Estados Unidos tiene cientos de miles de pozos petroleros huérfanos: agujeros profundos, ya sin dueño solvente, que filtran metano y amenazan napas subterráneas. Sellarlos cuesta una fortuna. Pero un puñado de científicos y startups —muchos de ellos exingenieros petroleros— descubrió que esos mismos pozos ya hicieron la mitad del trabajo pesado para producir energía geotérmica limpia. La aplicación más prometedora de esa idea, calentar invernaderos agrícolas, ya tiene años de historia real en China, y recién está dando sus primeros pasos concretos en Estados Unidos.
Perforar un pozo geotérmico profundo desde cero —hasta 3.000 o 4.000 metros— es la parte más cara de cualquier proyecto de energía geotérmica, representando entre el 40% y el 70% de la inversión total. Estados Unidos, mientras tanto, tiene un problema por resolver que apunta exactamente al lado opuesto de esa ecuación: se estima que existen 3,7 millones de pozos petroleros abandonados y huérfanos en el país, muchos de ellos filtrando metano —un gas de efecto invernadero unas 80 veces más potente que el CO₂ en el corto plazo— y amenazando la calidad de las napas subterráneas. Solo en Texas hay más de 8.000 pozos huérfanos documentados, y sellar cada uno cuesta entre US$76.000 y US$1 millón.
La idea que conecta ambos problemas es tan simple como elegante: en vez de tapar esos pozos con cemento y darlos por perdidos, reutilizar la perforación ya hecha para extraer el calor de la roca profunda, evitando así la parte más costosa de cualquier proyecto geotérmico nuevo.
El precedente real, treinta años de historia en China
Esta no es una idea reciente ni exclusivamente estadounidense. Los yacimientos petroleros de Huabei, Daqing, Liaohe y Shengli, en China, llevan desde la década de 1980 reconvirtiendo pozos de alto corte de agua —es decir, pozos donde ya sale más agua que petróleo— en fuentes de calefacción geotérmica. En el yacimiento Huabei específicamente, dos pozos abandonados reconvertidos en la estación multipropósito de Jing’er producen 600 metros cúbicos diarios de agua a entre 100°C y 110°C, calor que hoy se usa para el sistema de calefacción del propio proceso de extracción de crudo, ahorrando 5 toneladas de petróleo y casi 3.500 metros cúbicos de gas natural cada día. Huabei llegó incluso a instalar en 2011 una planta piloto de generación eléctrica geotérmica de 400 kilovatios usando esta misma agua reconvertida.
El uso agrícola de este calor está documentado en la literatura científica sobre estos yacimientos chinos: junto a la calefacción de viviendas y espacios de recreación y salud, el cultivo en invernadero figura como una de las aplicaciones ya consolidadas del calor geotérmico extraído de pozos petroleros reconvertidos en estos campos, con proyectos que llevan más de dos décadas en funcionamiento continuo.
El programa de Estados Unidos, y su caso más avanzado hasta ahora
Estados Unidos tiene su propio esfuerzo oficial en esta dirección: el programa “Wells of Opportunity: ReAmplify”, del Departamento de Energía (DOE), busca establecer la viabilidad comercial de producir energía geotérmica a partir de pozos de hidrocarburos ya existentes. En enero de 2022, el DOE otorgó US$8,4 millones repartidos entre cuatro proyectos: Geothermix, en Austin, Texas, evaluando generación termoeléctrica a partir de fluidos petroleros calientes en la formación Austin Chalk; Gradient Geothermal, en un yacimiento de Nevada; ICE Thermal Harvesting, caracterizando 11 pozos del campo Elk Hills, cerca de Bakersfield, California, para generar electricidad libre de emisiones; y la Universidad de Oklahoma.
Este último proyecto es, hasta ahora, el caso estadounidense que más se acerca al modelo chino: en Norman, Oklahoma, el equipo universitario reconvirtió cuatro pozos de hidrocarburos ubicados a menos de una milla de un complejo institucional, para alimentar directamente el sistema de calefacción de las escuelas primaria y secundaria de Tuttle, Oklahoma, generando un ahorro considerable frente a calefaccionar esos edificios con gas o diésel. Es, en los hechos, la misma arquitectura técnica que requeriría un invernadero —pozos reconvertidos cerca de una instalación que necesita calor constante—, aplicada por ahora a un edificio educativo en vez de a un cultivo agrícola.
