En el norte de Córdoba, una empresa familiar con más de 40 años de historia integró agricultura, feedlot, granja porcina y una destilería de bioetanol en un mismo ciclo, donde los residuos de cada unidad de negocio se convierten en la materia prima de la siguiente.
¿Puede el agronegocio ser sostenible? Es la pregunta que plantea el Establecimiento Las Chilcas en sus propias redes sociales, y que responde con un modelo productivo que lleva más de una década de desarrollo en el norte de la provincia de Córdoba, Argentina, entre las localidades de Rayo Cortado y Villa de María del Río Seco.
Una empresa familiar con más de 40 años de historia
Las Chilcas es una empresa agroindustrial familiar liderada por la familia Aguilar Benítez, con más de cuatro décadas de trayectoria. Está conformada por cinco directores hermanos —tres hombres a cargo de la operatividad diaria y dos mujeres, todos con participación en el directorio general que define la estrategia y las decisiones macro de la compañía—. Es miembro de los grupos CREA Totoral, Ganaderos Noroeste y Biogás.
El impulso hacia el modelo actual llegó de la mano de Mario Aguilar Benítez, quien regresó a Argentina tras un período en Chile y encontró resistencia inicial dentro de la propia empresa familiar para dejar atrás los métodos tradicionales. Según relató en una entrevista con Agrositio, la sustentabilidad no fue la motivación original de la diversificación del negocio, pero fue ganando peso con el tiempo hasta convertirse en un filtro obligatorio: hoy, cada nuevo proyecto de inversión de la empresa pasa por un tamiz de sostenibilidad que busca maximizar la eficiencia no solo en términos económicos, sino también en su impacto social y ambiental.
Cómo funciona el ciclo, del maíz a la energía y de vuelta al maíz
El campo principal de Las Chilcas se ubica en la zona de Rayo Cortado, una región cercana a Santiago del Estero con un régimen de lluvias promedio de 650 milímetros al año, concentrados entre noviembre y marzo con bastante volatilidad, pero con suelos profundos, buena capacidad de almacenamiento de agua y una amplitud térmica favorable para la producción, según explicó la propia empresa. Sobre una superficie de 11.400 hectáreas se siembran principalmente maíz y soja, además de desarrollarse planteles ganaderos vacunos y porcinos.
El corazón del sistema es un ciclo donde cada unidad de negocio alimenta a la siguiente:
- El maíz producido en el campo se procesa en una destilería propia para elaborar bioetanol, usado como fuente de energía.
- Un subproducto de ese proceso, la burlanda, se destina como alimento para los animales del feedlot.
- Otro subproducto líquido, la vinaza, alimenta al biodigestor junto con los desechos orgánicos del feedlot y de la granja porcina —estiércol y purín de cerdo—, generando biogás.
- Ese biogás abastece la caldera de la propia destilería, cerrando el círculo energético.
- Los residuos líquidos que salen del biodigestor, ricos en fósforo, nitrógeno, manganeso y potasio, se usan para fertirrigar los campos donde se siembra la siguiente temporada de maíz, reduciendo el uso de fertilizantes químicos.
Según detalla la propia empresa, el biodigestor está diseñado para procesar cinco insumos: purín de cerdo, estiércol y orín; 15 toneladas diarias de estiércol vacuno; 50.000 litros diarios de vinaza que no absorbe el feedlot; los residuos orgánicos generados en los cuatro comedores de la empresa; y también los residuos orgánicos domésticos de la localidad de Villa de María, incorporando a la comunidad local dentro del propio ciclo circular.
El beneficio ambiental no es menor: al capturar y contener el metano generado por estos residuos —un gas de efecto invernadero 28 veces más potente que el dióxido de carbono en su impacto sobre la atmósfera—, el biodigestor reduce significativamente la huella de carbono de la operación, mientras genera al mismo tiempo un ahorro energético relevante. Según la propia compañía, este sistema convirtió al biodigestor en uno de los negocios más rentables dentro de la empresa.
Un modelo que integra seis unidades de negocio
Hoy, Las Chilcas opera bajo un esquema que integra agricultura, granja porcina, bioindustria (la destilería de alcohol), feedlot, ganadería extensiva y, de forma menos esperable para un establecimiento agropecuario, un negocio de hotelería. Según un análisis del sector publicado en 2025, esta combinación llevó a la empresa a ser hasta un 80% más eficiente en sus prácticas de agricultura, feedlot, granja de cerdos y planta de bioetanol.
El reconocimiento que validó el modelo
El modelo de Las Chilcas ya tiene un respaldo externo concreto: en 2023, el establecimiento recibió el Primer Premio en la Categoría Pyme del Premio Argentina Economía Circular, un galardón creado para incentivar proyectos de desarrollo productivo sostenible que combinen el cuidado de los recursos naturales con la mejora de la rentabilidad empresarial. “Con enorme felicidad esta tarde nos tocó recibir el premio Argentina Economía Circular. Primer Premio Categoría Pyme y fue un honor y privilegio poder recibir este reconocimiento en nombre de toda la familia de Las Chilcas”, escribió entonces Mario Aguilar Benítez.
Por qué este modelo importa para el resto del agro
Las Chilcas plantea, en los hechos, una respuesta concreta a una pregunta que cada vez más establecimientos agropecuarios de la región se están haciendo: qué hacer con los residuos que genera la propia producción, en vez de tratarlos simplemente como un costo de disposición. Al convertir el estiércol, la vinaza y los residuos orgánicos domésticos en energía, fertilizante y ahorro de costos, la empresa transformó lo que en un modelo tradicional sería solamente un problema ambiental en una fuente adicional de rentabilidad.
El caso también deja una lección sobre el ritmo del cambio: según su propio relato, la transición no partió de una convicción ambiental fundacional, sino que fue construyéndose proyecto a proyecto, con resistencia interna incluida, hasta consolidarse como la política de inversión central de la empresa. Para el resto del sector agroindustrial de habla hispana, Las Chilcas funciona hoy como una prueba de que la economía circular no es solamente un concepto de sostenibilidad corporativa, sino un modelo de negocio que, bien ejecutado, también compite en rentabilidad con los esquemas productivos tradicionales.
Fuentes: Establecimiento Las Chilcas (laschilcassa.com), Instagram (@establecimientolaschilcas y @fabian.saieg), Agroverdad, CREA Región Córdoba Norte, Simpleza (entrevista a Mario Aguilar Benítez), Infonegocios.
por Juan lagos
