Cerdos resistentes a un virus, trigo que aguanta la sequía, microbios que aportan nitrógeno y sprays de ARN contra plagas ya salieron o están por salir del laboratorio. Pero la biotecnología en la agricultura avanza a distinta velocidad, y las aprobaciones, los mercados y el financiamiento marcan cuánto llega al campo.

La biotecnología en la agricultura se mueve en varios frentes a la vez: editar genes de plantas y animales, usar microorganismos como insumos, controlar plagas con ARN y mejorar la fotosíntesis. Estos son los más concretos a octubre de 2026.

Europa se abre a los cultivos editados, y América Latina ya lo había hecho

En junio de 2026, el Parlamento Europeo aprobó el reglamento sobre nuevas técnicas genómicas, con el visto bueno previo del Consejo. Las plantas de categoría 1, cuyos cambios podrían ocurrir de forma natural o por mejoramiento convencional, se tratarán como convencionales, aunque su semilla figurará en una base de datos pública y llevará etiqueta. Quedan fuera las plantas tolerantes a herbicidas o que produzcan sustancias insecticidas, y también la producción orgánica. Se permiten las patentes, con medidas de transparencia. Las reglas se aplicarán dos años después de entrar en vigor, hacia 2028, e incluirán plantas importadas.

En América Latina, Argentina fue la primera, en 2015, y actualizó su norma en 2026. Chile siguió en 2017 con una consulta caso a caso que exime a los productos sin genes foráneos, y el SAG la formalizó a comienzos de 2026. Brasil y Paraguay tienen reglas parecidas, y Perú aprobó pautas en marzo de 2026. Argentina, Brasil, Chile y Colombia ya tienen cultivos editados en el mercado.

El cerdo que no se enferma

En abril de 2025, la FDA aprobó el cerdo editado por Genus PIC resistente al síndrome reproductivo y respiratorio porcino (PRRS). La edición elimina una pequeña parte del ADN que codifica la proteína que el virus usa para entrar a las células. Brasil, Colombia y República Dominicana determinaron que se regule como cualquier cerdo, y Canadá lo aprobó el 23 de enero de 2026. Para comercializarlo en Norteamérica, la empresa dice que faltan México y Japón, además de China. La enfermedad causó pérdidas estimadas en US$1.200 millones al año en Estados Unidos entre 2016 y 2020.

Microbios que trabajan en el campo

Brasil es el ejemplo más grande de bioinsumos. En 2025, el mercado alcanzó R$6.200 millones (unos US$1.270 millones), un 15% más que el año anterior, y el área tratada llegó a 194 millones de hectáreas, un 28% más. Los inoculantes lideran en superficie (77 millones de hectáreas) y los bionematicidas crecieron cerca de 60%. La ley de bioinsumos de 2024 sigue sin reglamento, y el sector pide definiciones para registros y producción en el propio predio.

En fertilización, Pivot Bio comercializa microbios editados que aportan nitrógeno al maíz. El 1 de septiembre de 2026 presentó una nueva versión, pendiente de registros estatales, y un programa para fijar el precio del nitrógeno por tres temporadas. Un informe de mercado advierte que la variabilidad de resultados en campo frena la adopción frente a la respuesta predecible del fertilizante sintético.

ARN en spray contra plagas

El ARN de doble cadena apaga un gen clave de la plaga y el insecto deja de alimentarse. Calantha, de GreenLight Biosciences, fue el primer producto de ARN en spray registrado por la EPA para un cultivo alimentario, contra el escarabajo de la papa. La empresa dice que se degrada en unos tres días. Un segundo producto, Norroa, protege a las abejas del ácaro varroa y ya está registrado en Estados Unidos, y Europa lo está evaluando.

La fotosíntesis, una frontera que sigue en el laboratorio

El proyecto RIPE, de la Universidad de Illinois, logró en ensayos de campo soja con fotosíntesis mejorada que rindió en promedio 24,5% más en cinco líneas transgénicas, con un máximo de 33% y sin pérdida de calidad (estudio de 2022). Sigue en investigación, y su financiamiento se extendió con US$34 millones para variedades de soja y caupí para pequeños agricultores de África y Asia.

Cuando la ciencia avanza y el negocio no

El trigo HB4, tolerante a la sequía, fue aprobado para cultivo en Argentina, Brasil y Paraguay, y el USDA lo aprobó en agosto de 2024. La empresa dice que rinde 20% más en condiciones de poca agua. Pero Bioceres, su creadora, atraviesa una crisis. En el ejercicio 2026 la facturación cayó 18%, a US$238,3 millones, con una pérdida neta de US$54,4 millones en las operaciones continuas. En marzo reconoció un deterioro de US$179 millones tras un remate de activos de su filial Pro Farm y advirtió dudas sobre su capacidad de continuar. El 15 de septiembre, el Nasdaq la pasó a un panel de menores exigencias y le dio hasta el 15 de marzo de 2027 para que su acción vuelva a superar US$1. La compañía sigue operando, y en septiembre de 2025 firmó una licencia para desarrollar el trigo en EE. UU.

Qué falta

La ciencia llegó más lejos que los mercados. Lo que decide cuánto llega a la chacra son las aprobaciones de los países compradores, la eficacia comprobada en campo y el financiamiento de las empresas que desarrollan estas tecnologías.

Fuentes: Parlamento Europeo, Consejo de la UE, Genus plc, National Hog Farmer, CropLife Brasil, Revista Cultivar, AgFeed, iGrow News, Meticulous Research, EPA, The Packer, Banco Europeo de Inversiones, FFAR, Agri-Pulse, University of Illinois, World Grain, Bloomberg Línea, Forbes Argentina, ecosistemastartup, Crop GE Regulations, SAIFood.

por José Rios