio financiero bajo el esquema del “dólar blend”, lo que elevó artificialmente el ingreso efectivo de divisas de ese período. Tercero, el decreto 685/2025 generó en septiembre de 2025 una liquidación extraordinaria cercana a US$8.000 millones, uno de los valores mensuales más altos registrados por el sector, que ya no se repetirá en 2026.
Las exportaciones: un récord que colapsa la logística
Las exportaciones de granos y derivados podrían alcanzar 113 millones de toneladas, lo que representaría un récord histórico que superaría en casi 10 millones de toneladas el máximo previo registrado en la campaña 2018/19. Ese volumen sin precedente está tensionando la infraestructura logística del país hasta un punto que preocupa a los operadores del sector.
En el primer cuatrimestre de 2026 se exportaron 40 millones de toneladas desde el Gran Rosario, un 11% por encima del récord anterior. El costo fue más de 6.000 camiones diarios saturando los accesos, con días pico de 5.500 unidades en playa a las 7 de la mañana. El cuello de botella no es solo vial: el 67% de los envíos están concentrados en los puertos del Gran Rosario. La concentración geográfica del complejo agroexportador argentino, históricamente una fortaleza operativa, comienza a mostrar sus límites cuando los volúmenes escalan a niveles que el sistema físico no fue diseñado para absorber.
El primer cuatrimestre: detrás del ritmo esperado
Pese a las proyecciones optimistas para el año completo, el inicio de 2026 mostró un desempeño por debajo de lo esperado en términos de liquidaciones. Entre enero y abril de 2026, el sector liquidó unos US$8.516 millones, por debajo de los cerca de US$9.000 millones registrados en igual período del año pasado. El agro viene liquidando en torno a los US$130 millones diarios, sosteniendo una oferta de divisas que es el principal sostén del mercado cambiario en esta época del año.
Sin embargo, en los últimos 26 años el complejo soja nunca había tenido tan poca participación en los embarques agroindustriales del primer cuatrimestre como en el presente año. Los productores mantienen la oleaginosa como resguardo de valor, a la espera de mejores condiciones de precio, un comportamiento que refleja la lógica histórica del campo argentino frente a la incertidumbre.
El rol del campo en el programa económico de Milei
El flujo de divisas agroindustriales no es solo un dato sectorial: es el principal soporte del esquema macroeconómico del gobierno. Las proyecciones oficiales para 2026 estiman un saldo neto de compras del BCRA que podría ubicarse entre US$10.000 y US$17.000 millones, dependiendo del ingreso de divisas y de la demanda doméstica de pesos. El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el agro atraviesa un boom absoluto y que este año podría aportar hasta US$8.700 millones adicionales en exportaciones, señalando que “pocos reparan en la extraordinaria reacción de nuestros productores agropecuarios a las bajas de impuestos que hemos hecho a las exportaciones”.
Para el Gobierno, la llegada de divisas del agro será clave en los próximos meses para sostener la estabilidad cambiaria, apuntalar las reservas y consolidar el proceso de desaceleración inflacionaria. El BCRA, que lleva acumuladas compras por casi US$7.900 millones en lo que va del año, sigue dependiendo del ritmo de liquidación del campo para alcanzar su meta anual de reservas.
Recaudación fiscal: estabilidad con redistribución interna
La recaudación por Derechos de Exportación para los seis principales complejos del agro —soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol— se proyecta en US$4.650 millones para 2026, prácticamente sin cambios respecto del año pasado. Pero dentro de ese número estable hay movimientos relevantes: la reducción reciente de alícuotas compensa el efecto de las ventas anticipadas sin retenciones registradas en 2025. En términos políticos, el Gobierno mantiene su señal hacia el sector agroexportador con menor presión tributaria, pero resigna margen de recaudación en un contexto de ajuste fiscal. El mapa por cultivo muestra una clara redistribución: la soja cede terreno fiscal mientras el maíz, el trigo y el girasol avanzan con fuerza.
Un récord que no puede ser el techo
El análisis productivo de esta campaña revela que el campo argentino responde con eficiencia cuando existe un mínimo de previsibilidad. La reducción de retenciones, el acceso a insumos importados y mejores condiciones climáticas fueron determinantes. Pero también expone las contradicciones del modelo: una infraestructura que no escala al mismo ritmo que la producción, una soja penalizada impositivamente que cede superficie año a año, y un flujo de divisas que, a pesar del récord productivo, no logra superar los niveles del año anterior en términos netos.
La cosecha récord confirma que, cuando hay un mínimo de previsibilidad, el campo argentino responde con creces. Pero confundir un buen año con un éxito estructural sería un error costoso. Transformar esta cosecha histórica en el inicio de una década de inversión y crecimiento sostenido requiere decisiones de fondo: infraestructura, política impositiva coherente y reglas estables. De lo contrario, el riesgo es celebrar el récord y volver a la rutina del parche, con los mismos camiones varados en los mismos accesos.
Fuentes: Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) · GEA-BCR · Banco Central de la República Argentina (BCRA) · La Capital · Infobae · La Nación · Ambito Financiero · Bloomberg Línea · Agencia Noticias Argentinas (NA) · El Litoral · Los Andes · Informe GEA-BCR mayo 2026
