La miel de tupelo de Wewahitchka se cosecha en pantanos, sobre barcazas y en apenas unas semanas al año. Los árboles que la hacen posible se están quedando sin agua, y los apicultores temen que no queden en pie.
La miel de tupelo nace en un lugar donde casi nadie pensaría en una colmena: un pantano. En Wewahitchka, un pueblo de unos 1.800 habitantes en el Panhandle de Florida, los apicultores llevan sus cajas en barcazas hasta plataformas sobre el agua para aprovechar una floración que dura apenas unas semanas. El resultado es una de las mieles más raras del mundo, y hoy está en riesgo.
Un pueblo que vive de una flor
Wewahitchka, en el condado de Gulf, se presenta en su letrero de entrada como “hogar de los Dead Lakes y de la miel de tupelo”. Desde el siglo XIX hay colmenas en sus pantanos. En 1941 se celebró el primer Festival de la Miel de Tupelo, que sigue haciéndose cada año en mayo.
La miel viene del tupelo blanco (Nyssa ogeche), un árbol que crece en humedales que se inundan con frecuencia. Solo en el sur de Georgia y el noroeste de Florida hay arboledas lo bastante densas para producir miel, y la mayor parte sale de la cuenca del río Apalachicola. Hay una familia que lleva el oficio desde 1898: los Lanier, ya en su quinta generación.
Entre quienes trabajan hoy en la zona están Gary Adkison y Pam Palmer, de Blue-Eyed Girl Honey. En 2021 tenían unas 100 colmenas y la meta de llegar a mil, una escala pequeña frente a las empresas apícolas con miles de cajas. Adkison cosechó por primera vez en 2015, después de perder su negocio en la crisis económica de 2008.
Por qué la miel de tupelo es tan cara
El árbol florece solo dos o tres semanas, desde mediados de abril hasta mediados de mayo. Si llueve fuerte o sopla viento, las flores se caen. Y cuando se abren, hay que sacar la miel justo cuando la floración termina, porque después entra en las colmenas la de otras flores.
El trabajo es duro. Los pantanos tienen caimanes, así que no sirve un apiario común. Los apicultores montan las cajas sobre barcazas o plataformas, y muchas veces llegan en bote. Además, en temporada llegan apicultores trashumantes de otros estados con sus colmenas, que compiten por el mismo espacio y pueden bajar los rendimientos.
La miel pura se reconoce por su sabor suave, mantecoso y floral, y por una particularidad: tiene mucha fructosa, así que casi no se cristaliza. Si se cristaliza, se considera que no es pura. Por eso la Fundación Slow Food la incluyó en su Arca del Gusto.
Los precios lo reflejan. En 2021, una libra (unos 454 gramos) se vendía entre US$14 y más de US$30, según el sabor y el envase. Un frasco de 12 onzas (unos 340 gramos) puede costar cerca de US$30, contra unos US$4 de una miel de trébol del mismo tamaño en una cadena de supermercados.
Un árbol que se está quedando sin agua
El problema de fondo es el río. El Apalachicola, de 107 millas (unos 172 kilómetros), lleva cada vez menos agua. Influyen la sequía, la demanda de hogares y campos, y las obras de dragado que cambiaron sus cauces y dejaron barreras de sedimento entre el río y los pantanos que alimentan a los árboles.
Los apicultores saben bien lo que eso significa. Glynnis Lanier cuenta que una buena cosecha exige que el río esté lleno desde noviembre, porque el pantano inundado sostiene la floración de primavera. En el invierno de 2025 a 2026 el río “nunca subió”, según sus palabras, y la temporada se encaminó a una cosecha escasa. En 2016, la organización Apalachicola Riverkeeper estimó que unos 3,7 millones de tupelos habían muerto en dos décadas por falta de agua.
Las cifras de los productores muestran el golpe. La mejor cosecha de Adkison, en 2018, fue de siete tambores de unas 600 libras (unos 272 kilos) cada uno. En 2019 no sacó nada, en 2020 llenó uno y en 2021 dos. Antes, el huracán Michael de 2018 había arrasado con los árboles de la zona, y después los osos negros destruyeron 77 de sus 100 colmenas. A todo eso se suman los ácaros Varroa, los virus y los pesticidas.
“Los tupelos se están muriendo de hambre”, dijo Adkison a The Pew Charitable Trusts en 2025. Hay frentes abiertos: la disputa entre Florida, Georgia y Alabama por el uso del agua del sistema Chattahoochee-Flint, y un plan del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos para retomar el dragado, que no se hace desde 2002. Mientras tanto, un proyecto de restauración de canales laterales del río ya logra que el agua entre varios kilómetros hacia los humedales, incluso con caudales bajos.
Otras mieles con el mismo problema
La situación de Florida se repite en otros lugares. En Chile, la miel de ulmo, que viene de bosques lluviosos del sur, enfrentó en 2025 una cosecha fallida en gran parte de la región. Un lote de Río Puelo, en la Patagonia, igual alcanzó 75% de ulmo en los análisis de polen, según Apimondia.
En México, la península de Yucatán perdió su liderazgo. En sus mejores años, entre 2008 y 2012, producía de 12.000 a 14.000 toneladas anuales. Hoy rinde entre 4.000 y 7.000. En 2026, productores del oriente y el sur reportaron colmenas casi improductivas, porque los cambios del clima corrieron las fechas de floración. Según quienes producen miel convencional, el precio bajó de 60 pesos a entre 24 y 31 pesos el kilo.
La miel de tupelo comparte con ellas una lección: cuando la cosecha depende de un solo árbol y de un solo río, el clima manda.
Para los productores, lo que ocurre en Wewahitchka sirve de aviso. La miel de tupelo se vende cara por su rareza, pero esa misma rareza la vuelve frágil. Si el agua deja de llegar a los pantanos, no hay precio que alcance para reemplazar a los árboles, y la apicultura tiene que mirar tanto al mercado como al río.
The Pew Charitable Trusts, Garden & Gun, Tasting Table, The Takeout, The Bitter Southerner, Flamingo, Slow Food, Apalachicola Riverkeeper, Coastal Realty Group, Apimondia y Por Esto
por José Rios