Por qué la aplicación agrícola en EE.UU. todavía es la frontera, no la realidad
Conviene ser honestos sobre un punto importante: ni Geothermix en Texas, ni ICE Thermal Harvesting en California, tienen hoy un proyecto público y confirmado de calefacción de invernaderos agrícolas con calor de pozos petroleros reconvertidos. Los proyectos de ambas empresas, según su propia documentación y la del DOE, están orientados a generación eléctrica, no a calefacción directa de cultivos. La extensión hacia los agronegocios de Texas y Nuevo México que ya funciona en China —invernaderos construidos junto a un pozo reconvertido, produciendo tomates, pimientos y frutillas durante todo el año sin depender de combustibles fósiles— es, en el caso estadounidense específico, todavía una dirección lógica y técnicamente viable más que un proyecto ya anunciado y en operación.
Esa brecha entre lo probado y lo proyectado tiene una explicación técnica concreta: el calor extraído de un pozo pierde temperatura con rapidez si debe transportarse largas distancias por tubería, lo que obliga a que el invernadero se construya directamente sobre el mismo terreno del pozo reconvertido, o a solo unos metros de distancia. Es exactamente el mismo motivo por el que el caso de Oklahoma calienta escuelas ubicadas a menos de una milla de los pozos, y no instalaciones más alejadas.
Un marco legal que ya se está acomodando para esto
El terreno regulatorio, al menos, ya se está preparando para esta transición. Texas aprobó en 2023 la Ley S.B. 1210, que permite a un operador geotérmico “adoptar” formalmente un pozo huérfano o abandonado y reconvertirlo, sin necesidad de un mecanismo legal distinto al que ya existía para operadores petroleros. Oklahoma, Nuevo México y Alabama aprobaron leyes similares entre 2025 y 2026, y Colorado encargó un estudio técnico específico para evaluar el mismo potencial en pozos huérfanos de su territorio. La consultora especializada Sage Geosystems, con sede en Houston, ya puso en marcha en agosto de 2026 una planta geotérmica de próxima generación de 3 megavatios cerca de Christine, Texas —aunque, igual que Geothermix e ICE, orientada a generación eléctrica para la red y para clientes corporativos como Meta, no a calefacción agrícola.
Qué significaría esto para la agricultura protegida
El caso de negocio, si finalmente se concreta en el sur de Estados Unidos, es contundente: reutilizar un pozo petrolero seco existente en vez de perforar uno geotérmico nuevo puede reducir la inversión inicial hasta en un 70%, según estimaciones del sector, mientras el pozo mismo deja de ser un pasivo ambiental filtrando metano para convertirse en un activo productivo. Para el desierto seco de Texas o Nuevo México, un invernadero calefaccionado con este calor podría sostener cultivos delicados —tomates, pimientos, frutillas— durante las heladas nocturnas sin depender de gas ni diésel, las 24 horas del día, todos los días del año, algo que ni la energía solar ni la eólica pueden garantizar por sí solas.
Es, en definitiva, una tecnología con un pie firmemente plantado en la realidad —tres décadas de operación continua en los yacimientos petroleros de China lo demuestran— y el otro todavía dando sus primeros pasos en el suelo estadounidense, donde por ahora ha llegado a calefaccionar una escuela en Oklahoma, pero todavía no un invernadero comercial en Texas.
Fuentes: World Geothermal Congress (actas 2015 y 2023), ACS Omega (“Power from Geothermal Resources as a Co-product of the Oil and Gas Industry: A Review”), U.S. Department of Energy (Wells of Opportunity: ReAmplify), ICE Thermal Harvesting (comunicados oficiales), Canary Media, OilPrice.com, Texas Geothermal Energy Alliance (TxGEA), Stanford University (Kornfein, “Converting Abandoned Oil Wells to Geothermal Plants in Texas”), USGS (“Geothermal potential of orphan oil and gas wells”, 2025), Capitolio de Texas (S.B. 1210).
por José Rios
