Cuando la startup de carne alternativa Meati Foods colapsó, dejó atrás una planta de biomanufactura de última generación en Colorado. Dos empresas de cultivo celular de plantas, una de Boston y otra de India, aprovecharon la liquidación para comprar equipos valorados en varios millones de dólares por apenas US$75.000, en una de las mejores oportunidades que ha visto la industria de la biotecnología alimentaria en los últimos años.

La historia de Meati Foods es la de una de las startups más prometedoras de la carne alternativa que terminó colapsando. La empresa, con sede en Colorado, fabricaba sustitutos de carne a partir de micelio (la estructura de raíces de los hongos) en una planta de biomanufactura de última generación en la ciudad de Thornton. Tras un par de años turbulentos, en mayo de 2025 entró en un proceso de cesión en beneficio de los acreedores (ABC), una alternativa a la quiebra formal usada en Estados Unidos, y fue adquirida por Meati Holdings, una firma liderada por el ejecutivo de infomerciales Yasir Abdul. Hacia fines de ese año, la compañía ya había despedido a la mayoría de su personal.

Una oportunidad de varios millones por solo US$75.000

Para liquidar los activos físicos de la planta, se programó una subasta online para la primavera boreal de 2026. Parte del equipamiento se vendió en ese proceso, pero los activos más valiosos de la planta —12 tanques de fermentación de 25.000 litros cada uno, junto con sus sistemas de cultivo asociados, sumando 300.000 litros de capacidad de producción— no encontraron comprador. Según Frank Jaksch, CEO de Ayana Bio, esos equipos estaban valorados en “varios millones de dólares”.

Ahí entró la oportunidad. Ayana Bio, una startup de cultivo celular de plantas con sede en Boston, y Zenfold Sustainable Technologies, una empresa india de química fina especializada en biotransformación y biología sintética, con sede en Bengaluru, compraron conjuntamente todo ese equipamiento por apenas US$75.000. Jaksch contó que su empresa ya conocía la existencia de estos equipos desde diciembre del año anterior, pero no había logrado concretar una forma de aprovecharlos. En julio de 2026, al enterarse de que la mayor parte del equipamiento seguía disponible, retomó las conversaciones con Zenfold, con quienes ya llevaba más de un año trabajando en conjunto.

De cultivar hongos a cultivar células vegetales

En lugar de mantener la operación en Colorado, las dos empresas decidieron desmontar y trasladar todo el equipamiento de fermentación hasta las instalaciones de Zenfold en India, donde la compañía india también opera un centro de investigación en Hyderabad. Con esos tanques, Ayana Bio planea establecer una planta piloto dedicada al desarrollo de cultivo celular de plantas, además de capacidad de producción futura, con capacidades piloto que también estarán disponibles para otras empresas del rubro. La meta es tener la instalación operativa durante la primera mitad de 2027.

Jaksch adelantó que el foco inicial estará en ingredientes de alto valor obtenidos por esta vía, como ácido rosmarínico, azafrán para producir crocinas, y caléndula para obtener zeaxantina y luteína. Según explicó, la reciente actividad regulatoria del movimiento MAHA en Estados Unidos, que incluye la intención de prohibir conservantes sintéticos como el BHA, ya generó un interés comercial significativo por el ácido rosmarínico como alternativa natural de conservación.

Por qué el precio cambia las reglas del juego

Para Jaksch, el hallazgo es un punto de inflexión para su empresa. “La oportunidad de adquirir este equipamiento de fermentación, a este costo, es un cambio radical para la capacidad de Ayana Bio de realizar desarrollo consistente y costo-efectivo a escala piloto en líneas de células vegetales”, afirmó. Según explicó, el costo de capital del acero inoxidable ha sido históricamente uno de los principales cuellos de botella para escalar la biología sintética y el cultivo celular.

Arun Dubey, director de Zenfold Sustainable Technologies y socio gerente de Zenfold Ventures, coincidió en la lectura del negocio: “Los problemas del sitio de Thornton estaban ligados a bienes raíces y estructura de costos, no a la calidad de su acero inoxidable”, señaló, agregando que integrar este equipamiento de alta capacidad a la base de manufactura india permite ofrecer a socios globales una combinación de propiedad intelectual biotecnológica estadounidense con una escala asiática mucho más eficiente en costos.

El tamaño de los tanques también resulta estratégico. Zenfold ya opera cuatro biorreactores de 100.000 litros, pero saltar directamente de sistemas piloto pequeños a esa escala conlleva riesgos técnicos y financieros considerables. Según Jaksch, contar con equipos intermedios de 25.000 litros funciona como un puente: “cuando corres un biorreactor de 100.000 litros, o varios de ese tamaño, quieres estar absolutamente seguro de que va a funcionar antes de meterte en eso”, explicó.

Qué es el cultivo celular de plantas

A diferencia de la agricultura tradicional, que usa sol, agua y suelo para cultivar plantas completas, las empresas de cultivo celular de plantas cultivan directamente células vegetales en biorreactores, en condiciones optimizadas para producir de forma rápida compuestos de alto valor y metabolitos secundarios. El proceso típico parte de células madre vegetales o de tejido vegetal común, que se induce a formar un callo proliferante similar a una célula madre, antes de cultivarlo en suspensión líquida.

Según sus impulsores, esta tecnología ofrece varias ventajas frente a la agricultura convencional: garantizar un suministro más consistente de compuestos botánicos, cada vez más amenazado por el cambio climático, la inestabilidad política, la adulteración, enfermedades y la presencia de metales pesados y pesticidas en el suelo; producir de forma controlada y estéril, sin depender de la temporada ni la ubicación geográfica; evitar el uso de grandes extensiones de tierra, agua y energía que se necesitan para cultivar una planta entera cuando solo interesa una pequeña parte de ella; y, según sostienen, lograr concentraciones de compuestos bioactivos que superan ampliamente a las que se obtienen de plantas silvestres o de la agricultura tradicional.

Una segunda vida para la biotecnología alimentaria

El caso de Meati Foods, Ayana Bio y Zenfold ilustra algo más grande que una simple transacción de activos: en un sector de biotecnología alimentaria que atraviesa una fase de mayor disciplina comercial, después de años de fuerte inversión y varias promesas que no lograron concretarse a escala, la infraestructura física de una startup fallida puede convertirse en la base sobre la que otra empresa, con un modelo de negocio distinto, logra acelerar años de desarrollo a una fracción del costo original.

Fuentes: AgFunderNews, Cultivated X (vegconomist), Planet Food News, Agroempresario.

por Juan Lagos